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‘Patria’ y el dolor

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De los muchos escenarios emocionales que recorremos con ‘Patria‘, siento el dolor como el principal de todos ellos. No solo porque, en muchos casos, sea el punto de partida de todas las demás emociones y también de algunas acciones; sobre todo porque encuentra una manera diferente de existir en los personajes protagonistas. Casi lo siento como un personaje más de ‘Patria’, el verdadero protagonista, el que condiciona, conduce y también el que resuelve, porque entre esas diferentes maneras de existir encuentra resoluciones. A veces. Otras hace morir, pero nunca muere.

Pensemos en Bittori. Supongo que es la primera en la que pensamos. Con ella empieza ‘Patria’. Con su dolor resignado frente a la tumba de su marido, asesinado por miembros de ETA. Bittori arrastra desde el principio el dolor de la pérdida, y a lo largo de los capítulos, tanto en la ficción como en la novela de Fernando Aramburu, vemos las diferentes etapas de ese dolor y también cómo encoge o cómo envalentona a la mujer ya anciana en el presente.

Si tuviéramos que ponerle un apellido a este personaje, al dolor, entonces podríamos decir que en Bittori se transforma, en estos últimos momentos de su vida, en dolor por no conocer la verdad. Dolor por no saber. El desconocimiento, que le hayan negado la posibilidad de conocer todos los detalles del asesinato de su marido, es lo que está acabando con ella, pero también lo que le hace continuar.

El dolor en sus huesos también existe por esta tragedia, por la ya mencionada pérdida, por la soledad, y creo que por la auto-imposición de vivirlo sola. De una manera u otra, aparta a sus hijos de este dolor, y se aparta a sí misma de un lugar, el lugar de su vida, al que regresa cuando siente que ya no tiene nada que perder. Que solo le queda una cosa por ganar, la verdad, y que todo lo demás no importa.


Patria - Bittori

Xabier, su hijo mayor, es uno de los personajes que más me han atraído desde el principio en ‘Patria’. Creo que tengo una tendencia bastante evidente a ponerme de parte de aquellos personajes que anteponen sus principios a todo los demás, incluso aunque no esté de acuerdo. No estoy de acuerdo con Xabier, pero no dejo de sentirme atraída (desde una posición ficticia, se entiende) por su manera de sufrir. Xabier toma la decisión de sufrir lo que le queda de vida, porque siente que después de la tragedia no merece ser feliz. Es un hombre tranquilo, sereno y disciplinado, y con esto puede explicarse su decisión.

A su padre le han robado la vida, porque le han asesinado; a su madre se la han destrozado, porque cargará con ella siempre. Y Xabier, casi con abnegación, decide que entonces él no merece otra cosa que abrazar el dolor que se desprende de todo aquello. Su dolor llega en forma de decisión. Él lo decide así. Creo que también hay un fuerte componente de conmoción: creo que Xabier nunca ha llegado a tener una transición corriente hacia la rutina después de la tragedia, y ha permanecido en ese primer estado de tristeza. Haciéndola mermar, quizá, pero nunca acabando con ella. Creo que tampoco sabría cómo hacerlo, pero sobre todo elige no averiguarlo. Aquí está su dolor: en la necesidad de sentirlo toda la vida para calmar su conciencia por estar viviendo mientras su padre ha sido asesinado.


Patria - Xabier

En su hermana, Nerea, la pequeña de la familia, la protegida de su padre, la favorita, el dolor es brutal. Es uno de esos dolores que sentimos físicamente, que recorren el cuerpo, los huesos, que contrae los músculos y nos revienta con lágrimas, con horas de lágrimas. Pero lo lleva en silencio. De cara a todo el mundo, quizá porque lo vivió lejos de todo el mundo, está bien. Esconde su historia, de hecho. Finge, disimula, miente incluso.

Es la única forma que ha encontrado de aislarse de este dolor, al que se entrega por completo en soledad, y sintiéndose una incomprendida, porque su madre le ha dado la espalda y no puede aceptar la decisión de su hermano. No, ella quiere ser feliz. Es lo que su padre hubiera deseado, así que su decisión se mueve en esta dirección. Claro que no es suficiente con desearlo, ni con decidirlo. Nerea, en el fondo, sabe que nunca podrá ser feliz, no del todo, y en ella sí hay un dolor exclusivamente unido a la pérdida traumática. Traumática, por cierto, porque la genera ataques de ansiedad, ataques de pánico, que se repiten y se reproducen de forma similar en diferentes momentos de su vida. Así funciona el dolor en Nerea en ‘Patria’.


Patria - Nerea

El dolor de Txato es el más injusto, y quizá el que más pueda dolernos a todos. No solo por el final que ya conocemos, que también, pero quizá sobre todo por el recorrido que tuvo hasta ese final. Hasta el asesinato. Txato era un buen hombre. Un empresario que tenía buenas intenciones, un padre de familia querido, un buen amigo, un buen vecino, un hombre generoso y agradable que no quería meterse en política. Fue chantajeado, amenazado y finalmente expulsado de su comunidad, y es esto último lo que le duele.

Le duelen los domingos de bicicleta, el respeto de sus vecinos, las partidas de mus, los saludos mentales de su mejor amigo, porque los considera injustos. Le duele no poder enfrentarse a nada de esto, porque sabe que no puede ganar, y porque ni siquiera tiene las herramientas para enfrentarse. ¿Cómo se enfrenta un hombre pacífico al radicalismo, a la injusticia, a la intolerancia, al desprecio, a la expulsión? Txato sufrió mucho antes de su asesinato. Este es el dolor que más me duele a mí de ‘Patria’.


Patria - Txato

Quizá el que menos sea el de Joxian, porque sobre todo me enfada. Es el personaje más sencillo de leer de ‘Patria’, en cualquier caso: es un hombre cobarde que nunca se ha atrevido a levantar la cabeza. Un hombre cobarde a quien exigen que gire la cabeza, y entonces la gira. Es más fácil obedecer que tomar decisiones, y es más fácil seguir la corriente que tratar de remontarla.

Su dolor nace con el de Txato, tiene el mismo principio, aunque lo vive desde la otra orilla. Ese chantaje, esa amenaza y la expulsión final son vividas por Joxian desde el lado de los culpables, porque no se atreve a apoyar a su mejor amigo inocente. Lo sabe, y le duele, y esto lo lleva hasta el final. Esa es la razón por la que no puede negarse ante Bittori, años más tarde. Porque su dolor toma la forma de la culpa. Quizá no podría haber evitado el asesinato de Txato, pero sí podría haber contribuido a que sus últimos días fueran mejores. Lo sabe. Sabe que podría haber ayudado a esa familia, y le duele no haber reunido el valor para hacerlo.

Su dolor toma otro sendero además del anterior, porque es su hijo el que está implicado en esta lucha y es su hijo, siempre lo ha sabido, el principal culpable de que Txato esté muerto. Así que Joxian sufre por la impotencia y la rabia que le provoca esta seguridad, y también sufre porque no deja de ser su hijo, y él no deja de querer. Porque Joxean nunca deja de querer, se equivoque o no. Y no creo que sea un mal hombre; creo que ha tomado muchas malas decisiones, y ha elegido casi siempre la postura equivocada en la lucha. Pero no es un mal hombre, por eso le duele.


Patria - Capítulo 7 | Foto: David Herranz

El dolor de Miren es el dolor de una madre que siente a su hijo sufriendo. Nada más que eso, que en realidad lo significa todo. Porque el amor de una madre puede ser inconmensurable, y también ese dolor. Y casi siempre ambas cosas son poderosas. Lo vemos en ‘Patria’. Ella es consciente de ese poder abstracto pero real, así que lo transforma en otra cosa: lucha.

Batalla por su hijo, en la distancia, por si acaso le ayudara en sus días. Discute como lo haría su hijo, para apoyarlo, por si acaso le llegara algo de fuerza. Contribuye a que esa lucha siga, por si acaso ayudara a que las condiciones de su hijo mejorasen. A que su hijo ganase y volviese a casa. Defiende sus ideas, aun sin entenderlas, porque en ella no hay más razón que su amor y el dolor de sentirlo indefenso, amenazado, vulnerable y lejos. No le importa su país, como tantas veces repite, ni le importa su pueblo, al menos no mucho más de lo que le importaba, por ejemplo, a Txato. Le importa su hijo. Y su dolor, como su amor, como sus pensamientos y sus acciones, están absolutamente enfocados en su figura.



Arantxa, por el contrario, se distancia de todo esto. A ella no le importa tanto el dolor de su hermano, o el dolor de su madre, como el dolor de las familias inocentes, como la familia del Txato. Es con ellos con quien se posiciona, y es a ellos a quienes dedica sus pensamientos. Hasta que se convierte ella también en un miembro de una familia inocente alcanzada y perjudicada por la lucha; hasta que el miedo se cuela en sus días.

Y hasta que empieza a vivir una vida lejos de todo esto, donde sus problemas son problemas que están viviendo otras muchas mujeres, muy diferentes, en otros puntos, muy diferentes, del país. El dolor de Arantxa es un dolor vital de quien ha llevado una mala vida, por todo tipo de circunstancias. Es el dolor de una madre, también el dolor de una esposa, y el dolor de una mujer frustrada, insatisfecha e infeliz.

Y, al final, es el dolor de una mujer a quien le atiza una enfermedad que no puede controlar, sobre la que no tiene poder. Siento que Arantxa nunca ha tenido demasiado poder de decisión, y aun así, en los pocos espacios en los que ha podido alzar la voz, esa voz siempre ha sido clara y certera. Tolerante y amigable. Y tan preciosa como ella. Por eso le duele tanto todo lo que no es así: la lucha, las diferencias, las distancias y la incapacidad de entenderse, y de buscar una rutina corriente, tranquila y feliz.



El dolor de Gorka tiene que ver con la decepción y el abandono. Siendo el pequeño de una familia centrada desde el principio en el conflicto del mayor, teniendo como ha tenido siempre intereses y comportamientos que le han alejado de quien debía ser su principal ejemplo, este hermano mayor, Gorka ha seguido un camino propio. Ha terminado por ser un camino exitoso, de amor para consigo mismo, de amor por su pueblo, de amor por su cultura. Un camino de paz. Y, sin embargo, sus logros y su forma de ser nunca han sido tomados como relevantes, porque en ese conflicto su lucha no importaba, tampoco su persona o sus deseos. Gorka se ha sentido invisible, y se ha sentido dolido, personalmente atacado, por tanta maldad, por tanta frialdad, por tanto daño. Por eso está siempre tan cerca de Arantxa, porque sus deseos, y también sus dolores, se parecen.

Creo que Gorka podría sentir que, en realidad, las personas no importan en ese conflicto. Lo siente con su hermano. Lo mira y lo siente. Señala, denuncia, habla claro. No te importan las personas, no sabes amar, le dice. Su dolor es el dolor de un hermano pequeño decepcionado, que quiere contribuir al crecimiento de su tierra sin hacer daño a nadie mientras observa como quien debería haber sido su figura de referencia se convierte en un asesino.


Patria - Capítulo 7 | Foto: David Herranz

Dentro de todo esto, dentro de este dolor, tenemos otras muchas emociones que se expanden o se repliegan dependiendo el momento de existencia. Pero el dolor siempre está presente. Es una de las razones por las que ‘Patria’ nos llegó con tanta facilidad en su día, porque nos compadecimos de todos ellos según íbamos conociéndolos. Sentimos cómo arrastraban su pena. También funciona así en la serie de HBO. Y no siempre ‘Patria’ fue fácil de leer, no siempre es fácil de ver, pero merece la pena. Para aprender, para reflexionar y para no cometer los mismos errores que estos personajes.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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