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¿Por qué ‘El Ministerio del Tiempo’, además de ser una buena serie, es una serie importante?

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Que El Ministerio del Tiempoes una serie que rebosa calidad es algo que todos sabemos. La de Pablo y Javier Olivares es una de las mejores ficciones creadas y producidas en nuestro país. Y también la que dio el salto definitivo de calidad, siguiendo el que anteriormente se había producido en el mercado internacional. Una serie ambiciosa, en la que se unen géneros y en la que se prueba que en España también sabemos cómo hacer ciencia ficción. Un elemento que, aunque esté barnizado con realismo, forma parte de la propia concepción de la serie.

También sabemos que es una ficción que pone en valor nuestra propia historia. No sólo porque la hace atractiva y nos acerca a ella, sino por el simple hecho de poner el foco sobre la misma y sobre algunos personajes concretos. Los hermanos Olivares son especialistas en ello, y eso se nota en cada episodio. De repente, eso que muchos no querían estudiar en los libros de texto se transforma en una aventura excitante en la pantalla de nuestra televisión. Sólo hay que saber darle ese toque especial, humano y sin complejos que tiene ‘El Ministerio del Tiempo’.

Pero la importancia de la serie va mucho más allá. Esta es sólo la capa superficial del enorme entramado que es el Ministerio. Sólo una cara más entre decenas de aristas, que han convertido a esta ficción es una de las más necesarias de nuestro panorama nacional.

La valentía de posicionarse

El Ministerio del Tiempo
Foto: RTVE / David Hernanz

En este país somos mucho de blancos o negros. De mirar por encima del hombro de nuestros iguales y de criticar cada paso que den, aunque sea el correcto. Por eso, muchas de las ficciones que habitan en nuestro prime time prefieren quedarse en un espectro de grises, como si de Suiza se tratara. Y funciona. No todas las ficciones requieren un posicionamiento claro con respecto a temas polémicos, como es nuestra historia. Pero teniendo en cuenta que estamos hablando de una serie que gira en torno a viajes en el tiempo que tienen como objetivo salvaguardar nuestra historia… Un posicionamiento claro, la eleva.

Los hermanos Olivares y el resto del equipo no han dudado a la hora de dar ese importante paso. No de una manera propagandística u oportunista, sino simplemente escogiendo bien las tramas, ensalzando a unos personajes concretos y construyendo un guion sublime. A través de un posicionamiento claro, pero natural e inteligente, hemos visto cómo se hacía justicia con Federico García Lorca o Clara Campoamor, por poner dos ejemplos cercanos.

Podrían haber caído en el área gris, pero de haber sido así, ‘El Ministerio del Tiempo’ no sería lo que es ahora mismo. Y también podrían haber optado por una visión menos realista y más loca, más a la Tarantino, matando a Franco a tiempo y acabando con todos los absolutistas a base de bayoneta. Pero, entonces, habría perdido su seriedad, su firmeza, su honestidad y su cercanía. Y, probablemente, no habría sido entendida por el público de la misma manera.

Los creadores de la serie han sido valientes al dar el paso, pero también lo han hecho con inteligencia y con sensibilidad, a todos los niveles. Construyendo así un homenaje, que no un panfleto. Y sin perder de vista a la verdad cada vez que han mirado hacia nuestra historia.

Si no lo veo, no existe

'El Ministerio del Tiempo'
Foto: RTVE / David Herranz

Otra de las grandes costumbres del ser humano, no sólo del español, es mirar hacia otro lado cuando nos topamos con una realidad incómoda. ‘El Ministerio del Tiempo’ ha hecho todo lo contrario. Podría haber optado por esos viajes al pasado para hablarnos de grandes batallas, guerras y decisiones de reyes, pero prefirió fijarse también en otros puntos que no conocemos o decidimos ignorar.

Un caso, que el propio Javier Olivares comentaba recientemente en Twitter, es el de los bebés robados. No es nuevo. Ni siquiera es del todo tabú. Hemos visto documentales y ficciones, pero creo que nunca lo habíamos sentido tan cerca y tan real como en la serie de RTVE. Es ese realismo que lo baña todo, del que hablaba unas líneas más arriba, el que nos permite quitar la barrera de la ficción y acercarnos a esas realidades que no siempre hemos querido tener presentes.

Aquí entran también la violencia de género, la corrupción en la justicia, el desprecio a la cultura, la inmigración ilegal, enfermedades como el SIDA y un largo listado de temas ‘incómodos’ que la serie no ha querido dejar fuera. Y aquí también hay una importante dosis de valentía, que reside en la mera elección de las realidades a representar.

Visibilización y representación

El Ministerio del Tiempo
Foto: RTVE / David Herranz

Y, hablando de realidades representadas, ‘El Ministerio del Tiempo’ es un claro ejemplo de visibilización y representación. Sin clichés de por medio y rompiendo con los tópicos que tanto daño han hecho a diferentes colectivos. La serie de los hermanos Olivares es una serie enormemente coral, en la que las mujeres juegan el mismo papel que los hombres. En la que la comunidad LGBTQI+ tiene una importante representación, sin estereotipos absurdos de por medio. Y en la que se tocan diferentes realidades, se habla de religión, de familias desestructuradas, de bullying, de problemas psicológicos y de segundas oportunidades.

Esto último es algo en lo que me gustaría detenerme. La gente puede cambiar. La sociedad puede y debe cambiar. Este es uno de los mensajes que nos envía la ficción desde sus primeros compases. Tenemos, como seres humanos, el poder de informarnos y de formarnos, con el objetivo de llegar a ser nuestra mejor versión. Hace tiempo que salimos de la caverna y de nada nos sirve anclarnos en unos valores férreos que ni siquiera nos hemos llegado a plantear.

Lo vemos en los personajes de Ernesto y Alonso de Entrerríos, sobre todo en este último, que nada tiene que ver ahora con el Alonso que conocimos en la primera temporada. A través de este soldado fiel al rey y a los valores más tradicionales de nuestra cultura, hemos asistido a una deconstrucción realista y paulatina. Hemos observado la transformación de un hombre que, no sin reticencias, decidió abrir la mente para comprender lo que sus ojos no terminaban de ver. Esa transformación de Alonso es un mensaje de confianza en el ser humano y de esperanza para una sociedad a la que la serie critica duramente. No sin razón.

Es importante que se visibilice también esta realidad, la de la gente que cambia y se transforma. La de quienes se acercan para escucharse y comprenderse. En definitiva, la de una España que se aleja de los tópicos construidos por su propia historia.

El impacto de una serie

El Ministerio del Tiempo
Foto: RTVE / David Herranz

No sé si habré sido capaz de expresar bien la importancia de ‘El Ministerio del Tiempo’. Sin duda, me dejo mucho en el tintero. Pero la complejidad de la serie requiere de un análisis mucho más prolongado en el tiempo -que no descarto llevar a cabo-.

Sin embargo, hay algo que representa y resume esa importancia de la que hablo: el impacto de la ficción en su público. Yo misma lo he visto en mi casa. Las noches de Ministerio han sido noches de risa, de lágrimas, de intriga y de tensión. Pero también noches en las que, una vez terminado el episodio, comenzaba el debate. En ocasiones sobre la ingratitud de un país hacia sus grandes figuras. En otras sobre la importancia de que las mujeres maltratadas o rechazadas sean representadas como más que eso, como mujeres con identidad propia, mujeres reales. O sobre lo absurdo del odio a lo diferente o a lo desconocido.

‘El Ministerio del Tiempo’ es una serie que abraza a muy distintas realidades y que, por eso, se ha convertido en el espejo de quien muchas veces no se ha visto reflejado. Y también es una serie que salta de la pantalla, que queda en el espectador, que lo forma y lo transforma. Para que luego digan que la cultura y, en particular, la ficción no impactan en las sociedades.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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