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Reseña de ‘Las lunas de Sartre’, de Vanessa R. Migliore

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· FICHA ·
Título: ‘Las lunas de Sartre’
Autora: Vanessa R. Migliore
Editorial: Editorial Hidra
Fecha de publicación: junio de 2020
Sinopsis: La Gema del Dragón, que controla la magia de las tres lunas y les confiere poderes a los ciudadanos de Sartre, ha desaparecido. La población ha comenzado a enfermar y, si nadie lo remedia, las consecuencias para la metrópolis serán devastadoras. Lo que para todo el mundo es una catástrofe, para Rhea, una ladrona que vive en la zona subterránea de Sartre, y Sigrid, una guardiana de la reina que quiere probar su valía, podría convertirse en la oportunidad de sus vidas. Juntas se embarcarán en una arriesgada búsqueda de la que dependen no solo sus destinos, sino también la supervivencia de los habitantes de Sartre, el equilibrio de la magia en el mundo e incluso el futuro de la corona.

En este libro encontrarás: Un mundo nuevo, una ambientación que sorprenderá, un abanico de personajes muy variopintos, acción constante, una magia muy propia, una aventura

Lo primero que pienso de ‘Las lunas de Sartre’, según empiezo a avanzar con la historia, es que me resulta muy fácil entrar en ella porque tiene el tono y la estética de las historias que amo. Y pensé, recuerdo bien, en esos primeros compases, en ‘Seis de cuervos‘, que es con mucho una de las obras que más me ha entusiasmado en los últimos años. Así que la presentación no puede ser mejor, y mis ganas no pueden ser más grandes. Yo también, como muchos de vosotros, disfruto de Vanessa R. Migliore desde hace años; he seguido sus consejos, sus recomendaciones, he atendido a sus palabras, siempre correctas, siempre acertadas. Todo me entusiasma. Empezamos.

'Las lunas de Sartre', de Vanessa R. Migliore

Los elementos base de ‘Las lunas de Sartre’

En ‘Las lunas de Sartre’ nos espera una historia de las de siempre. Ah, pero que no se me entienda mal, que a mí las historias de siempre me encantan. Esas historias de aventuras y emociones que protagonizan un grupo de personajes que no tendrían que estar allí y que ni siquiera parecen soportarse los unos a los otros y que, sin embargo, están y se soportan. Las historias de siempre, benditas sean. Las historias de aventuras y emociones, que en este caso tiene también magia, un pasado oscuro, secretos y misterios. Que no todo es lo que parece, y que a veces lo que es, en realidad es otra cosa. Benditas sean, de verdad.

‘Las lunas de Sartre’ mece al lector de un lado a otro, a través de una serie de capítulos no muy largos narrados desde el punto de vista de los protagonistas de esta historia, aunque siempre en tercera persona. La autora no apuesta por las descripciones, y se sumerge en todo momento en la acción más pura, que hace que avancemos por un mundo que no conocemos. Porque el mundo de ‘Las lunas de Sartre’ es un mundo propio, y tiene unas características propias.

La ambientación, el escenario en el que desarrolla todo, es una de las sorpresas de este libro. Cuando me estaba preparando para un ambiente medieval de esos que amo, me encuentro con coches y tecnología punta. La sorpresa fue mayúscula, y fue una buena sorpresa. Creo que mezclar magia con un mundo moderno, que se parece al nuestro pero que no es el nuestro, es un acierto. Y le da una personalidad propia a la historia, que en seguida, cuando se pasa la sorpresa, vuelve a funcionar en este escenario. Es una pena que no hayamos visto demasiado de este mundo -supongo que la autora, en fin, tendrá que desarrollar nuevas historias en él.

Los protagonistas

Un libro puede estar protagonizado por uno o varios elementos literarios; el mismo escenario puede ser el protagonista, o puede serlo una narración lo suficientemente original como para que dé igual la historia. En esta ocasión, los protagonistas son los protagonistas, valga la redundancia, o así lo he sentido yo. ‘Las lunas de Sartre’ le debe buena parte de su existencia a ese conjunto variopinto de personajes que protagonizan las acciones narradas. Rhea, Sigrid, Koruba, Navid, Florence y el resto de secundarios; me paro a contarlos, y son bastantes. A mí me encanta encontrarme con un abanico infinito de personajes, y me encanta empezar a preguntarme en mitad de la narración quién es mi favorito y a quién me gustaría conocer más a fondo. Ya sabéis: las típicas preguntas de los lectores que siempre quieren más.

Vanessa R. Migliore ha construido unos personajes bastante bien definidos en cuanto a carácter y personalidad. Cuando Rhea y no otro personaje mira de reojo a Navid, o cuando Sigrid y no otro personaje se estruja el cerebro tratando de encontrar un nuevo plan dentro del plan, sé que estoy viendo personajes definidos, porque eso que están haciendo sólo lo pueden estar haciendo ellos. Y sus diferencias les hacen reales, y también consiguen que el lector pueda verse en unos u otros. Que sigan llorando por la diversidad y las cuotas y todos esos problemas con los que tanto rabian, que mientras seguiremos disfrutando de los libros que nos incluyen a todes.

‘Las lunas de Sartre’ viene, además, con mensaje. No sé si la autora construyó esta historia en función de unas ideas que quiso convertir en acciones, o si fue al revés, si a partir de las acciones, de la historia misma, salió todo lo demás. En cualquier caso, tenemos varios mensajes sociales e individuales que siempre se agradece encontrar en una obra de ficción.

Pero…

‘Las lunas de Sartre’ no me ha disgustado, creo que se nota, pero tampoco he podido disfrutarlo al cien por cien. No creo que tenga la capacidad de cambiar los deseos de un potencial lector, pero por si acaso se diera el extraño caso: no, no dejéis de leer este libro por mis “peros”, porque son míos y no tienen por qué ser vuestros. Seguramente lo disfrutéis. Pero yo he encontrado “peros”.

He tenido problemas con la trama en sí. La narración es ágil, y siempre están sucediendo cosas, pero me he encontrado muchas veces preguntándome: y esto por qué. Por ejemplo: creo que la aventura de las protagonistas, su encuentro y sus decisiones, no están del todo bien justificadas. Quiero decir: creo que no está bien mostrado el proceso por el cual llegan a ello. He sentido esto varias veces. Y tanta acción, tan efímera, a veces me ha abrumado.

También me he sentido extraña ante ciertos diálogos, que me parecían más inclinados hacia la estética que hacia la coherencia de la trama. Por ejemplo, spoiler: «aquello era tan absurdo que no podía comprender qué razones o motivos podían arrastrar a alguien a intentar cometer el asesinato de la heredera del reino», leo en torno a la página 300. Y pienso: bueno, la gente está enfermando, muchos muriendo, Sartre está sumida en el caos, han robado su tesoro más preciado… En fin, se me ocurren unos cuántos motivos. Y seguro que a Koruba también se le ocurrirían, en realidad. Fin del spoiler. Es sólo un ejemplo.

Algunos comentarios en esta línea me han sacado un poco de la narración; algunas expresiones y reacciones que me han parecido más una repetición de fórmulas antes vistas que algo que de verdad tenía que estar ahí. También he sentido, en un par de ocasiones, que este libro tiene las palabras épicas pero que no siempre se ha conseguido generar el ambiente necesario para que funcionen y tengan peso.

En conclusión…

Insisto, todo lo anterior son mis peros y sólo yo respondo por ellos. Creo que ‘Las lunas de Sartre’ puede disfrutarse. Muchas personas lo disfrutarán mucho, de hecho. Yo he tenido dificultades en ciertos momentos, pero en general también lo he disfrutado. Cuando me he dejado llevar, y es fácil por todo lo ya comentado, lo he disfrutado. Es otro de esos libros que ponen de manifiesto la buena salud que tiene nuestra literatura fantástica, nuestra literatura juvenil, nuestra literatura escrita por autoras y autores jóvenes. No dejéis de leerlo, porque viviréis un viaje que quizá se quede con vosotros mucho tiempo. Disfrutadlo.

Sobre 5...

3.3

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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