Cuando el polvo se asienta (2020)
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‘Cuando el polvo se asienta’ está disponible en Filmin desde este martes 23 de junio. Esta ficción danesa reciente nos presenta una historia asentada en una cadena de acontecimientos y conexiones, protagonizada por un abanico de personajes diferentes, con caracteres, perspectivas y vidas diferentes. Lo que tantas veces hemos visto en las pantallas, y muy bien contado. Sobre todo porque ‘Cuando el polvo se asienta’ logra los dos objetivos que parece haberse propuesto: contarnos los nueve días anteriores y los nueve días posteriores de un grupo de personajes que sufren un atentado. Y partiendo ambos relatos, el atentado en sí, que sacude los cimientos de una sociedad danesa que se debate entre confiar y abrazar los cambios, y permanecer estática y sintiéndose más protegida.

Nos habla de esos días, nos muestra esos días, nos hace tomar cariño a los personajes y conocer su realidad como si no fuera a suceder nada más. Como si esta ficción fuera eso: una ficción de personajes que tratan de solucionar sus conflictos y vivir tranquilos en la rutina. Nos metemos tan de lleno en esta rutina, la narración es tan precisa y tan contundente en este sentido, que por momentos se nos olvida que estamos ante la pantalla para ver algo más. Si no fuera por esos pequeños adelantos que surgen con fuerza, y que arrasan con la escena inmediatamente anterior, podría decir que durante los primeros cuatro episodios he disfrutado de una ficción que apuesta por el drama familiar y social. Este drama nunca deja de estar presente, pero viene determinada por motivos y acontecimientos diferentes en su primera y su segunda mitad.

La sociedad

‘Cuando el polvo se asienta’ nos acerca a los problemas sociales de Dinamarca, que no son muy diferentes a los que sufrimos aquí: el racismo, los grupos marginados, la pobreza, el incierto futuro de los jóvenes, las drogas, la conciliación familiar… Y en todos estos asuntos profundizamos, a veces a gusto del propio deseo del espectador por reflexionar.

En este sentido, sobre todo durante los primeros episodios, he pensado en la forma en que nos desentendemos, como sociedad, de los problemas que originan las drogas, en la propia sociedad y también en cada individuo. Nos desentendemos, porque sentimos que no va con nosotros. Nos desentendemos, también, porque hay que ser muy valiente para enfrentarse a ello, y hay que tener la mente muy despejada para lograr enfocarse en ello con claridad. Comprendiendo sus consecuencias y su gravedad. Nos desentendemos, y en realidad sí va con nosotros, porque afecta al funcionamiento de la sociedad cuando se genera un bucle de drogadicción, pobreza y falta de oportunidades que nos impide prosperar a todos. Y que debería afectarnos a todos porque, al final, en fin, hablamos de vidas humanas. Sobre esto he pensado.

Y sobre los grupos marginados, en general. Sobre cómo una oportunidad puede cambiarlo todo; la forma en que puede afectarnos que esa sociedad confíe o no en nosotros, en nuestras posibilidades, en nuestro futuro. Cómo influye todo esto en los caminos que vamos siguiendo, y cómo puede destruirlos.

La familia y la individualidad universal

‘Cuando el polvo se asienta’ también nos habla de nuestros mayores, de la tercera edad. Nos habla del abandono, y del desamparo, y del arrepentimiento, pero también del amor, mucho. Esta última parte, el amor en la tercera edad, está fantásticamente bien narrada e interpretada. Puede ser, tal vez, la historia de esta cadena que con más facilidad ha llegado a mí.

Cuando el polvo se asienta (3)

Y entramos en esta ficción en el drama familiar más puro. En el cómo y cuánto queremos a nuestras familias, y en todas las preguntas que surgen a partir de los conflictos, las incompatibilidades y las decepciones personales, que son universales. Sobre las relaciones entre padres e hijos, que hay unas cuantas. Sobre el crecer, sobre el miedo a perder, y sobre el adiós. Como cada historia tiene su intérprete rotundo dando la cara por ella, al final lo que tenemos es mucha sensibilidad y mucha naturalidad para hacernos llegar lo que importa.

Pero ‘Cuando el polvo se asienta’ es algo más

‘Cuando el polvo se asienta’ es un conjunto de historias muy bien narrado e hilado. Supongo que algunas gustarán más que otras, algunas interesarán más que otras, pero todas están bien contadas, desde un realismo muy cercano. Y todo está conectado a través de pequeños hilos que por sí mismos no tienen fuerza pero que, en la suma total, crean esta cadena de acontecimientos que nos lleva hasta la segunda parte de la serie. Juegan muy bien con el espectador, con su vista atenta y con la casualidad, y con la causalidad. En ocasiones las conexiones que van germinando el resultado final son evidentes, en otras nos dejan pequeñas señales de la existencia de esta cadena.

Y juegan muy bien también en otro sentido. Nos presentan a ese conjunto de personajes, que pueden representarnos a cualquiera de nosotros; nos hacen conocerlos, preocuparnos por sus vidas, por la pérdida de sus trabajos, por los conflictos con sus hermanos y por su caldera estropeada. Y de vez en cuando nos recuerdan que tenemos que mirarlos bien, que todos están presentes esa noche, y que no sabemos qué ha pasado con cada uno de ellos.

Cuando el polvo se asienta (2)

Esa noche

Al final, ‘Cuando el polvo se asienta’ es una ficción sobre un atentado, y sobre sus víctimas. Y ese atentado no se sufre únicamente en el momento en que ocurre: tiene un pasado, porque sus víctimas tienen un pasado y un contexto, una familia que les quiere y una reunión de trabajo al día siguiente. Tienen proyectos, y quizá un corazón roto. Así que esta serie recorre el pasado, que hace que importe ese presente, y también el futuro, determinado por todo lo anterior. Todo está relacionado, y la mayoría de los protagonistas terminan en ese lugar casi por casualidad, por esa cadena de acontecimientos que, sentía, también nos dice que podría haber sido cualquiera. Siempre puede ser cualquiera. Si X no hubiera hecho Z entonces Y no hubiera estado allí. Eso nos dicen. Y eso es la vida.

Los instantes previos a la tragedia son fantásticos, porque nos han preparado para ello. Nos han preparado para lo ya comentado: para temer por la vida de los personajes a los que llevamos conociendo cinco capítulos. Y todo lo que sigue, cruel, crudo, muy real siempre, también es fantástico narrativamente hablando. De gran poder humano. De mucha humanidad. Da para pensar. ‘Cuando el polvo se asienta’ da para pensar. Sobre los porqués, sobre lo efímero de la vida, sobre cuánto y cómo influimos en los demás de la manera más insignificante posible, y de cómo lo insignificante a veces es lo importante y lo que determina el final.

Y esa noche, lo anterior y lo que sigue, es también una lucha. “Perseguimos terroristas, no a un sector entero de la población”, nos dicen en una ocasión. Esa lucha está ahí, y nos lleva un poco también a lo anterior: los porqués, la falta de oportunidades, la desesperación, la marginalidad. Otro bucle. Muchos bucles afectando personajes con vidas diferentes que se igualan ante una tragedia.

Cuando el polvo se asienta (2020)

‘Cuando el polvo se asienta’, en conclusión

Me ha parecido uno de los mejores relatos que he visto este año. Real, cercano y crudo, pero también muy humano, siempre contundente en sus objetivos, muy acertado a la hora de llevarlos a cabo. He disfrutado de su rutina y también de su tensión, de su dolor y de las reflexiones que nos va proponiendo en su camino. Está disponible en Filmin desde este martes 23 de junio.

Cuando el polvo se asienta

7.5

Lo mejor
  • La contundencia con la que está narrada, las ideas tan claras, permiten que nos sintamos cerca en todo momento de todas las historias
  • El guion, las interpretaciones, la música... Cada elemento está cuidado y mimado
  • Ciertos recursos, como los fundidos a negro, que nos recuerdan de vez en cuando qué es esta ficción
  • Los problemas sociales que sirven de base para justificar esta historia, bien contados, sin caer en el mensaje impostado, con espacio para que el espectador reflexione
Lo peor
  • Siendo como es una serie tan coral, algunas historias llegarán más que otras
Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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