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Todos somos Estocolmo

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Supongo que algunos de vosotros seréis Tokio, o Denver, incluso tal vez alguno hayáis nacido con la extrema inteligencia del Profesor (de ser así, no dejéis de llamarme para cosas). Pero, en líneas generales, todos somos Estocolmo. Todos somos Mónica Gaztambide, una persona corriente, con una vida corriente, con un trabajo corriente, una vida sentimental que en fin y una personalidad que no tiene nada que ver con bombas de relojería o deseos insaciables de poder. Incluso vosotros, sí, vosotros, que tenéis un trabajo fantástico y una vida sentimental plena, sois Mónica Gaztambide. Porque no es una delincuente, no es una atracadora, no es una asesina, es una persona corriente que se ha visto arrastrada hasta La Familia y se ha quedado. Como todos, vamos.

Mónica Gaztambide fue la secretaria del director de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Por lo que hemos deducido, por las pinceladas que llegamos a conocer, llevaba una vida monótona que no terminaba de llenar sus aspiraciones y sus deseos, y tenía una relación turbulenta con el idiota de Arturito (Enrique Arce). Cuando La Familia entró en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, Mónica acababa de descubrir que estaba embarazada y era todo dudas, inseguridades y miedos. Mónica Gaztambide tiene, en la piel de Esther Acebo, un punto de vulnerabilidad y un punto de debilidad, pero en seguida demuestra que es inteligente, que puede adaptarse a las situaciones y que está libre de prejuicios de todo tipo. Por eso habla con los miembros de La Familia, que en realidad son atracadores, como si fueran personas corrientes, como ella misma; por eso les da la oportunidad de explicarse, incluso de darse a conocer. Por eso comprende que muchos de ellos se han visto, también, arrastrados a esa situación. Porque a veces el ser humano es quien le dejan ser, y nada más; porque las circunstancias en la mayoría de los casos son condicionantes, y solo podemos desarrollarnos dentro de las posibilidades que nos ofrecen. Mónica comprende todo esto porque, y vuelvo a lo anterior, es inteligente y está libre de prejuicios.

La casa de papel - Denver y Estocolmo

Es una buena persona, una persona fantástica que está deseando vivir. Por eso cae en lo que le proponen, y cada vez las dudas y los miedos son menos; cada vez va teniendo más claro que lo que quiere es caer. Porque Mónica quiere vivir libre y vivir feliz, y toma esa mano que le ofrecen unas circunstancias, aunque sea una mano que aparece desde la ilegalidad. Mónica, al fin y al cabo, se pregunta como nos hemos preguntado todos si la ley es siempre justa. Si la vida es justa. ¿Ha sido justa con ella, que le ha entregado su corazón a un hombre que rechaza a su bebé? ¿Ha sido justa con ella, trabajadora pero invisible, un engranaje más de un sistema que solo parece funcionar para premiar a los de siempre?

Mónica, ya Estocolmo, es feliz con Denver (Jaime Lorente) en su nueva vida. Vuelve a adaptarse a lo que le ofrece la vida, solo que en esa nueva vida todo es más amable y más fácil. Creo sinceramente que Mónica era feliz en su rincón secreto, junto a Denver. Creo sinceramente que solo se empieza a cuestionar su relación y lo que siente por él cuando todo empieza a tambalearse, y siempre pensando en el hijo que ha dejado atrás. En fin: como haríamos todos. Porque Mónica es corazón, pero también es cabeza; como nos sucede a todos, en ocasiones pesa más lo primero y en otros instantes pesa más lo segundo.

Mónica Gaztambide tiene, en la piel de Esther Acebo, un punto de vulnerabilidad y un punto de debilidad; en su vocecilla, en su ausencia de violencia o de rabia, en su sonrisa cálida. Pero en esta cuarta temporada de ‘La casa de papel’ ha demostrado que las apariencias no lo son todo, y que tiene lo que hay que tener para estar donde está. Saca la pistola cuando tiene que sacarla y se enfrenta a ese hombre desgraciado que le estrujo el corazón; no acaba con él, no tiene necesidad, ella no es así, pero tampoco tiene ya miedo o dudas. No necesita la violencia, tiene determinación. Y creo que, de ser necesario, lo haría. Dispararía… o encontraría una manera de solucionar el aprieto sin necesidad de apretar el gatillo. Porque ella no es así. Pero sabe donde está, y aunque no disfruta con ello sabe que a veces hay que hacer lo que hay hacer, como me decía Dolores Redondo cuando me hablaba de las mujeres del Baztán. Estocolmo habla cuando se la necesita, pone calma cuando es imperativo mantener templados los nervios y toma el liderazgo cuando las bombas o los líderes aparentemente naturales se bloquean por cualquiera de sus conflictos. Como compañera, Mónica escucha, se preocupa, consuela. Como atracadora, Estocolmo trabaja, se concentra, sigue adelante.

La casa de papel - Estocolmo

Mónica es un personaje corriente, y en esa normalidad está lo excepcional del personaje. Creo que no nos damos cuenta de cuánto puede conectarnos con lo que vemos en ‘La casa de papel’; creo que no nos damos cuenta de cuánto de cada uno de nosotros hay en Estocolmo, pero yo lo he apreciado más que nunca. Lo he visto más que nunca en esta cuarta temporada que ha reflejado todo lo que ya he dicho. Aprecio mucho este personaje que, sin destacar demasiado porque tiene bombas y narcisismos varios a su alrededor, deja huella en todos.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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