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5 escenas por las que es necesario ver ‘Veneno’

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‘Veneno’ es el fenómeno del que todo el mundo habla. Javier Ambrossi y Javier Calvo, alias Los Javis, han hecho el debido homenaje, a través de imágenes, a Cristina La Veneno. A través de ocho capítulos de en torno a cincuenta minutos de duración, se dibuja la vida de la celebridad, y también se sigue muy de cerca la de Valeria Vegas, la periodista que recogió las memorias de La Veneno en el libro ‘¡Digo!, ni puta ni santa’ (2016).

La serie, que ya ha confirmado que proseguirá en una segunda temporada que explorará tramas de otros personajes, ha sido la serie más vista de la plataforma AtresPlayer Premium, y aún seguirá cosechando visualizaciaciones, pues HBO Max la distribuirá internacionalmente en las próximas semanas. Está protagonizada por Jedet, Daniela Santiago e Isabel Torres, cuyo papel de La Veneno varía dependiendo de su época —Jedet es la transición, Daniela Santiago es el éxito e Isabel Torres es el declive y muerte de Cristina—; también participan Paca la Piraña, cuyo papel es de los más extraordinarios dentro de la serie, y la joven Lola Rodríguez, que se pone en la piel de Valeria Vegas.



Sí, lo tiene todo: en la banda sonora, desde Leiva hasta Amaia; hay una explosión de colores que cautivan al espectador, hay diálogos rompedores y emotivos, hay una caracterización impoluta y fiel… En definitiva, hay magia. Pero, a continuación, analizaremos el verdadero éxito de ‘Veneno’: sus escenas. Las escenas por las que es necesario —también obligatorio— verla, disfrutarla y conocer quién fue Cristina La Veneno.

Con esto queremos advertir de que hay spoilers de la serie, por lo que si no la has visto y deseas hacerlo, ¡no sigas leyendo! Ya llegará tu momento de leerlo… Pero si te dan igual los spoilers, ¡adelante, canalla, como diría la Veneno! Si ya la has visto y quieres rememorar las mejores escenas, ¡acompáñanos en este preciso recorrido!

¿Por qué ver ‘Veneno’? Aguarda… ¡Luces, cámara y acción!

La presentación de Cristina La Veneno en el Parque del Oeste

Sí, ya los pósteres presagiaban que iba a ser una escena de las más significativas de la serie. Sin embargo, la fidelidad de Los Javis, así como de la propia Daniela Santiago, provoca que el espectador esté asistiendo a un espectáculo único. Lola Dueñas, que encarna a Faela, la periodista que descubrió a Cristina, hace un papel magistral en el que se somete a todo el peligro que conlleva el Parque del Oeste.

La entrevista que le hace evidencia el porqué del éxito de La Veneno. Es espontánea y chisposa. Cómo mira a la cámara y responde sin ningún pudor provoca que estemos ante una de las primeras y destacables escenas de la serie. Ahí es la primera vez en escena de Cristina La Veneno, su primera entrevista; con un vestido rojo, afirmando que cada día lleva un look distinto. Y también es cuando la vemos reír, cuando se muestra su humor: «Yo soy un semáforo», responde a la pregunta transfóba que lanza Faela.

Y la frase estrella llega con un plano que recuerda a las televisiones de los 90, esas pantallas en que se veía la imagen en un cuadrado y a los laterales, simplemente, negro. Es el principio de Veneno, y Daniela Santiago cuida hasta el más mínimo detalle. «Soy como la Pocahontas, pero con tiburón». Una frase que supuso el despegue de la Veneno.


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Pero no es Pocahontas, no, qué va; una reina lo que fue Cristina, alguien admirable y atrevido, alguien cuya personalidad es atronadora. El rojo, además, funciona como un claro mensaje: el principio y el final. Pero en este inicio, el rojo de Cristina es brillante y vivo, y queda reflejado en este primer capítulo que estamos ante una serie única.

El discurso de Valeria frente a su madre

Podría pasar directamente a cualquier otra escena y dejar esta para el final, sí, pero también podría resumir este artículo simplemente con esta. ¿Qué provoca? Lágrimas, por supuesto. Porque el espectador siente cómo se desprende Cristina de las cadenas, cómo Valeria da voz a millones de personas en el mundo, cómo la libertad juega un papel primordial y conseguirla implica un arduo esfuerzo.

El segundo capítulo se centra en el transcurso vital de Cristina, desde su infancia hasta su adolescencia. Dolor, esa es la palabra que resumiría su infancia y parte de su adolescencia. Es la más acertada, pero también Cristina sufre de soledad, incomprensión y apatía por parte de su entorno. Por ello, el final del capítulo, en que Valeria afirma quién es, es desgarrador. Vemos a Cristina teniendo la oportunidad perfecta de huir de su pueblo cuando su hermana decide irse, cómo abre las jaulas de los pájaros para que se liberen y cómo el coche se aleja de Adra, su pueblo natal, y con ello todos los problemas que la han estado atormentando durante años.

Y, fusionado con una música embelesadora, Valeria habla: cuenta que Cristina no es una mujer peligrosa, y hace referencia a la infancia de la celebridad, esgrimiendo que el único peligro es una madre que te maltrata; que el peligro también es huir de casa con apenas trece años, que te insulten mientras tu único sentimiento es la soledad o anhelas que te amen. Y, entre lágrimas, Valeria hace uso de la primera persona del plural de verbo ser, somos, dice, “somos mujeres” y señala que el mundo las considera peligrosas.

Salir del armario, liberar los pájaros para que alcen el vuelo… Qué más da. Lo que han creado los Javis con estos últimos tres minutos del capítulo es la realidad que viven muchísimos adolescentes en esta sociedad, y que ya vivieron. Es dar voz a quien no la tiene. Es un discurso valiente, sincero y emotivo. Si tuviera que elegir una única escena que ver siempre de ‘Veneno’, sería esta sin duda; porque me veo reflejado, porque dan voz a tantas personas… Es un regalo, no cabe duda.


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Las escenas de sexo

En ‘Veneno’, hay varias escenas de este estilo, pero si algo las define es lo explícitas que son. Con ‘Acaríciame’, se juega con un montaje muy dinámico y original, en que se ve cómo La Veneno se acuesta con uno de sus primeros crushes, interpretado por Enric Masip, y de modo paralelo, a Valeria manteniendo su primera relación sexual. Y en siguientes capítulos, con el italiano, una escena subida de tono en que la diversión entre los dos personajes está más que asegurada; también aparece en otro momento, en que se interactúa con Paca la Piraña y Valeria, y resulta un formato novedoso e introducido con perspicacia.

Así que, sí, si hay algo que sin duda define ‘Veneno’ es la alta dosis de sexo que hay. Es natural y de visionado necesario, porque, ¿qué es el sexo? Un tema diario, repetido, humano; y por ello, su inclusión y el modo en que es tratado es sobresaliente. Para los Javis, no hay tabú; queda demostrado.

El declive de Cristina La Veneno

¿Cuándo empieza? Podríamos decir con el final del quinto capítulo, con la melodía de Leiva, ‘Nunca debiste cruzar el Mississipi’. Ahí, Cristina permanece en medio del plató mientras todo se derruye, mientras todo cae; y ella, ahí, inmóvil, con la música extradiegética y el balido de la cabra antes de fundirse la pantalla a negro. Si esto no es magia, si esto no es un cuadro extraído del propio Renacimiento, ¿entonces qué es?

Con esta escena te enamoras. Empatizas con Cristina, y sientes pena por el rumbo que toma su vida. Todo ello después de que suene ‘Veneno pa’ tu piel’, de la propia Veneno, mientras se embolsa miles de pesetas en una hucha con todos sus espectáculos en el programa, mientras el espectador asiste a robos por parte del italiano. Y por ello siente pena… porque sabe que el fatídico destino de la artista está cerca. Su desarrollo es en el sexto capítulo, cuando se humaniza a Cristina de un modo abrumador, cuando el espectador suelta exabruptos a la pantalla por el rumbo que toma su vida. Porque Cristina es inocente, y él es quien maneja todos los hilos. La satisface sexualmente, sexo hoy y sexo mañana también, pero coge monedas para cubrir sus vicios, y luego todo va a más.

El gris es el color que decora a la perfección este pasaje. Ya no hay apenas éxito, ya no hay clamores ni un programa que la sustente económicamente. La Veneno, en este caso protagonizada por Daniela Santiago, se deja manejar por su entonces novio, y Paca la Piraña relata a Valeria cómo acaba por estafar diariamente. Primero, en los aeropuertos, alegando que han perdido las maletas. Después, y al excelente ritmo de La casa del sol naciente interpretada por Amaia, la estafa que marca un antes y un después: queman la casa para que el seguro se la cubra… Y llega él, llega el italiano, derivado de un ataque de ira, y la denuncia, y Cristina no puede hacer nada.

Así es como lo piensa el espectador, claro: ¿qué?, ¿cómo es capaz?, ¿por qué?, pero Cristina…, ¡NO!, ¡no!, ¿ME ESTÁS FASTIDIANDO?, no me lo puedo creer… Sí, el espectador grita, el espectador niega con la cabeza, el espectador se enfrenta a un final de capítulo digno de un premio, a una sucesión de escenas de injusticia, de posicionamiento ante la Veneno, de sentir cómo su vida se escurre entre los dedos… Así lo viví yo, pero sé de primera mano que otras personas también; cualquier persona reaccionaría de ese modo, por supuesto.

Después, la cárcel, y con ello, el gris del que se ha hablado anteriormente. Con ello, los abusos, más injusticias, más soledad, más infierno… Cristina La Veneno ahora es un personaje que se ha humanizado de modo espectacular, y cualquier persona puede empatizar. Y sí, es como dicen: la Veneno no quería fama, sino que requería de amor. Queda demostrado. Por eso, la música la acoge en un precioso y emotivo homenaje al final del capítulo, y claro que sí, que la dejen bailar un rato más, pero ojalá el espectador viera más cómo goza de la música, cómo se siente viva, cómo siente que está renaciendo. Cristina está más viva que nunca.

El funeral de Cristina La Veneno

O los tres, por supuesto. Pero quizás, para mí, el más especial sea el segundo… ¿Muy fantasioso? Por supuesto, pero gusta.

El espectador asiste a la muerte de Cristina La Veneno después de haberla dejado bailar durante la presentación de sus memorias, ‘¡Digo!, ni puta ni santa’, escrito por Valeria Vegas. Y sí, silencio, silencio mientras la sangre fluye, mientras su cuerpo está desfallecido en el sofá, mientras en el hospital la intuban y resuena el pi pi pi pi tan angustioso, mientras la familia entera llega y, a modo de crítica, suena ‘Cómo te atreves’, de Morat. No hay minutos de descanso, porque pronto muere Cristina La Veneno, con un pi repetido, con ese piiiiiiiiiiiiiiiiiii que se mete en las orejas y eres incapaz de dejarlo escuchar. ¿Lloras? Pues, personalmente, lloré porque la escena es dura, porque me aterra la muerte, porque no estoy preparado para ella. Y Los Javis han hecho una escena muy emotiva, muy lacrimógena. En general, todo el último capítulo es así.



Sin embargo, resta el drama con la aparición de los funerales. Más en detalle, el segundo. ¿No es bonito ver cómo acude toda la gente que una quiere? Sí, por eso llega Paca la Piraña, Faela, Valeria, las amigas del Parque del Oeste, Pepe Navarro, la familia, el amigo del pueblo… Toda esa gente para rendir el homenaje que se merece la artista que aún vive en nuestros corazones, esa de la que tantas veces hemos replicado sus míticas intervenciones en televisión. Sí, es fantasioso, pero es el final que merece Cristina; un cierre cálido, familiar y amistoso, salpicado de color, de otoño y de unidad.

A la pregunta que formula Cristina, que sirve como conclusión de la temporada, hay una evidente respuesta: Sí, Cristina, tu vida es preciosa, es singular, es admirable, es de valientes… Y quiero que tú la leas otra vez, que nos la leas, que podamos verla miles de veces, que llegue a un público mayor, que la gente descubra quién fue la Veneno. Que sepan que gracias a ti, ahora las personas del colectivo corremos; y todo, gracias a tus pasos ligeros, Cristina.

¿Ha llegado el final? Puede ser. Sí, se han quedado cosas en el tintero, pero eso habrás de verlo tú para compartir las impresiones. Hay frases en la serie llenas de humor, dignas de recordar, pero estas son las cinco escenas que definen ‘Veneno’. Desde el drama hasta la libertad, pasando por el puro fuego. Javier Ambrossi y Javier Calvo han creado una serie que es el debido homenaje a la vida de Cristina La Veneno y a la figura de Valeria Vegas. Y también un aplauso a las grandes Jedet, Daniela Santiago e Isabel Torres, que interpretan a Cristina, y a Lola Rodríguez, cuyo papel como Valeria es impecable.

No creo que sea necesaria una segunda temporada, tal y como se ha afirmado, pero si sigue la estela de ‘Veneno’, por supuesto que la veré. Pero dad otro título, no ‘Veneno’; hablad de Paca, hablad de Valeria, hablad de quien sea, pero dad otro título. Veneno solo hay una, y esa era Cristina. Su homenaje ya está hecho, y ha sido impecable.

Por favor, ved ‘Veneno’; por favor, apoyad el ámbito audiovisual español, porque es solo un ejemplo del buen material que hay. Ahora y siempre, ‘Veneno’ es una obra de referencia que, como a mí, os encandilará y no os soltará jamás.

Sergio Guillén

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