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‘Brave’: libres para escribir una historia propia

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La música celta nos habla, ya en los primeros segundos, de los lugares que vamos a visitar con ‘Brave‘. Esta película indomable, que parte de una historia original de Brenda Chapman, se llevó el Premio Oscar a mejor película de animación hace casi una década. Para mí, sigue siendo una historia a la que recurrir cuando necesito creer en la libertad de ser uno mismo. Y en la importancia de escuchar al otro. Y también cuando me apetece reírme, sentirme ligera, porque ‘Brave’, con su expresividad y sus juegos, me hace reír. Quizá sea cierto, como se cree en la bella Escocia, que todo aquello en lo que participe Billy Connolly te hará reír.

Billy Connolly pone voz al Rey Fergus, cuya hija, Mérida, no está muy contenta con aquello de crecer como una princesa. Le gusta su familia y le gusta su lugar de nacimiento, pero sobre todo le gusta recorrer los bosques escoceses con su caballo, el tiro con arco y las aventuras. La Reina Elinor intenta inculcarle disciplina y modales, pero Mérida esquiva sus normas sociales y siempre intenta salirse con la suya. Hasta que Elinor se empeña en casarla, convoca a los clanes para que presenten a sus primogénitos, como manda la tradición, y Mérida se ve obligada a recurrir a la magia más antigua para que su madre cambie de opinión. Dirigen Mark Andrews, Steve Purcell y la propia Chapman, y a ellos se une Irene Mecchi en el guion.


Brave (2012)

No puedo dejar de recomendar ‘Brave’, por varias razones. En primer lugar, porque nuestra princesa aquí se aleja (como se han venido alejando todas las princesas en los últimos años) de los estereotipos primigenios, y apuesta más claramente por una personalidad y una voz propia. Por un camino propio, por un carácter que explora otros espacios en los que más niñas, de todo tipo, pueden sentirse identificadas.

Me gusta porque es una joven amable, inteligente y un poco rebelde. Una joven que lucha por lo que quiere y no coloca la búsqueda del príncipe encantador en el primer puesto en sus prioridades. De hecho, no escuchamos hablar de príncipes encantadores en toda la película. Y no quiero decir que haya que acabar con la exposición del amor en pantalla (a poder ser, de todos los tipos de amor, gracias), pero sí se agradece tener películas para el público más joven en las que se demuestre que uno puede valerse y quererse por sí mismo. Sin medias naranjas.

En ‘Brave’ no hay naranjas. Hay haggis (plato escocés muy popular, elaborado con carnes muy condimentadas, no siempre agradable), una representación un tanto caricaturesca de los clanes y un acento muy marcado, a veces incomprensible, si vemos la película en su versión original. Por supuesto que esta es otra de las razones por las que ‘Brave’ se quedó conmigo. Apasionada como soy de todo lo que tiene que ver con un país que te puede hacer creer en la magia, es un gustazo ver tan bellamente representados los fuegos fatuos, el principal elemento mitológico del que hace uso esta película, o esos bosques en los que perderse no es tanto un problema como un placer.


Brave (2012)

Y la animación. Unos diseños de personajes preciosos, el toque imperecedero de Pixar, un humor irresistible de los que te arrancan auténticas carcajadas. Ver ‘Brave’ significa disfrutar. Significa disfrutar de la expresividad de sus personajes (no todos humanos, claro), de los golpes de efecto tan certeros que tiene, del color de sus imágenes. De la grandeza de los ojos de sus protagonistas, de sus rostros, de la definición de los pequeños detalles. Todo esto queda muy bien ejemplificado con el cambio que efectúa la osa protagonista (no diré más, siempre libre de spoilers), que percibes con tan solo una mirada. Hay en ‘Brave’ un deseo sincero de otorgar alma a los personajes, y se consigue. Vaya que si se consigue.

La historia de este reino es poderosa, nos cuentan. Y casi parecen enlazar con ‘Braveheart’ (1995) para hablarnos de cómo ese reino poderoso ha tenido que luchar por la suya propia. Dentro de esto, también me gusta que se atrevan a decir: está bien, amamos nuestras tradiciones pero, en fin, algunas a lo mejor ya no son tan aceptables como lo fueron hace siglos ni nos representan tanto como nos representaban hace siglos. Pues muy bien. Empecemos un nuevo camino. Todo en esta película es libertad, y compromiso, y decisiones acertadas.

Al margen de las singularidades del país, apuntan sobre todo hacia Mérida cuando hablan de ese valor a la hora de formarse un camino propio. Nos hablan también de lo importante que es escuchar al otro, hablar con el otro. Ponerse sus zapatos y acercar posturas (siempre que ambas posturas sean moralmente aceptables, nadie negocia con un nazi). Aprender de la persona que tenemos al lado, ser menos estricto, dejar que cada uno sea quien es. Solucionar conflictos juntos, porque en ‘Brave’ el conflicto, y eso también me gusta mucho, no se soluciona con Mérida actuando de manera individual: se soluciona con nuestra protagonista apoyándose en quien creía lejos. Luchando por quien creía a años luz de su perspectiva.

Y, al final, el gran mensaje de ‘Brave’: lucha por ser quien quieres ser. Y no pierdas a las personas que te importan por el camino. Todo esto en una película muy divertida, muy entretenida y visualmente preciosa. Una de las mejores del siglo.


Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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