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Dani y Jamie (‘La maldición de Bly Manor’): un amor que cura y que abraza

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La maldición de Bly Manor
Foto: EIKE SCHROTER/NETFLIX © 2020

Este artículo puede contener spoilers de ‘La maldición de Bly Manor’.

Pensé que después de la relación de los hermanos Crain en ‘La maldición de Hill House’, nada volvería a conquistarme y a emocionarme de la misma manera. Que no habría lazo que me tocara tanto como esa unión absoluta entre Nelly y Luke. Y, sin embargo, ‘La maldición de Bly Manor’ ha sabido sorprenderme con una relación sana, mimada y esperanzadora, que se ha llevado gran parte del protagonismo esta temporada. Una relación que habla de amor de verdad, de ese que cura heridas en vez de abrirlas. De ese amor que te descubre y que te permite ser quien eres, en tu mejor versión, en tu versión más libre.

Dani y Jamie han inundado de luz una historia que lo tenía absolutamente todo para ser oscura. No sólo el misterio. También el dolor, el duelo, la culpa y la tristeza. La angustia de un inmovilismo que juntas, gracias al sentimiento existente entre ambas y a esa ilusión que caracteriza a los amores que se sienten en la boca del estómago, consiguieron romper. Aunque lo hicieran durante lo que dura la burbuja de la felicidad, en un universo paralelo amenazado constantemente por esa realidad a la que supieron vencer con su amor. Un amor que nunca entendió de complejos, de etiquetas o de prejuicios, como deberían serlo todos. Puro y auténtico. Real y arrasador.

No sé si es porque estamos muy acostumbrados al negro, a las sombras y al sufrimiento. A la toxicidad que tanto tiempo hemos idealizado y que sigue estando presente en la pantalla y fuera de ella. Pero hacía tiempo que no me topaba con algo tan mágico como las miradas inocentes y sinceras de Dani y Jamie. Miradas que comenzaron sin intención alguna y que fueron desnudándose entre ellas. Que tejieron una confianza que ambas necesitaban para querer y para quererse, para avanzar y para apostar por algo más que el conformismo de la una y la huida de la otra. Y que terminaron topándose con aquello que buscaban sin saberlo, con la persona verdaderamente complementaria, la que cumple el tópico de la media naranja y el amor eterno.

El amor que merece la pena


La maldición de Bly Manor
Foto: EIKE SCHROTER/NETFLIX © 2020

Hay muchos tipos de amor en ‘La maldición de Bly Manor’. Por ejemplo, el amor tóxico de Henry y Charlotte. O el amor inocente de los pequeños Miles y Flora, que hicieron todo lo posible para evitar el dolor de quienes les rodeaban. Pero de entre todos, el amor que merece la pena, el que todo lo mejora y todo lo puede es el que une a Dani y a Jamie. Puede incluso con una maldición, con la muerte y con el odio. Con las profecías que hablan de persecuciones eternas y de olvido. Quizá este último, el olvido, sea el obstáculo más difícil de salvar para cualquier relación y para cualquier sentimiento, no sólo para el amor. La vida no es más que una enemiga del olvido, de ese contrario a la memoria y a los buenos recuerdos, a lo que de verdad importa.

Hasta que se conocieron, las vidas de Dani y Jamie habían sido muy diferentes y, al mismo tiempo, bastante semejantes. Dani venía de un pasado aparentemente idílico, con un novio perfecto, una relación estable y duradera y una familia política que había decidido acogerla como parte activa de la misma. Pero detrás de esas apariencias, Dani era una niña que nunca había podido ser quien de verdad era. Empujada por el agradecimiento y el cariño, se encontró en el ojo de un huracán del que le resultaba prácticamente imposible salir. Por lo complejo, pero también por la locura que suponía alejarse de todo y de todos para encontrarse a sí misma.

Por su parte, Jamie probablemente había sido mucho más libre y se había creído mucho más ella hasta el momento en el que se conocieron. Pero también había mucho de apariencia en ella. En esa fachada dura y chulesca que nada tenía que ver con la ternura de un interior que pedía amor a gritos.

La libertad real llegó cuando se dejaron llevar. Entre esos “Poppins” intencionados y el rubor inintencionado en las mejillas de Dani. Cuando la una aceptó que no tenía por qué ser una tipa dura y la otra directamente se aceptó. Mientras el amor las abrazaba y las protegía, aunque fuera momentáneamente, de todo lo malo. Comenzaron a construir su propia burbuja en Bly, bajo la luna y acompañadas de una flor efímera y mágica, como su amor. Pero terminaron de decorarla en la seguridad que les otorgaba la distancia, mimándola y mimándose, dejándose querer y dejándose ser. Cumpliendo sueños, personales y profesionales, y bloqueando a los fantasmas del pasado. Y también de su futuro.

Sé que necesito al menos un par de visionados más de ‘La maldición de Bly Manor’ para estudiar a fondo este amor, sin dejarme llevar por la emoción con la que está bañado. Pero con un primer e intenso contacto, Dani y Jamie han sabido mostrarme y mostrarnos a todos el verdadero significado de este sentimiento, que no habla de posesión ni de control. Sino de aceptación mutua, de cuidado, de protección y de libertad. De sueños y pasiones cumplidas, de tés y salsas insalvables y de noches de película y manta, en las que las risas son la banda sonora y las caricias las auténticas protagonistas.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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