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Crítica de ‘Carta al rey’: entretenimiento irregular e insuficiente, pero entretenimiento

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Tenía muchas ganas de ‘Carta al rey‘, la nueva ficción de fantasía juvenil de Netflix. El libro, que Tonke Dragt escribió hace medio siglo con éxito irrepetible, me parece una obra maravillosa para adentrarse en este maravilloso mundo de la fantasía y la aventura. Y aunque ya desde los primeros avances se advierte que la ficción se ha tomado libertades en la adaptación, de este tipo de decisiones pueden salir grandes productos. Efectivamente, la ‘Carta al rey’ de Netflix no tiene nada que ver con la ‘Carta al rey’ de la escritora, lo que de entrada ha sido una decepción para muchos. Y, además, otra decepción: no aporta demasiado.

¿Qué tiene ‘Carta al rey’?

‘Carta al rey’ (la serie) sigue la historia de Tiuri (Amir Wilson), un joven nacido en el reino de Eviellan que fue adoptado por un gran caballero del reino vecino, Dagonaut, llamado Tiuri el Valiente (David Wenham). Eviellan es un reino temido, incluso odiado, por la magia que reina en éste, pero Tiuri el Valiente quiso dar una oportunidad a Tiuri y su madre, que huyeron del caos y la destrucción de su lugar de origen. A pesar de que lo intenta, el joven Tiuri no puede ser el caballero que su padre desea, hasta que el día anterior a su nombramiento sucede algo que pone en peligro, precisamente, este nombramiento, pero también pone sobre la mesa las cualidades del joven: la valentía, la honestidad y la bondad. Un caballero conocido en todos los reinos le pide, como último deseo antes de morir, que cumpla una misión: debe entregar una carta al rey de Unawen. Una carta de la que depende el destino de todos los reinos.

Amir Wilson en Carta al rey

El planteamiento es fantástico, y en Tiuri encontramos la figura típica del héroe: un niño que tiene mucho potencial en el que tiene que aprender a confiar, y que también tiene que crecer y madurar para cumplir con una misión que en circunstancias normales nunca le hubiera sido concedida. Este papel del héroe tiene un peso fundamental en la ficción, y además tenemos por el camino un giro bastante sorprendente que sirve para reforzar el mensaje principal de la serie: que todos valemos por nosotros mismos, siendo nosotros mismos y sin necesidad de nada más.

‘Carta al rey’ tiene disputas entre reinos, batallas (nada espectaculares), intrigas palaciegas (pocas), códigos de caballeros y hasta juegos de combates propios de las edades medievales que tanto se estilan en las ficciones. Tiene personajes secundarios misteriosos, y le agradezco que le haya puesto un rostro acertado al Caballero Negro del Escudo Blanco, que es uno de mis personajes favoritos del libro y uno de esos que uno siempre agradece encontrar en una historia. Tenemos a Andy Serkins de regreso en una fantasía épica, aunque en un papel pequeño, y también a David Wenham que, como Serkins, formó parte del reparto de ‘El señor de los anillos’, en su caso dando vida al bueno de Faramir. Tenemos magia y aventura, maldiciones y profecías, lugares misteriosos y mágicos, y a Ardawen, que es un caballo precioso y poderosísimo. Y tenemos a niños capaces de pensar por sí mismos y seguir sus principios, así como representación y una aproximación a lo absurdo y lo dañino del racismo y los prejuicios. Todo en dos escenarios: el que protagoniza Tiuri y el que protagoniza el príncipe Viridian (Gijs Blom). Y todo esto está muy bien a priori, pero lo cierto es que también tenemos bastantes problemas.

Carta al rey

Los problemas

Por seguir un orden, iré con las sensaciones que he ido experimentando episodio a episodio. Es una lástima, por ejemplo, que no sintamos que vamos conociendo el mundo en el que está desarrollada la historia, pero además hay un problema real con los escenarios. El espectador nunca termina de tener claro en qué parte del mundo o de los reinos se encuentra, porque nunca se concreta el espacio ni tampoco los tiempos en los que sucede la acción. Cada episodio es una aventura, pero éstas están plagadas de clichés que se asientan en un guion no demasiado cuidado ni tampoco demasiado original. Como si toda la ficción estuviera desarrollada pensando en el entretenimiento y no en crear un contenido de calidad, lo que evidentemente termina resultando un problema porque para que el entretenimiento funcione al cien por cien necesita algo más que un conjunto de imágenes bonitas con unos personajes resultones y un poquito de acción. Así, con ‘Carta al rey’ uno puede pasar el rato, pero nunca llega a sentirse plenamente satisfecho con lo que está viendo.

Carta al rey (2)

Otro de los problemas tiene que ver con el villano, al que descubrimos pronto pero cuyo nombre puedo evitar pronunciar, por si algún lector quiere una experiencia plena. El villano de ‘Carta al rey’ solo cuenta con un par de escenas sueltas en cada capítulo, escenas en las que se dedica a mostrarse malo, oscuro, enigmático y estéticamente perfecto con todo lo anterior, pero nada más. No hay un desarrollo real ni tampoco una progresión para esta maldad. Así, cuando llegamos al clímax, que se resuelve de forma chapucera y en un par de minutos, este villano no da miedo, no crea tensión ni tampoco emoción. Supongo que todo esto viene de otro de los problemas: ¿por qué solo seis capítulos cuando tienes todo un mundo para desarrollar una historia coherente, emocionante y bien contada?

En definitiva, ¿a quién puede gustarle?

A quien busque un entretenimiento para una tarde. Reconozco que, a pesar de todos los problemas, he visto ‘Carta al rey’ con mucha tranquilidad, y casi me ha dado pena terminarla, porque de verás me estaba entreteniendo. Supongo que juega a su favor lo rápido que me entrego a esta clase de ficciones, así que si eres como yo… En fin, puede ser para ti. Disponible en Netflix.

Carta al rey

5.5

Lo mejor
  • Es muy actual, por eso involucra en sus tramas asuntos que nos afectan como el racismo y por eso se esfuerza por incluir la representación que llevamos pidiendo años
  • Es entretenida, a pesar de todos los problemas
  • Hay rostros jóvenes interesantes en el reparto
  • Ardawen, el caballo
Lo peor
  • Está asentada en un conjunto de clichés que parece desarrollar sin esfuerzo ni emoción
  • Nunca terminas de conocer el mundo en el que está desarrollada la historia, y en ocasiones incluso puedes sentirte perdido por ello
  • La figura del villano está muy mal tratada
  • El final: plano, sin emoción
Judith Torquemada

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