El buzo (2019)
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El buzo

Lo mejor
  • El espacio concedido a esta realidad de la que hay que hablar a cada minuto
  • Las cuatro interpretaciones, cada una ajustada y precisa con su papel
  • La música
  • Los tiempos de narración, que siguen el ritmo de la vida
Lo peor
  • Puede resultar algo distante en ciertos momentos, y lo que para muchos puede ser una virtud (la ausencia de drama para pegarse a la realidad), para otros puede convertirse en algo frío

‘El buzo’ es el nuevo largometraje de conocido documentalista austriaco Günter Schwaiger, que llegó a España en la década de los noventa, familiarizándose así con nuestro territorio. Ibiza es, en este caso, como lo ha sido en otros anteriores, el escenario donde desarrolla esta película que nos habla de la violencia de género y del desamparo de los hijos. Schwaiger construye una película de ficción, pero no se olvida del documental. La realidad que nos presenta en forma de ficción es la realidad de miles de familias en todo el mundo, y los recursos de los que se sirve son tan naturalistas que parece, en efecto, un documental. La protagonizan Àlex Brendemühl, Franziska Weisz, Julia Franz Richter y Dominic Marcus Singer. Pudo verse dentro del marco del Atlàntida Film Fest, y está disponible en Filmin.

Y se puede ver, en general, a pesar de ser una historia tan desagradable como lo es una realidad a la que hay que continuar dando tiempo en pantalla. Quizá sirva para concienciar, quizá sirva para convencer de que está pasando, de que sigue sucediendo, por mucho que algunos se empeñen todavía en negarlo. Hay ciertas cosas que ya tienen que haber quedado claras. La violencia de género es una realidad. No hay un perfil para la víctima, no hay un perfil para el maltratador. Y los niños son también víctimas. ‘El buzo’ reúne todas estas premisas en una película de hora y media de duración.


El buzo (2019)

Algunas consideraciones generales

‘El buzo’ comienza de manera inquietante, por culpa de Roland Hackl, responsable de una música perturbadora que se enreda con las acciones narradas y las emociones de los protagonistas. Tiene sentido que la música tenga un papel fundamental, porque el protagonista de los hechos, Paul (Àlex Brendemühl) es un exitoso compositor. Se encuentra en pleno proceso de divorcio, después de que Irene (Franziska Weisz), su ex pareja, decidiera alejarse de él tras un grave episodio de maltrato. Paul trata de recuperar a una Irene que no ha podido, todavía, escapar del todo de su influencia, pero que lucha junto a su hija, Lena (Julia Franz Richter), para construir una nueva vida.

Desde el principio, el espectador puede comprender que algo pasa en la aparente tranquilidad de Ibiza, con sus calas y sus casas blancas y la elegancia de los personajes. El ritmo de la película es pausado, lento; nos sobresaltamos en contadas ocasiones, las necesarias para que el golpe de efecto tenga, valga la redundancia, un efecto en el espectador. La solemnidad de las escenas, la ausencia de drama continuo, la falta de lágrimas, nos habla de una vida cotidiana y rutinaria que se ve interrumpida por episodios de violencia puntuales, que sin embargo caracterizan el conjunto. Caracterizan la historia. ‘El buzo’ nos habla de esa violencia, aunque no siempre esté en pantalla. Nos habla de la violencia que ha tenido que sufrir Irene, también Lena, desde su distancia, desde su perspectiva y desde su papel. También la ha sufrido Robert (Dominic Marcus Singer), el hijo de Paul.

‘El buzo’ es una película sencilla, en tanto que no hace más que mostrarnos el día a día de cuatro personas; tres víctimas y un maltratador. Por supuesto, esta realidad es mucho más compleja que las frases trilladas y estúpidas que siguen escuchándose por ahí. Por qué no denunció antes, por qué no se aleja de él, por qué no se niega a verlo. Se comprenden bien las emociones de la víctima principal, de Irene, que no sólo abarcan el miedo o la indefensión: también hay culpa y vergüenza. Y es necesario que estas últimas queden reflejadas en pantalla. No porque sean justas, precisamente porque no lo son; no son justas, y las víctimas tienen que verlo bien claro. Y entre todos tenemos que lograr, evitando los juicios públicos y evitando también poner el foco sobre ellas, que poco a poco se eliminen. Sólo hay un culpable.


El buzo (2019)

El papel de los hijos

El papel de los hijos en ‘El buzo’ es fundamental. Lena es hija de Irene, de su primer matrimonio; su padre murió de cáncer años atrás. Robert es hijo de Paul, de su primer matrimonio; su madre se suicidó años atrás. Lena y Robert son dos víctimas. Ella ha sufrido la violencia de Paul porque su madre es la víctima, y es su madre. Él ha sufrido la violencia de Paul porque ha crecido con ella, porque la teme, porque no quiere verse en ella, porque tampoco puede escapar, porque quiere darle una voz y no sabe cómo, porque termina obsesionándose.

Es muy interesante cómo muestra Schwaiger el papel de este último, de Robert. En dos momentos fundamentales para construir el relato, la cámara se desvía de la acción y nos priva de las imágenes. Aunque los sonidos siguen llegando hasta nosotros, es el rostro de Robert, su posición, lo que ocupa nuestras pantallas. Importa el relato, y por eso seguimos teniendo el sonido, pero importa también Robert, la manera en la que el joven recibe lo que está sucediendo, y por eso se nos muestra que él siempre está detrás. Escuchando, siendo testigo, callando porque qué otra cosa puede hacer.

Ese es el papel de muchos hijos, que se ven sometidos a la autoridad de los padres, que los temen y que, en ocasiones, no pueden evitar reproducir esa misma violencia normalizada en casa. Es un asunto muy complejo este, y ‘El buzo’ lo aborda con unas pinceladas, breves pero contundentes. Es desagradable de ver, desde luego, pero no podemos apartar la mirada, porque está sucediendo. Sigue sucediendo. Tenemos que tomar conciencia.


El buzo (2019)

¿A quién puede gustar ‘El buzo’?

Günter Schwaiger apuesta por el realismo en ‘El buzo’, que está inspirado en ‘La maleta de Marta’, un documental del mismo cineasta. Así que gustará a todos aquellos que se inclinen por las historias casi más cercanas al documental que a lo ficticio, porque este relato nunca deja de sentirse como real, y desde luego sigue los tiempos de la vida. Ya disponible en Filmin.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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