Lovers Rock
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8.5

'Lovers Rock'

Lo Mejor
  • La música
  • El subtexto, la captación de la magia
  • Sensualidad en estado puro
  • La pareja protagonista
Lo Peor
  • -

Esta crítica no contiene spoilers de ‘Small Axe: Lovers Rock’.

Muchas veces, la magia reside en los instantes más comunes. En una escena cualquiera, de una vida cualquiera. En lo cotidiano o en aquello que es extraordinario, pero que forma parte de nuestro día a día. La magia puede encontrarse en medio de una fiesta clandestina, entre los cuerpos sudorosos de los jóvenes que bailan en libertad, pero oprimidos por una sociedad que no les quiere. Puede estar en una canción clásica, que algunos han olvidado, o en una caricia aparentemente inocente. Lo difícil es ser capaz de verla y de captarla, para transmitirla. Una labor en la que, atendiendo al resultado, Steve McQueen se debió sentir muy cómodo durante el rodaje de ‘Lovers Rock’, la segunda entre de su antología ‘Small Axe’.

En ella, prácticamente toda la acción transcurre durante una fiesta clandestina en el Londres de 1980. Una época en la que los jóvenes pertenecientes a la comunidad negra, entre otras, no tenían permitida la entrada en discotecas. Una norma que provocó la organización de estas pequeñas fiestas, en las que escuchaban su música, se relacionaban con su gente y, sobre todo, disfrutaban de la noche con la seguridad de que no serían perseguidos.

Es en una de estas fiestas donde Martha (Amarah-Jae St Aubyn), una joven que ha escapado de su casa durante la noche, conoce a Franklyn (Michael Ward). La atracción entre ambos es inmediata y les conduce a vivir un caliente romance de una noche. O quién sabe. Quizá de más. Eso queda a cargo de nuestra imaginación, que empieza a trabajar una vez aparecen los créditos finales. Cuando comprendemos que, con ‘Lovers Rock’, Steve McQueen ha compartido con nosotros el placer de mirar. De observar sin ser visto. Y de dejarse llevar por la belleza de un instante cualquiera.

Hipnotizando al espectador


Lovers Rock
Foto: BBC / McQueen Limited / Parisa Taghizadeh

En ‘Lovers Rock’ no hay demasiado diálogo, pero no se le echa de menos en ningún momento. Lo que sí hay es mucha música. Música reggae, música reggae para enamorados, ese desconocido género que da nombre a la película. Una música casi hipnótica, que te balancea de un lado a otro, que se mete en ti y logra que te muevas a un ritmo que ni siquiera conoces. Les ocurre a los protagonistas, en medio de esa fiesta clandestina en la que nos cuela el director británico. Y nos ocurre a nosotros, los espectadores, que compartimos sin saber muy bien cómo la emoción de esos jóvenes. El calor, la libertad y la adrenalina que experimentan mientras sus cuerpos se rozan y chocan al ritmo de ‘Silly Games’, de Janet Kay.

Hay una secuencia concreta, en la que nos limitamos a observar cómo los bailes dan paso a un juego sensual que dice mucho más que cualquier palabra, que es sencillamente impecable. Una maravilla de este séptimo arte, que recoge a la perfección la potencia y la fuerza del mismo. Con la voz de Kay de fondo, más tarde sustituida por la de los asistentes a la fiesta, que continúan a cappella, asistimos a un acontecimiento universal. Pero tan íntimo que, por momentos, sentimos la emoción y el pudor de cualquier mirón. Sentimos que nos hemos colado en el interior de un lugar sagrado, secreto. Pero no somos capaces de retirar la mirada. Ese magnetismo inexplicable es el mayor aliado de McQueen durante casi toda la cinta.

Detrás de la sensualidad que envuelve una importante parte de la cinta y del homenaje a una cultura y a una música que se vieron relegadas a la clandestinidad, está presente la crítica social. De muchas maneras y en muchos rostros. A través de pequeños detalles y gestos, o de grandes horrores, que de repente rompen con todo lo que estamos viendo. Esos contrastes, introducidos en su justa medida, encajan sorprendentemente dentro de el ambiente onírico creado por el director. Y, desde mi punto de vista, elevan la cinta hasta casi el sobresaliente.

‘Lovers Rock’ es un instante en el tiempo. Un suspiro en unas vidas cualquiera, en las que nos colamos por una rendija. La sensibilidad de Steve McQueen logra que ese instante sea mágico o captar la magia del mismo. Y la transmite con pinceladas como una gota de sudor en una pared, una mano deslizándose hacia el peligro o una sonrisa cómplice de alcance incalculable. La segunda entrega de ‘Small Axe’ es bella, es hipnótica y es de una autenticidad aplastante.

‘Small Axe: Lovers Rock’ se estrena en exclusiva en Movistar+, el próximo jueves 14 de enero.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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