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Crítica: ‘Gambito de dama’ es realista, cruda y emocionante

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Esta crítica no contiene spoilers de ‘Gambito de dama’.

Pese a haber jugado a menudo al ajedrez durante mi infancia y los comienzos de mi adolescencia, siempre lo hice como un hobby sin demasiadas pretensiones. No me apunté a clases, no leí acerca de jugadas maestras o de tácticas y tampoco llegué a tomarme en serio mis partidas. Era algo más intuitivo y visceral que otra cosa, una manera más de pasar el tiempo. Teniendo en cuenta que el único movimiento célebre que conocía hasta ahora era el enroque, jamás me hubiera imaginado atrapada por una serie en la que (casi) todo gira en torno a un tablero. Ni mucho menos habría creído posible terminar emocionada, entre lágrimas y habiendo conectado con una pasión que poco o nada tiene que ver conmigo.

Desde mi mirada de espectadora, creo haber encontrado ahí lo más valioso de ‘Gambito de dama’. Su capacidad de contagiarnos una pasión que va mucho más allá de las piezas de ajedrez y que responde a necesidades diversas que, aunque quizá no sean las nuestras, sabemos reconocer. Y que nos conectan con la protagonista de la historia, Beth Harmon. Tras haber quedado huérfana en un accidente que la marcará de por vida, la pequeña Beth acaba en un hogar de acogida donde descubre un refugio y un reto en el ajedrez. A partir de ese momento, los peones, las torres, los alfiles, los caballos, la reina y el rey se convierten en el centro de su vida. Lo único que la mantiene en pie incluso en los momentos más complejos.

El personaje de Beth Harmon es una joya en manos de un diamante. Como ya esperaba, esto sí, Anya Taylor-Joy firma aquí una interpretación brillante, en la que su gracia natural vuelve a estar presente. Como también lo está ese aire inquietante que muchos descubrimos en ‘Múltiple’ y que sabe transformar en dulzura, fiereza o fragilidad siempre que lo necesita. Tal y como señalo, el personaje en sí es un regalo para la actriz, que tiene la oportunidad de evolucionar capítulo a capítulo y de bucear en diferentes etapas vitales. Pero sospecho que el camino habría sido mucho menos intenso y mucho menos sensorial sin la mirada penetrante, juguetona y transparente de la actriz estadounidense.  

Cuánto se cuenta cuando se cuenta bien


Gambito de dama
Foto: CHARLIE GRAY/NETFLIX © 2020

‘Gambito de dama’ parte con un importante hándicap frente a otras ficciones y es su propia premisa. Salvo en algunos lugares muy concretos y en grupos igualmente delimitados, el ajedrez no goza de una popularidad generalizada. En nuestro país, por ejemplo, para muchos continúa siendo una actividad aburrida para inadaptados. Quizá en lo de inadaptados haya una mínima parte de razón, pero cualquiera que haya jugado alguna vez una partida, ya sea a nivel amateur o profesional, sabrá que el ajedrez puede calificarse de muchas maneras. Pero nunca como ‘aburrido’.

La serie de Netflix, dirigida por Scott Frank y basada en la novela homónima de Walter Tevis, tiene que luchar de inicio contra esos tópicos injustos y absurdos. Tiene que derrotarlos para atraer a un espectador que, si confía en lo que tiene delante, no tardará en entrar en la partida. Porque la de ‘Gambito de dama’ es una historia que está muy bien contada y muy bien representada. Y que, precisamente por eso, cuenta mucho más de lo que, de nuevo, podríamos esperar.

Me gustan la dirección y el montaje, que se atreven con planos arriesgados y agresivos y combinaciones o secuencias juguetonas. Me gustan la fotografía y el arte, así como el vestuario y la peluquería, que comunican a la perfección la evolución del personaje de Beth. Pero sobre todo me gusta el guion, me gusta el camino que se elige, cómo vamos conociendo las señales que nos indican la dirección que está tomando la protagonista. Cómo, con el ajedrez como columna vertebral, estudia las adicciones, el carácter de los genios, las necesidades más básicas y puras y los fantasmas que esconden los grandes ojos de Beth.

El retrato del genio, soberbio y engreído ante las cámaras y roto en la soledad, es notable. Y no por ser el retrato típico deja de ser valioso. Al contrario, Scott Frank y Allan Scott, responsables del guion, saben jugar con el genio arquetípico y con los tópicos, convirtiéndolos en aliados a los que saben darles una vuelta de tuerca.

Decía que lo más valioso de ‘Gambito de dama’ era su capacidad de convertir una pasión ajena y desconocida en la nuestra propia. Pero también creo que merece un lugar destacado ese análisis del que hablaba. Esa representación realista y cruda de las adicciones, sus orígenes, sus motivos y sus consecuencias. Unas adicciones que no sólo vemos en Beth, sino también en otros muchos personajes que pivotan alrededor de ella. Y que, muchas veces, surgen de la mano amiga que debería sostenernos, así como de las inseguridades creadas en nosotros a través del daño y del rechazo.

Emociones en la pantalla y en nosotros


Gambito de dama
Foto: PHIL BRAY/NETFLIX © 2020

Se tiende a pensar en el ajedrez como en un juego frío, cerebral y estratégico. Hay mucho de verdad en ello, pero también hay una parte muy visceral en el juego. La que habla de la pasión que lleva a los jugadores a dedicar su vida a esas partidas. O de la rabia, el dolor y el enfado que puede producir un error o una derrota. Esas emociones, que solemos dejar fuera de la ecuación cuando hablamos de ajedrez, están recogidas con gusto en los siete episodios que componen la serie. Están en las partidas más importantes de la vida de Beth, que no son sólo las más prestigiosas. En su gesto torcido y en la sonrisa autosuficiente que trata de disimular cuando sabe que tiene la victoria en sus manos.

Scott Frank sabe jugar con estas emociones y con la adrenalina, protagonista indiscutible de todas esas partidas, metiendo al espectador en un juego del que quizá no sabe nada. Pero que, de repente, siente como suyo. La tensión, los nervios y, de nuevo, la emoción saltan de la pantalla cada vez que Harmon mueve una ficha. Gracias también a unos gráficos que funcionan y que aportan un extra de electricidad a esas secuencias en las que es fácil perderse durante minutos. El magnetismo de la mirada de Taylor-Joy, con el que juega más que nunca, también hace mucho.

No son estas las únicas emociones que encontrará el espectador en ‘Gambito de dama’. La serie nos habla de pérdida, de la necesidad de sentirse querido y acompañado, de la autoestima y de lo que la construye, de los amores desconocidos y no correspondidos. Nos habla de cariño, de admiración, de miedo y de unión, siendo esta última la parada más especial y emocionante de todo el camino. Hablar de todo ello, con el telón de fondo del ajedrez, no es sencillo. Pero transmitirlo con acierto y de manera equilibrada me parece un reto difícil de salvar, del que Frank ha salido victorioso.

‘Gambito de dama’ se estrena este viernes 23 de octubre en Netflix.



'Gambito de dama'

7.3

Lo Mejor
  • Anya Taylor-Joy
  • Emoción y adrenalina
  • Análisis y evolución del personaje de Beth
Lo Peor
  • A priori, puede no resultar atractiva
Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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