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‘Una historia de violencia’: la radiografía de Cronenberg, 15 años después

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‘Una historia de violencia’ nos descubre la vida de Tom Stall (Viggo Mortensen), un hombre tranquilo que vive feliz junto a su mujer Edie (Maria Bello) y sus hijos. Regentan un restaurante en un pequeño pueblo de Indiana, tienen una rutina establecida y una comunidad que los aprecia. Nunca pasa nada más allá de eso. Pero un día como otro cualquiera, Tom evita un robo armado en su restaurante, salva la vida de sus vecinos y se convierte en un héroe. Este hecho trasciende a la prensa, y días más tarde Tom Stall recibe la visita de un hombre que dice saberlo todo de su pasado.


Por dónde empezar. Empezaré por destacar el hecho de que se cumplen quince años del estreno de ‘Una historia de violencia‘. En estos quince años hemos dado paso a nuevas generaciones y la mentalidad de la sociedad, de manera general, ha evolucionado, ha puesto el foco en asuntos antaño ignorados, hemos hablado de cuestiones que hace quince años no estaban en nuestra agenda. ‘Una historia de violencia’, sin embargo, sigue siendo actual, certera y creíble. Porque se mueve al margen de las épocas, los movimientos sociales o las evoluciones que, afortunadamente, vamos abrazando como especie. Porque nos habla de la violencia inherente a nosotros, al ser humano, a esa especie. Nos habla de la oscuridad y de la luz, de la convivencia de ambas. De cómo abordamos cada uno de nosotros la evidencia de que coexisten al margen de nuestras elecciones, también dentro de nosotros.

‘Una historia de violencia’ llegaba un 21 de octubre de 2005 a nuestros cines, tres años después de que se estrenara el último trabajo de un David Cronenberg que aquí sorprendió otra vez, pero de otra manera. Basada en la novela gráfica de John Wagner y Vince Locke, Josh Olson se encargó de un guion en el que Cronenberg, claro, metió mano. Más que permitida la improvisación y sin un plan estricto de rodaje, como ha contado el propio director, ‘Una historia de violencia’ fue un trabajo de todos, pero partió de un deseo de análisis del cineasta. La música, por cierto, es del bendito Howard Shore, y la fotografía de Peter Suschitzky.

Esta película comienza con una imagen estática y el único sonido de los grillos. En un lugar que en seguida localizamos en algún punto de Estados Unidos. Precisamente el lugar tiene mucho peso en la historia, en la narración, desde las intenciones, sin necesidad siquiera de mencionarlo. Y es que desde el principio, tanto los valores de la familia protagonista, sus rutinas y su modo de vida, como los escenarios en los que se desarrolla la acción, el lugar de trabajo, ese pequeño y tranquilo pueblo que parece estar en ninguna parte, tiene mucho que ver con el modo en que siempre se ha retratado Estados Unidos.

Y también con los géneros que generalmente han estado ligados al territorio. Por momentos puede sentirse como un homenaje al western, con su sheriff y su todo. En otros se acerca al cine de gángsters, con esos hombres pertenecientes al crimen organizado que alborotan la paz del pequeño y tranquilo pueblo. Todo ligado a un mismo espacio, que sirve de presentación, de contexto y al final un poco también de explicación de esa radiografía que Cronenberg hace del ser humano.


Ed Harris y Viggo Mortensen en Una historia de violencia

También desde el principio hay asesinatos a sangre fría, asesinatos a inocentes, por el placer de asesinar, por el poder hacerlo. Y se apuesta por imágenes desagradables, sangrientas, crueles, pero nunca llegas a sentir que el cineasta quiera contar esto y nada más. Esto solo es una consecuencia de su principal interés, que es hablarnos de ese lado oscuro que posee el ser humano, que convive con la mejor versión de sí mismo.

Esta última la encuentra Tom Stall (Viggo Mortensen) tras una larga travesía en el desierto. Y la desarrolla junto a su mujer, Edie (Maria Bello), hasta formar esa familia ejemplar, esa familia modelo, que se ve sacudida por la violencia. Y tampoco importa la historia pasada atribuida a Stall, es esa como podría ser otra; importa, más bien, cómo ha escapado de esa parte de sí mismo, y como puede vivir una segunda vida, como si fuera nueva, olvidándose lo anterior. En parte es nueva. Tom Stall, Joey, nunca se había conocido de esa manera, y deja de reconocerse en la anterior.

Pero esa violencia, ese carácter violento del ser humano, sus instintos más primarios, siguen presentes, por eso Tom Stall es capaz de dejar de ser Tom Stall y convertirse en quien fue, momentáneamente, porque nunca se fue. Por eso también, por lo anterior, porque el ser humano lo lleva consigo, Cronenberg entrelaza violencia y sexo de manera precisa. Por eso hay aquí en esta película dos escenas de sexo: la primera, sutil pero evidente, en la luz; la segunda, violenta, pasional y urgente, en la oscuridad. Supongo que cada uno puede sacar sus conclusiones de lo que ve aquí. Yo siempre que veo a Bello subir las escaleras con rabia, avergonzada, tengo muy claro lo mucho que se esfuerza el ser humano por esconder ante sí mismo y ante otros su parte más oscura.

De un modo parecido actuamos ante el otro, ante el semejante. También ‘Una historia de violencia’ narra el conflicto interno que se presenta cuando dejas de conocer a la persona que mejor conocías. Cuando tiembla la base sobre la que has asentado todo lo demás, pero ese todo lo demás se mantiene implacable, porque sigues viendo lo mismo, sintiendo lo mismo, recordando lo mismo, y tienes que tomar una decisión. Es una decisión vital, tan compleja como la vida y como aceptar nuestra condición de custodios de luces y oscuridades, y por eso el personaje de Maria Bello presenta tantas contradicciones durante toda la película, sin dejar, en cualquier caso, de ser una mujer segura de sí misma, con carácter y de buen corazón. Nunca deja de ser ella misma, pero sí descubre cosas que desconocía. Esas que queremos ocultar, esas que tememos.



Este personaje es muy interesante de analizar, tanto o más más que el del propio Mortensen. Mortensen, en cualquier caso, firma aquí otra interpretación fantástica que tiene un valor doble, como su propio personaje. Interpreta dentro de la propia interpretación. En los revisionados que siguieron al primero, con curiosidad, he intentando siempre encontrar las diferencias entre Tom y Joey. En fin: Mortensen es el tipo de intérprete que puede marcar esas diferencias. Fue su primera colaboración con el director; después llegó la maravillosa ‘Promesas del este’, un par de años más tarde. Cronenberg, ahora, tiene un pequeño cameo en el debut en dirección de Mortensen, ‘Falling‘. Larga vida a estos dos juntos.



‘Una historia de violencia’ me sigue pareciendo, además, una película que puede ver cualquier espectador, independientemente de cuál sea su tipo de cine. Se mueve siempre con certeza entre la tensión y la pausa, entre la acción y la contención. Y además nos regala una de las mejores escenas finales que he visto nunca. 15 años después, sigue siendo una buena película que sabe de qué quiere hablar y que cuenta con el equipo necesario para hacerlo con rotundidad, sin fallar.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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1 Comment

  1. Esta película la estudié en una asignatura de la carrera, qué pasada que escribas sobre ella!!

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