Here Are The Young Men
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7.2

'Here Are The Young Men'

Lo Mejor
  • Representación de la juventud cansada y de sus comportamientos
  • Fotografía, dirección, banda sonora
  • Reparto atractivo y a la altura de las expectativas
  • Representación de la realidad distorsionada de sus protagonistas
Lo Peor
  • La sensación amarga que queda en el espectador

Esta crítica no contiene spoilers de ‘Here Are The Young Men’.

Un último verano de libertad. Con amigos, sin responsabilidades y sin un futuro medianamente dibujado. Tres meses para salir de fiesta, para disfrutar de la noche y quemar el día y también para enamorarse. Para Matthew (Dean-Charles Chapman), Rez (Ferdia Walsh-Peelo) y Kearney (Finn Cole), tres jóvenes que acaban de terminar el instituto, es un sueño cumplido. Un escenario inmejorable en el que satisfacer todos sus deseos y saciar toda su curiosidad. Con alcohol y drogas de por medio, fantasías y algo de vértigo cuando la soledad aprieta y su mente viaja al futuro.

‘Here Are The Young Men’, segundo largometraje de Eoin Macken, basado en la novela homónima de Rob Doyle, nos traslada a la Irlanda de principios de los 2000. Y nos introduce en el día a día de estos tres jóvenes, cuya vida y percepción de la realidad se ven transformadas tras presenciar un trágico accidente. Junto a ellos, Jen (Anya Taylor-Joy), la novia de Matthew. Quien ejerce de contrapunto y de voz de la conciencia, representando a una facción más responsable de los jóvenes, que generalmente queda fuera de la pantalla.

Macken construye aquí un buen retrato de los jóvenes desesperanzados, cansados y perdidos. Así como de la masculinidad tóxica que sigue tragándose a una importante parte de la sociedad. También de las adicciones y de cómo las drogas pueden ser comprendidas como un refugio que, en realidad, es una especie de agujero negro. Y del efecto de la crianza y la educación con violencia, que no crea a adultos disciplinados, sino apegados a esa violencia que ya forma parte de ellos. Con un ritmo atractivo, una dirección cuidada y una banda sonora tan magnética como su fotografía, ‘Here Are The Young Men’ es mucho más de lo que cabría esperar.

¿Otra más?


Here Are The Young Men

Para quien no haya leído la novela de Rob Doyle, la sinopsis de la película de Macken puede resultar demasiado común. Un largometraje que habla de jóvenes, drogas y adicciones, incluida la adicción a la adrenalina. Viéndolo así, no hay nada nuevo y probablemente nada que nos aporte cierto valor. ‘Here Are The Young Men’ puede presumir de un buen reparto que es en sí mismo un atractivo para los espectadores. Pero también de un buen análisis de esos jóvenes que muchos sentirán como lejanos, pese a estar a la vuelta de la esquina.

La cinta combina escenas potentes de fiestas y excesos con la psicodelia que caracteriza a las secuencias en las que se nos presentan la visión distorsionada de Kearney y más tarde de Matthew. Una visión de sí mismos y de la realidad que poco o nada tiene de realista. Y que es una muestra más de los estragos que hacen en los jóvenes esas drogas, la presión a la que se ven sometidos, los sueños inalcanzables que les rodean y los entornos tóxicos en los que se crían. Entre música hipnótica y el ambiente decadente de la ciudad, se cuela un particular show televisivo que araña hasta sacar a la superficie lo peor de cada ser humano. O hasta conseguir introducir en su protagonista una rabia, una maldad y un descontrol que ni siquiera le pertenecen.

El camino que recorre el personaje de Matthew está bien construido y la angustia que aprieta al personaje está bien reflejada. Y bien transmitida, como también ocurre con sus dos amigos. A través de ellos, estudiamos las diferentes reacciones del ser humano ante un golpe de realidad como es la muerte. Y también esa maduración que llega a cada uno de una manera diferente. Así como el efecto que generan en ellos los lazos, de amistad, de familia o de amor. Que pueden hacernos más fuertes, pero también hundirnos sin que lleguemos a ser conscientes de ello.

Buen resultado final


Here Are The Young Men

Todo lo que tiene que ver con el análisis del comportamiento humano, la representación de la realidad de los jóvenes hastiados y las reacciones ante la muerte está bien construido. Al nivel del resto de aspectos de la película, incluida esa contraposición de la masculinidad tóxica y la juventud abandonada a sí misma frente a la juventud preocupada, concienciada y responsable. Partiendo de un reparto que, como cabía esperar, ofrece unas interpretaciones notables y equilibradas. Dean-Charles Chapman vuelve a destacar por su fuerza y su naturalidad, pero también lo hacen Anya Taylor Joy, Finn Cole y el maravilloso Ferdia Walsh-Peelo (a quien deberíamos prestar mucha más atención).

‘Here Are The Young Men’ entretiene y empuja a la reflexión. Angustia por momentos, comparte un mundo psicodélico que termina rodeando al espectador y tiene muchas vibras de ‘Trainspotting’. Nunca he sido fan de las comparaciones, pero sólo con los primeros compases de la cinta, esta comparación sale sola. Como también surgen los juicios que se van difuminando conforme avanzamos en un visionado revelador, más complejo de lo que parece y políticamente incorrecto. Un visionado que no sólo pone a prueba nuestra imagen de toda una generación abandonada y rechazada y de sus decisiones, sino también nuestras convicciones y valores. Cuando alguien se pierde tanto que desdibuja los límites entre el bien y el mal, ¿quién tiene la culpa?



Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

En esta ocasión, ‘Atrápame si puedes’

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