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Crítica: ‘Pongamos que hablo de Sabina’

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‘Pongamos que hablo de Sabina’ acaba de llegar a ATRESplayer PREMIUM. Producido por Atresmedia Televisión, en colaboración con Happy Ending, es un documental de tres episodios conducido por Iñaki López. Donde descubrimos el lado más personal del artista de Úbeda. Lo hacemos de la mano de compañeros de profesión y de rostros conocidos y anónimos que hablan por primera vez ante una cámara de televisión. 

A lo largo de la media hora de duración de cada capítulo, Iñaki conoce, mediante entrevistas personales, tres aspectos diferentes que han marcado la carrera personal y profesional de Joaquín Sabina: ‘Pongamos que hablo de sus pecados’, ‘Pongamos que hablo de sus amores’ y ‘Pongamos que hablo de sus pasiones’. Y yo hecho en falta ver algo más de lo de siempre. Ver algo más de lo provocativo. De aquello que llama más la atención. Me gustaría poder ver sus composiciones. Sus melodías. Me gustaría escuchar hablar de lo que él ha supuesto para la escena musical nacional. Porque ha supuesto mucho. Y más.

Ver sus guitarras con aspecto ‘vintage’. Señalar aquellas que le han dado la mejor de las composiciones. O retomar esos cuadernos amarillos por el tiempo. Descubrir ese sillón donde comenzó la primera nota de ’19 días y 500 noches’.

Es cierto que un artista no es solo su obra. Pero volvemos a cometer el error de fijarnos en lo mundano. En lo que hace todo el mundo. Y encima lo hacemos desde una forma divertida, como si el alcohol, las drogas y demás consumos fuesen algo divertido. Cuando es todo lo contrario. Que Joaquín Sabina ha vivido como ha querido está tan claro como el agua. Y que nunca ha hecho apología de ello, igual. Él vivía a su modo. Pero nunca te invitaba a vivirlo con él. Porque él era él y sus circunstancias. Y sino, revisemos sus textos. Cómo explicaba todo. Cómo te lanzaba contra la realidad del día a día.



Primer capítulo: ‘Pongamos que hablo de sus pecados’

Joaquín Sabina se ha caracterizado siempre por hablar sin tapujos de ‘sus grandes pecados’: fumador empedernido, bebedor, consumidor de drogas y, tal y como ha confesado él mismo, ‘me gusta el amor pagando’. Todo eso lo ha contado él. Lo recordaremos y, además, conoceremos aspectos desconocidos hasta el momento: ¿por qué Joaquín Sabina comenzó a hacer las famosas fiestas en su casa? ¿quién tenía las llaves de su piso en Tirso de Molina?

Antes de ver el capítulo piensas… ¿Será tal cual? ¿O veremos algo más? Quizá todo esto solo sea un cebo…

Y caemos en lo rosa por un precipicio sin salida. Volvemos a remarcar, durante 30 minutos, la vida. Solo la vida. Como si sus temas fuesen algo secundario. Nos ‘reímos’ de su forma de respirar, como quien habla de un caso extraordinario. Cuando lo verdaderamente extraordinario son composiciones como ‘Princesa’, por ejemplo. O sus grandes directos. Esos conciertos intensos donde se escucha MÚSICA. Algo que escasea bastante últimamente. Porque hemos pasado de buscar la pureza de una voz, a maquillarla hasta convertirla en lo que nunca será.



Pero en este primer capítulo lo que veremos serán sus ‘pecados’. La forma de vida de un artista. La de Joaquín Sabina. Donde sus allegados y ya no tan allegados nos comentan hechos puntuales de su vida. Y la de esa puerta que tenía mil copias en llaves. Por donde pasaban todos sin pedir permiso. A veces me pregunto si aquellas personas que entraban sin llamar comprendieron que la confianza depositada hay que respetarla. Y, quizá, ellos, en algún momento, no lo hicieron como merecía la causa.

En ‘Pongamos que hablo de Sabina’ se habla de sus fiestas y de la depresión. Como si ambas bailasen de una forma virtuosa por la sangre de Sabina. Y no hacemos hincapié en el por qué. Volvemos a obviar que, a veces, es importante exponerle a la gente que todos podemos caer en la tristeza más absoluta y que, no, no se sale solo. Pero seguimos jugando abiertamente con el contexto de una montaña rusa.



Joaquín Sabina para la música no es solo los pecados. Es más, los pecados no existen. Porque, para la música, es un mundo, del cual habría que degustar, para comprender desde donde nacen las composiciones. Y las metáforas. Aquellas que perdurarán a lo largo del tiempo. Las que nunca morirán.

‘Pongamos que hablo de Sabina’

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Joaquín Sabina se ha caracterizado siempre por hablar sin tapujos de ‘sus grandes pecados’: fumador empedernido, bebedor, consumidor de drogas y, tal y como ha confesado él mismo, ‘me gusta el amor pagando’. Todo eso lo ha contado él. Lo recordaremos y, además, conoceremos aspectos desconocidos hasta el momento: ¿por qué Joaquín Sabina comenzó a hacer las famosas fiestas en su casa? ¿quién tenía las llaves de su piso en Tirso de Molina?

LO MEJOR
  • Es divertido.
  • Los testimonios sin tapujos.
  • Ritmo ágil.
LO PEOR
  • Esperaba alguna parada más profunda hablando de sus composiciones.
  • Nos quejamos de lo 'rosa', pero lanzamos 'rosa'. Incongruente.

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