Fernando González Molina ©Ana Márkez
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Fernando González Molina: “quería que esa sensación que tuve leyendo la novela estuviera en la película”

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Es un gusto hablar con Fernando González Molina, director de la Trilogía del Baztán. Es un gusto hablar con él de periodista a cineasta, y también de fan a fan, porque se percibe en seguida el amor y el respeto que el director, también navarro, tiene por la obra de Dolores Redondo. Creo que es una condición base para que una adaptación de página a pantalla salga bien: amar la obra literaria, respetarla y también entenderla. Fernando González Molina lo cumple todo, y además ha sabido trasladar muy bien las emociones contenidas en las páginas y también esa ambientación de cuento, que, me cuenta, se siente en el Valle del Baztán cuando estás allí. Ha sabido tratar bien a los personajes, que no era nada fácil, y, del mismo modo que advierto ese cariño y ese respeto, comprendo su conexión con Marta Etura, nuestra protagonista.

Hablamos de que ‘Ofrenda a la tormenta‘, la novela, era la más complicada de las tres. No solo tenía que responder todas las preguntas ya realizadas: además presenta otras nuevas. Y más personajes, más escenarios. Y ahonda más en Amaia Salazar, de la que también muestra nuevas caras. Lo que se explica en el libro, para entender la historia al completo, debía estar en la película. Y no era fácil. Yo creo, y así se lo hago a saber a Fernando González Molina, que lo han conseguido. Desde ‘El guardián invisible’ y hasta ahora: lo han conseguido. Disfrutad de la entrevista.

‘Ofrenda a la tormenta’ es un drama emocional, a veces es un drama sexual, en cierta manera también es una historia de amor, pero no creo que sea un thriller

Fernando González Molina ©Ana Márkez
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MEW Magazine (MW): Cuéntame, desde tu punto de vista, qué es ‘Ofrenda a la tormenta’ y qué habéis querido contar en esta película.

Fernando González Molina: ‘Ofrenda a la tormenta’ es lo que es: el final de una saga. El broche a una trilogía. Como final de una saga, tiene todos los elementos que tiene que tener. Es prácticamente un tercer acto constante, en el que se cierran todos los interrogantes abiertos en las películas anteriores y en esta misma. Y se da explicación a las grandes cuestiones que se planteaban desde ‘Legado en los huesos’, que es, por un lado, lo que ha sucedido en el Valle en estos tiempos en los que se ha sembrado de cadáveres, y, por otro lado, cuál es la historia y el secreto que se esconde detrás de Amaia Salazar.

Los grandes interrogantes de la trilogía. Esto es difícil de hacer: dar respuesta a todas las preguntas que se plantean en dos películas anteriores, y que el espectador sienta que las respuestas y, digamos, el desencadenante está a la altura de lo que ha imaginado. Ese es el gran desafío al que nos enfrentábamos.

Y, básicamente, yo quería hacer una película que fuera emoción desde el minuto uno hasta el final, que fuera todo el tiempo en emocional, que todo el tiempo estuviera el personaje de Amaia en tensión, obsesionada con buscar a su madre, con encontrar las respuestas, con solucionar los interrogantes, y que todo el tiempo la película girara y girara y girara, y fuera muy entretenida. Y que, a partir de un momento, girara, y fuera muy emocional, y el espectador realmente sufriera con Amaia los grandes momentos emocionales que la película vive, que a partir del centro son constantes. Eso es lo que queríamos hacer: darle una final a la altura.

MW: Supongo que tengo que darte la enhorabuena, porque yo he llorado mucho con ciertos… momentos que no voy a decir, claro, por no hacer spoiler. Así que enhorabuena, porque esa parte de la emoción está conseguida.

Fernando González Molina: Muchas gracias (risas). Por no contar demasiado, pero yo tenía el recuerdo de haber llorado mucho leyendo la novela. Y entonces quería que esa sensación que yo tuve leyendo la novela estuviera en la película, tenía como mucha obsesión con esto. Yo creo que sí que está esa sensación de pérdida que tiene el personaje de Amaia.

MW: Viendo ‘Legado en los huesos’, recuerdo que pensé: esta película es tensión. No sé qué sientes que es lo que más caracteriza a ‘Ofrenda a la tormenta’. ¿Quizá esta emoción?

Fernando González Molina: Yo creo que lo que hablábamos. ‘Legado en los huesos’ es frenética y es tensión, y ‘Ofrenda a la tormenta’ es intensa y es emoción. Yo creo que son distintas. ‘Legado en los huesos’ es un thriller en el que no dejan de pasar cosas, que tiene un tercer acto muy emocional. ‘Ofrenda a la tormenta’ es más un drama, con elementos de misterio y thriller, en el que el drama pesa mucho. Lo que le sucede a Amaia, lo que vive el personaje pesa mucho. Es un drama emocional, a veces es un drama sexual, en cierta manera también es una historia de amor, pero no creo que sea un thriller. El fin de la trilogía es otra cosa. Para mí, tiene mucho más que ver con un drama, y casi diría que es una película romántica muy, muy oscura.

Con Marta (Etura) y con Leo (Sbaraglia) ha habido un ejercicio muy grande de lo que no se dice, lo que no se cuenta, lo que se siente pero no se transmite

MW: Partís del libro, claro, que además, como ya te he dicho, me parece el libro más complejo de todos. Tiene muchos personajes, muchos escenarios, te lleva de un lado a otro… Entonces, a la hora de adaptarlo, ¿qué era para ti lo fundamental de este último libro? En el sentido de: ¿cuál crees que es la esencia de este libro?

Fernando González Molina: Yo creo que la película bascula alrededor de tres elementos. Uno es Amaia y la búsqueda de su madre, y su historia familia. Por otro lado, su relación con el juez Markina. Y en tercer lugar, el caso propio de la película, que al final recoge los casos de las películas anteriores, y que tienen que ver con las sectas y el fanatismo. Esos tres elementos son los que vertebran la película. La muerte de los bebés que está asociado a ciertos rituales, la relación con la madre y la obsesión con la historia familiar, y la relación con Markina. Esos tres elementos son los que tenían que estar en la película, y al final confluyen unos con otros.

La idea era intentar ordenar toda esta cantidad de secuencias y momentos que tiene la novela y dejar la esencia. Aunque tuviéramos que perder algunos elementos importantes por una cuestión de timing, de minutaje en la película, sí se diera respuesta y el tiempo necesario a la construcción de esos tres conflictos.

MW: Desde un punto de vista narrativa, dices que casi lo sientes más como un drama que como un thriller… ¿Cómo hablabais del ritmo que tenía que tener la película? ¿Cómo construíais los silencios, toda esa tensión?

Fernando González Molina: Ha partido mucho de los ensayos con los actores. Con el trabajo con Marta, y sobre todo con el trabajo con Marta (Etura) y con Leo (Sbaraglia), ha habido un ejercicio muy grande de lo que no se dice, lo que no se cuenta, lo que se siente pero no se transmite. Un poco las dos capas de dónde están los personajes fuera y dónde están los personajes por dentro. Ese trabajo en los ensayos con ellos intentamos trasladarlo al rodaje.

Y luego en el montaje, aunque es una película muy frenética, en la que pasan muchas cosas, que tuviera, digamos, la construcción de algunos momentos de drama. Por eso te digo: al final, los thrillers son muy frenéticos todo el tiempo, no tienen tiempo de parar, siempre tiene que haber nueva información. ‘Ofrenda a la tormenta’, por eso, es casi más un drama. La historia necesita a veces parar para dedicarle tiempo a la construcción del personaje y sus conflictos y su drama. Hay secuencias en las que la acción no avanza y lo que hace es contarte que es lo que esta pasándole por dentro a Amaia.

Marta ha hecho uno de los trabajos más bestias que he visto en el cine español

MW: Y quedándonos con los personajes, ¿cómo valoras la trayectoria que habéis recorrido? Sobre todo con los personajes principales; evidentemente, sobre todo con Amaia.

Fernando González Molina: Yo creo que Marta ha hecho uno de los trabajos más bestias que he visto en el cine español. Primero por tamaño y después por dificultad, porque al final es la protagonista de tres películas en las que va quemando etapas, reconstruyéndose, siendo una superviviente, sobrellevando situaciones, haciéndose más fuerte… Y ese trabajo, cuando lo ves seguido, es muy espectacular. Es el alma y la esencia de la película.

En mi caso concreto, en mi trabajo con ella aparte, ha habido un momento rodando en que ya no hablábamos. Entendía perfecto lo que quería; le miraba, me miraba, o le daba cuatro claves que ni siquiera eran de la secuencia, eran mas emocionales, de sensaciones o de cómo se siente el personaje. Ella siempre cuenta que en una secuencia le dije: mira, aquí tu personaje es como cuando estás caminando por encima de un lago y empieza a resquebrajarse, pues así te tienes que sentir. Que yo ni me acuerdo (risas). Y ella siempre lo cuenta como: a mí me contaste esto, y yo sabía lo que tenía que hacer. Hemos entrado en un estado de comunicación muy bestia. Íbamos de la mano todo el tiempo. Han sido muchos meses de trabajo y yo creo que eso se ve en pantalla.

Con el resto de personajes igual. Es mucho tiempo, son muchas horas, son muchos ensayos. Son tres películas. Desde Elvira Mínguez, Nene… Cualquiera de los personajes de la película. Hemos ido matizando, dándoles volumen, haciéndoles cada vez más… Que estuvieran más vivos. Que tuviéramos la sensación de que son de carne y hueso. Y eso te lo permite el tiempo. El tiempo que le hemos dedicado a rodar estas películas y a contar esta historia.

Uno de los grandes éxitos de las novelas y de Dolores Redondo es haber retratado tan bien ese lugar

MW: Otro personaje casi es el Baztán, el propio Valle. Aunque en esta tercera parte nos vamos más allá, nos vamos a conocer otros sitios, otros ambientes… ¿Cómo habéis trabajado con este escenario en ‘Ofrenda a la tormenta’ y qué has querido tú capturar? ¿Qué sonidos, qué imágenes?

Fernando González Molina: En el caso de ‘Ofrenda a la tormenta’… Es verdad que partimos del Valle del Baztán como un personaje de la película; sus sonidos, sus ecos, también sus no-sonidos, su grave, esta sinfonía de la niebla… Hemos partido de ahí, que ya era el lugar en el que estábamos en las otras dos películas, pero esta quizá es la menos Baztán de las tres, en tanto en cuanto Pamplona, las calles de Pamplona, los lugares, la piedra, lo urbano… forman parte también de la historia.

Entonces, quizá, aunque los bosques siguen formando parte de la historia, para mí es la menos Baztán de las tres. Viaja a muchos otros lugares, no está tan cerrada en el Valle. Que al final, evidentemente, empieza y acaba en el Valle. Pero digamos que aquí la película se hace más angulosa, más retorcida, viaja a otros lugares distintos. Incluso tiene una sonoridad y otra fotografía.

MW: Y aun así cada vez que hay un plano general del Valle, te recuerda que estás viendo la Trilogía del Baztán. Yo siempre he tenido la sensación de que esta historia no se podría haber contado en otro lugar, y eso te lo transmiten las imágenes, aunque sean menos en esta película.

Fernando González Molina: Sí, sí, estamos en el Valle igual. Al final, el Valle es lo que decimos: es el lugar y el centro de la historia. Y al final el interrogante es qué ha sucedido en este valle desde hace cien años y cómo marca esto el devenir de los personajes. Evidentemente, no se podía haber contado en otro sitio; fotográficamente es un lugar muy especial, su luz, las sensaciones que sientes ahí, cuando estás de cuerpo presente, cómo es la gente, el carácter de la gente, que ha marcado también mucho el carácter de los personajes… Eso está en la película. Y yo creo que uno delos grandes éxitos de las novelas y de Dolores Redondo es haber retratado tan bien ese lugar.

MW: Yo no he estado, fíjate, y parece que he estado.

Fernando González Molina: Sí, ¿no? Te lo hemos enseñado mucho (risas).

MW: Sí, de verdad. Y cada vez que me acerco a cualquiera de las películas, siento que de verdad he estado ahí. En ese sentido, también habéis hecho un trabajo fantástico.

Fernando González Molina: Eso es lo mejor que puedes decir, ¿no? Porque realmente esa es la idea. Para mí una película es eso: te coge de la mano, y te sienta en una butaca, o en tu casa, y pones la película y viajas a un lugar, y tienes que tener la sensación de que conoces ese lugar y de que Amaia Salazar es alguien que tú conoces también y que forma de tu entorno. Es lo que siempre buscas como director.

Sentía que era para mi, y por eso quise hacerlo

MW: Precisamente te iba a preguntar, como director: ¿por qué sentiste que esta trilogía era atractiva para llevarla a la gran pantalla?

Fernando González Molina: Tú que te has leído las novelas, casi no hace falta que te lo conteste (risas). Probablemente sea una de las historias más apasionantes que he leído en la literatura española. Son adictivas, emocionantes, con personajes de mujeres fuertes, potentes, poderosas, con un elemento mágico muy interesante, desarrolladas en un entorno increíble… Cuando lees las novelas… Es que parece que Dolores ha escrito películas. Es que parecen películas. Te traslada a lugares, y eso me parecía muy apasionante. Y soy navarro, entonces yo creía entender muy bien como había que tratar ese lugar, los personajes. Entendía muy bien ese matriarcado, ese tipo de sociedad en que las mujeres tienen tanto peso… entonces sentía que era para mi, y por eso quise hacerlo.

MW: ¿Siempre habéis sentido todo como un todo o habéis ido trabajando libro por libro?

Fernando González Molina: Siempre, siempre como un todo. Evidentemente, yo he trabajado libro por libro, pero el desafío fue siempre hacer tres películas. La idea fue hacer tres películas, y también lo excepcional era hacer tres películas. Una historia que se cuenta en tres actos. Primero rodamos ‘El guardián invisible’, también por una cuestión de viabilidad, de valorar si efectivamente había interés por que contáramos esta historia. Descubrimos que sí, y a partir de ahí… De hecho, como sabes las otras dos películas se rodaron juntas, de manera conjunta, porque para nosotros siempre era como un todo. El personaje tenia que hacer el viaje completo, desde ‘El guardián invisible’ a ‘Ofrenda a la tormenta’. La sensación era esa: tener la oportunidad de contar un personaje en tres películas. Eso era lo realmente inédito en el cine español.

MW: Para concluir, y para quien todavía no haya tenido oportunidad de acercarse a esta trilogía, ¿por qué la recomendarías tú? Por qué le dirías: oye, mira, tienes que ver esta trilogía.

Fernando González Molina: Bueno… (risas). Siempre es tan difícil esto de tus propias historias. Pero yo creo que tienen que verla porque tienen la oportunidad de viajar al corazón de este Valle, del Valle del Baztán, al corazón de la protagonista, y descubrir todos los secretos que esconde y la historia de la familia de Amaia. Es un viaje… Es una saga, en el más amplio sentido de la palabra, es una gran saga familiar en la que el espectador no va a perder tregua, y en la que todo el rato se plantean preguntas que se van respondiendo. Si no conocen la Trilogía del Baztán, les animo a leerla en primer lugar, y después a verla en pantalla. Creo que realmente es un viaje a un lugar muy mágico.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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