‘La materia oscura‘ parece confirmarse como una ficción especializada en los cliffhangers. En este sexto episodio, a tan solo dos de concluir esta buena primera temporada, hemos tenido que contener el aliento en los instantes finales. Cuidado con los spoilers a partir de aquí, aunque procuraré pasar un poco por encima de ellos para quien solo quiera unas impresiones generales antes del final de esta primera entrega de la ficción de HBO.
Tengo sentimientos encontrados tras el visionado de este sexto episodio. Lo he disfrutado del mismo modo que he venido disfrutando los anteriores, y esa escena entre Lyra (Dafne Keen) y la señora Coulter (Ruth Wilson) voy a recordarla siempre con una sonrisa en los labios, como recordaré la confesión de Lee Scoresby que tiene que ver con Lyra y con algo tan evidente, de algún modo tan desconocido para él, como es el amor.
He disfrutado de este episodio porque ‘La materia oscura’ sigue siendo un producto perfecto para ver con la atención con la que se tendrían que ver todas las ficciones: está muy bien hecha, los personajes son fantásticos y están tan definidos que es inevitable quedar prendado de un par de ellos, y pasan muchas cosas. Esto último, sin embargo, ha propiciado mis sentimientos encontrados.
Creo que ‘La materia oscura’ ha cambiado de marcha dispuesta a pisar el acelerador. Esto no es necesariamente malo, pero como he dicho en más de una ocasión a mí me gustan las series que se toman su tiempo y no buscan llegar antes a un destino al que vamos a llegar igualmente, sobre todo cuando se puede disfrutar del paisaje. Pasan, quizá, demasiadas cosas en este sexto episodio; no me atrevo a afirmarlo todavía, pero a lo mejor se han quedado cortos esos ochos iniciales que en un principio no me parecieron descabellados. Esto no quiere decir que esté mal construida o desarrollada, pues los acontecimientos se suceden unos a otros con coherencia, pero a una velocidad mayor de la que me gustaría. Insisto: es una percepción personal. Soy muy de disfrutar del paisaje, y este paisaje me gusta tanto que solo quiero que se entretengan en él.
Centrándonos en lo visto: Lyra ha conseguido que todos los niños (los que aún quedaban con vida) escapen de los experimentos con los que buscan una división absoluta entre persona y daimonion. Es curioso cómo se refieren a este acto en todo momento como “amputación”; más que curioso, en realidad, es muy valioso. La elección de palabras en esta historia está muy cuidada, y creo que dice mucho que en este caso se hayan decantado por la amputación.
Escapan, en parte ayudados por los gyptanos, pero siempre liderados por Lyra, que empieza a hacerse grande. No literalmente, porque no dejamos de ver a la niña del primer episodio, más bien en cuestiones de poder y confianza. Ese enfrentamiento con su propia madre deja muy claro que no va a dejarse pisotear por nadie, nunca más, y que va a luchar por lo que quiere. Y lo que quiere, después de liberar a los niños y las niñas, es rescatar a su padre, lord Asriel (James McAvoy). A ella se le une Roger, un Lee Scoresby ya entregado y también Iorek, más reticente a admitir cualquier tipo de sentimiento positivo pero igualmente conquistado por Lyra. En su camino al rescate, son atacados. Y rescatamos nosotros el tema de los cliffhangers: son atacados y Lyra cae al vacío.
Así concluye el episodio, con Lyra cayendo. No sabemos qué vendrá después.
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