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‘Patria’, capítulo 4: emociones frías

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He sentido el cuarto capítulo de ‘Patria’ un capítulo menos emocional, más frío. Más dedicado a seguir esbozando ese retrato complejo del que parte que a conectar con nuestras emociones, pero en parte es así porque las emociones aquí retratadas, aunque existen, son tan frías que no es tarea fácil conectar. Ni siquiera tenemos por qué querer hacerlo. En cualquier caso, por mi parte, estoy más que conectada a esta historia, incluso cuando me muestra su lado más frío. Porque esto también es ‘Patria’, y esto también es esta historia, y el frío mencionado tiene también mucho peso.

Desde un punto de vista de apreciación de la ficción, su punto fuerte sigue siendo lo bien que queda retratada la rutina, el día a día de las familias, sus relaciones, la naturalidad de las conversaciones y las expresiones que se emplean, que nos arrancan sonrisas involuntarias porque las reconocemos en nuestras propias familias, de una manera u otra. No es que ‘Patria’ esté cerca del documental, porque nunca deja de ser una ficción. Es que es una ficción muy bien hecha. Pero, desde este punto de vista del casi documental, también encuentro el punto fuerte donde lo he encontrado desde el principio: ese retrato llevado desde la serenidad que se aborda desde muchos ángulos y que no busca el juicio constante, sino contar, mostrar, explicar. Cualquier tipo de juicio que podamos ver se forma a partir de esto.


Patria, capítulo 4 - Foto: David Herranz | HBO
Foto: David Herranz | HBO

El frío, sin miedo

Este cuarto episodio de ‘Patria’ ha puesto su gran foco en ETA. Desde dentro. Con la cámara sobre Joxe Mari (Jon Olivares) seguimos sus pasos desde Francia hasta que es asignado a un comando que debe actuar en una zona que incluye su propio pueblo. Lo vemos ascender, o lo vemos, al menos, hacerse cargo de una misión. Aceptar las responsabilidades que le llegan, incluso aunque por un momento veamos la duda en su mirada, porque también la vemos. Seguimos, como digo, sus pasos. Y esto se retrata sin miedo. No hay miedo a la hora de entrar en la organización terrorista y disponer ante nosotros sus operaciones. No es la primera vez que se hace en nuestra ficción, pero pocas veces antes se había hecho así de bien. Sin exaltaciones, sin espectáculos. Desde la serenidad, y sin miedo a poner nombre a las cosas.

Es en estos momentos con Joxe Mari cuando he pensado que es un capítulo menos emocional que los anteriores, más frío. Lo entiendo así por varias razones. Porque nos resulta más complicado sentir cerca a esas personas que se salen de la rutina de las familias, que están lejos y que están en una guerra que podemos explicar pero que no podemos entender. Porque nos dicen cosas que nos dejan helados (“hay que darle caña hasta que el Estado se siente a negociar”, cuando hablan de ir a por los cuerpos de seguridad como quien manda a su hermano a por una barra de pan). Cosas que además recibimos con voces que parecen carentes de emociones, como una orden mecánica, una rutina más.

Y claro que es así, porque estamos asistiendo a un entrenamiento armado. A la disposición de los movimientos a seguir, donde hay que mantener la cabeza fría y donde no hay lugar para compañerismos, lágrimas, dudas o miedos En estas escenas no hay emoción, son escenas frías. Esto también es ‘Patria’, y esto también es esta historia.


Patria, capítulo 4 - Foto: David Herranz | HBO
Foto: David Herranz | HBO

Saludos mentales

Reconstruimos de nuevo el momento en que Txato (José Ramón Soroiz) es asesinado, y lo hacemos añadiendo tres nuevos elementos a la acción: una visita muda de Joxe Mari a Txato un par de horas antes de morir, y dos encapuchados siguiendo sus pasos instantes antes de ser disparado. Uno de ellos es Joxe Mari, aunque nos cueste verlo con claridad. A unas imágenes que ya vamos reconociendo (Txato despertando, el café, el adiós a su mujer), vamos incorporando otras nuevas. Y así será hasta que tengamos la imagen completa.

Txato, sin embargo, no tiene miedo, ni siquiera cuando Joxe Mari lo visita, ni siquiera cuando Bittori (Elena Irureta) le recuerda que seguramente forme parte de ETA. Ni siquiera cuando incorpora a esa rutina tan bien contada el buscar bombas debajo del coche, un acto que hace con naturalidad. Un acto con el que seguimos advirtiendo su carácter tranquilo, por el que tan injusto nos resulta el resto de la historia.


Patria, capítulo 4 - Foto: David Herranz | HBO
Foto: David Herranz | HBO

Por otro lado, Joxian (Mikel Laskurain) ha sido el otro gran protagonista de este episodio. Fue una de las escenas que más me impresionó al leer la novela de Fernando Aramburu. Una conversación entre Joxian y Txato en el que el primero se disculpa por no estar a su lado. Quiere que tenga claro que, siempre que lo ve, lo saluda en sus pensamientos. Como si fuera suficiente.

Joxian sí tiene miedo. Es un cobarde, Txato lo señala y Joxian lo acepta sin vergüenzas. Lo sabe. Debería estar junto a su mejor amigo, y sin embargo se deja llevar por un pueblo que está siendo injusto, en el que todos se están arrastrando entre todos por eso mismo: por el miedo. Por lo que puede significar dar un paso al frente y señalar la injusticia que se está cometiendo con uno de los suyos. Claro que otros lo piensan de verdad, pero la mayoría (incluida Miren y su falta de ideas propias) se dejan llevar por una corriente que arrastra muchas cosas, muy pocas de ellas concretas.

Con Joxian exploramos también, en esta ocasión, las horas posteriores a la muerte de Txato. En él vemos culpabilidad, arrepentimiento, remordimiento y dolor. Es curioso cómo esa cobardía pervive incluso cuando la banda ya no actúa, pues también le teme a Bittori, a lo que la mujer representa en su conciencia, en su familia y en el pueblo, y en lo que puede provocar en esos tres escenarios. Pese a todo, toma la carta que le entrega para su hijo. Joxian nunca deja de ser el hombre acobardado y conformista que ha sido siempre, pero tampoco olvida lo que está bien y lo que está mal, y a veces hasta se atreve a apostar por ello. Un poco.

Lo que viene

Miren rompe la carta que Bittori ha escrito a Joxe Mari, pero no tiene ninguna importancia porque la propia Arantxa (Loreto Mauleón) le da a Bittori la clave para ponerse en contacto con él: tiene que escribir a la cárcel. Y así lo hace. Es la última escena que tenemos del episodio: un buzón de correos, ante el que Bittori duda para finalmente dar el paso. Envía la carta. Lo que viene, nacerá a partir de esto, pero seguiremos explorando el pasado donde hemos descubierto, en estos últimos minutos, la tristeza auto-impuesta de Xabier (Iñigo Aranbarri).

El quinto capítulo de ‘Patria’ estará disponible en HBO España a partir del próximo domingo 18 de octubre.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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