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Este viernes 8 de noviembre llega a nuestros cines ‘Pequeñas mentiras para estar juntos‘, la secuela que Guillaume Canet, director y guionista del origen de todo esto, ha creado junto a Rodolphe Lauga. Lo han hecho a partir de ese fenómeno que sacudió Francia hace casi una década: ‘Pequeñas mentiras sin importancia‘, la película que habla de (casi) todo.

En dos horas y media, Guillaume Canet nos plantea un escenario típicamente humano. Un grupo de amigos se reúne como cada verano para pasar las vacaciones juntos, lejos de París, salvo que ese no es un verano cualquiera: un trágico accidente ha tenido lugar y tienen que enfrentarse a ello, cada uno a su manera. Con las emociones a flor de piel tras lo sucedido, todos tendrán que hacer frente a cimientos que se tambalean en su interior, fantasmas, verdades, iras y sentimientos. La mayoría, lo hará en silencio. Y la mayoría se refugiará en pequeñas mentiras que contamos a diario, también a nosotros mismos. A medida que uno entra en la dinámica planteada por el director francés, comprende cuántos pequeños detalles de este estilo han quedado encerrados en la película. Una película que, por cierto, no es todo lo dramática que pueda indicar esta pequeña sinopsis: ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ prefiere acercarse al público de una forma agradable.

En ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ se habla de la amistad, creo que por encima de todas las cosas. Supongo que esa es una de las razones por las que fue un fenómeno en Francia, porque seamos conscientes de ello o no, pocas cosas nos mueven tanto como esos sentimientos que proyectamos hacia los amigos, ya sean deseados, consolidados o perdidos. Desde nuestra más tierna infancia nos enseñan, nos inducen, a buscar amistades verdaderas que conservar toda la vida; es prácticamente lo primero que aprendemos, que buscamos, que nos esforzamos por mantener. Y por eso nos mueve y nos gusta verlo en pantalla, ya sea para disfrutarlo o para sufrirlo. Con ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ tienes un poco de las dos cosas: disfrutas de lo que ves, porque lo que ves es un grupo de amigos que se quieren, pero también lo sufres, porque no siempre se quieren bien. Vamos, lo que viene siendo el ser humano.

Aprovechando la larga duración de la película, que en ningún momento resulta pesada, Guillaume nos plantea un abanico grande de personajes diferenciados entre sí y con una historia personal que seguimos a medida que avanza la trama, porque en ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ todo se retroalimenta. Y es fácil conectar con ellos, con lo que nos está contando el cineasta francés y con lo que estamos viendo, porque está planteado de manera natural y muy humana. Los defectos de cada uno de ellos no se suavizan, casi al contrario. Las virtudes descansan sobre todo en los silencios, las miradas y esas simples palabras que sin decir nada lo dicen todo, y para ello se vale de un elenco actoral encabezado por Marion Cotillard que nos lleva de una emoción a otra sin dificultad.

El amor. El amor es detonante, problema y solución. En cada uno de ellos encontramos una de estas fases, y cada uno de ellos afronta lo que siente de maneras tan diversas que ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ termina resultando una exposición del ser humano y al mismo tiempo un espejo. En esta película, hay parejas que se quieren, hay parejas que se quieren pero de modo diferente y hay (casi) parejas que pese a quererse no pueden estar juntas, porque no saben o porque en el fondo no quieren. Hay amores no correspondidos, hay promesas de cambio, deseos de algo mejor y un temor que vuela por encima de todos, porque hacer frente y pelear por todo lo anterior da mucho miedo.

También se habla de la muerte. De una manera completamente diferente a como se aborda todo lo demás, como si fuera una complemento de ese temor que sobrevuela las cabezas de todos los protagonistas. La muerte no está prácticamente presente en sus conversaciones, precisamente porque aterra, precisamente porque la tienen ahí, y el espectador es capaz de verla y es capaz, de querer hacerlo, de pensar en todo lo que nos está intentando decir Guillaume Canet con esta presencia constante pero invisible. Es posible que ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ te deje un poso duradero en este sentido pero, al final, también se habla de la vida en esta película.

Y todo esto se desarrolla con un guion muy suave, sin grandes discursos ni intenciones moralistas de ningún tipo. Como he dicho, es una película natural, planteada y ejecutada de tal manera que casi parezca un documental que recoge el día a día de un grupo de personajes que tienen algo que enseñarnos y bastante que aprender. Se mienten, se quieren, se apoyan, se hacen daño, se vuelven a querer, a veces también a ellos mismos. Suena a lo que es la vida, ¿verdad?

Pequeñas mentiras sin importancia

8

Lo mejor
  • El reparto, fantástico, y sus personajes
  • La sensibilidad y la buena mano de Guillaume Canet, un director francés del que siempre hay que estar pendiente
  • La cantidad de temas y cuestionar que es capaz de plantear ante el público sin que en ningún momento abrume
  • Que, a pesar del fondo dramático, es una película entretenida y agradable de ver
Lo peor
  • Pese a no ser perfecta, me cuesta ponerle nombre a sus pequeños defectos que, desde luego, no tienen importancia
Judith Torquemada

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