Recapitulamos (Series)

Recapitulamos: Nada es tan maravilloso como lo que vemos en ‘Vincent and the Doctor’

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‘Vincent and the Doctor’ es el décimo episodio de la quinta temporada de ‘Doctor Who’, la temporada en la que Matt Smith aterrizó con la TARDIS en nuestras pantallas. Por cierto, creo que no aprecié lo suficiente en su día al undécimo Doctor, y desde que me di cuenta de ello no me gusta dejar pasar una oportunidad de reflejar lo mucho que aprecio ahora su gran trabajo. Dicho queda.

Fue Richard Curtis el encargado de escribir uno de los episodios más emotivos que se recuerdan. A Richard Curtis le conoceréis por muchas cosas: ‘Notting Hill’ (1999), ‘Love Actually’ (2003) o ‘Una cuestión de tiempo’ (2013), por mencionar algunos de sus grandes trabajos. En todos demuestra lo mismo que demuestra en ‘Vincent and the Doctor’: que su principal preocupación es transmitir emociones al público. Enhorabuena, Richard Curtis, porque no hay ocasión en que vea este capítulo y no termine llorando. Buen trabajo.

Pasan muchas cosas con ‘Vincent and the Doctor’. Es inevitable caer rendido ante el escenario propuesto, pues las calles del Arles de finales del siglo XIX nos envuelven con su encanto y esa sensación que va siempre acompañando al Doctor de que todo es posible. Las imágenes, reconocibles por la mirada que ya conocíamos de Van Gogh, y los colores que impregnan el episodio, tan potentes como los que utilizaba el genio, son un elemento imprescindible para generar esa sensación de que estamos viendo un capítulo especial.

Este episodio es un homenaje a una de las figuras más populares de nuestra historia e incluso con ciertas cosas que podrían ser señaladas, se nota que está hecho desde el corazón. Vincent Van Gogh ha generado, desde su fallecimiento, curiosidad y fascinación a partes iguales. Con esta aventura ficticia a su lado, se nos permitió acercarnos a su figura, a su forma de entender el mundo o al menos a la forma en que creemos que entendía el mundo; su reflexión sobre los girasoles y su perspectiva, tan personal y auténtica, del cielo estrellado son dos escenas que siguen emocionándome como la primera vez.

Su especial conexión con la naturaleza y las formas que sentía que dibujaba para él; los colores que brillaban con más intensidad en sus ojos que en los del resto; los detalles insignificantes que él dibujaba con la pasión de quien disfruta de las cosas más corrientes… Con el Doctor y Amy junto a él, observándole como seguramente le observaríamos todos si se nos concediera esa (imposible) oportunidad, fuimos capaces de entender el desarrollo de sus cuadros y la complejidad de su persona.

Eternamente señalado como alguien que sucumbió a la locura, qué importante siento ahora, cuando por fin las enfermedades mentales empiezan a librarse de un histórico estigma, que el Doctor se arrodille a su lado y le diga eso de «no creo que estés loco, la depresión es muy compleja». Van Gogh no le deja continuar, pero ni siquiera hace falta porque entendemos el mensaje.

‘Vincent and the Doctor’ es tan especial porque siempre ha fascinado la figura de Van Gogh, por fin admirado, por fin (algo) comprendido. Con este capítulo nos acercamos a él y sentimos que, de alguna manera, se hace justicia para un hombre que no tuvo justicia en vida. Sus últimos minutos nos proporcionan satisfacción, esperanza y una especie de consuelo ajeno, como si viviéndolo nosotros estuviéramos sanando las heridas del pintor.

Por eso este capítulo es tan especial. Con esta ficción siempre nos hemos sentido parte de las aventuras de los protagonistas, eso no es nuevo, pero en esta ocasión, además, se cumplen otros sentimientos generalizados: el «ojalá Van Gogh supiera cómo le vemos ahora» o el «ojalá hubiera tenido éxito en vida». Aquí lo hemos vivido. Y lo hemos vivido con unos colores que brillan como nunca en ‘Doctor Who’, porque nada es tan maravilloso como las cosas que veía Van Gogh, le dice el Doctor al final. Y nosotros las hemos visto también.

Posdata: no se me olvida ni se me olvidará nunca el nombre de Tony Curran, actor escocés que le da vida. Amén.

Judith Torquemada

El personaje: Polly Gray, la jefa de los Peaky Blinders

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