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Todo lo que está bien en la tercera temporada de ‘Élite’

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Cuidado, este artículo contiene spoilers de la tercera temporada de ‘Élite’. 

‘Élite’ no es mi serie favorita, ni siquiera creo que sea de las mejores que hemos visto en los últimos años. No aporta demasiado nuevo y tiene muchos aspectos que mejorar. Pero esto ya lo ha contado demasiada gente, ¿no? Sin embargo y pese a todo lo anterior, la de Netflix es una de las ficciones más vistas a nivel mundial y que los adolescentes disfrutan de manera especial. Claro que lo que vemos en la pantalla, si nos quedamos en la superficie, no tiene mucho que ver con lo que ellos viven o yo viví en primera persona hace unos años. No he ido a un colegio de lujo. Mis padres no me han obligado a salir con un millonario para salvar nuestras increíbles bodegas y nuestro apellido de marqueses. No me he montado tríos, ni salía hasta el amanecer con dieciséis años. Pero tomarse esas licencias no es un delito y, sobre todo, no es algo que haya inventado ‘Élite’. A ver si en su día compramos ‘The O.C.’ y ‘Gossip Girl’ y ahora nos vamos a poner quisquillosos. 

Bueno, que me desvío. Como decía, si nos quedamos en la superficie, lo que está en la pantalla dista mucho de lo que nos rodea. Pero si escarbamos un poquito, que es lo mínimo que se le puede poner al espectador y, además, esta serie lo pone fácil, encontraremos las muchas cosas buenas que acompañan a su superficialidad. Centrándonos en esta tercera temporada, no puedo por menos que comenzar con la capacidad de cambio. Por suerte, los jóvenes parece que cada vez son más abiertos, o quieren serlo. Más conscientes de los problemas que les rodean, aunque no les afecten de manera directa. Se implican más en temas como la política o la igualdad. Y contagian en parte a los que están a su alrededor y no terminan de entrar en ese movimiento hacia delante que muchos están protagonizando. Nos gusta ver esto, nos gusta ver que muchas chicas no contemplan la depilación como obligatoria, que hay chicos que se interesan por el feminismo y su lucha, que se respeta la orientación sexual del otro, etc. Pero a veces, en este precioso periodo, negamos la capacidad de cambio al que está a nuestro lado. 

Yo misma lo he hecho. Todos conocemos a alguien que se ha quedado a vivir en las cavernas, que no avanza y en el que todo parece estar mal. Y muchas veces lo damos por imposible. Creemos que no existe esa posibilidad de cambio y ni siquiera nos esforzamos en empujarle hacia él, porque en el fondo no creemos en las segundas oportunidades. Con las series también pasa. Jamás creí que vería al Guzmán que he visto en esta tercera temporada de ‘Élite’. Ni a la Carla del último episodio. Esos que llegaron con la errónea etiqueta de malos son el vivo ejemplo de que las personas tenemos capacidad de cambiar y de transformarnos, un cambio que tenemos que realizar nosotros mismos, pero que también puede venir impulsado desde el exterior. Segundas oportunidades que, por pereza o por desinterés, muchas veces negamos a nuestro entorno y que siempre deberían existir. 

Élite

Me he puesto intensa, lo sé. Pero la cuarentena me está haciendo reflexionar mucho y, aunque les parezca mentira a sus detractores, la tercera temporada de ‘Élite’ también. En ella, me ha gustado ver algo que, a su vez, me ha horrorizado. En contraposición a este concepto tan naif y a veces utópico del cambio a mejor nos encontramos con uno de los aspectos más básicos del ser humano: cometemos errores. En el caso de Omar, sus errores son evidentes, pero también muy humanos. Sometido a una presión incomparable y que solo conocen aquellos que, por desgracia, han tenido que vivir el cáncer de una persona muy cercana, busca una vía de escape y la encuentra de la peor de las maneras. Y, sin embargo, no veo que haya un juicio negativo por parte de Ander, que entiende lo que está ocurriendo y comprende la necesidad de salir. Aunque como espectadores puede que nos haya dolido esto, por lo que significa esta pareja, está muy bien construido y muy bien mostrado y, sobre todo, es importante que aparezca de esta manera. 

Como también son importantes otros aspectos que quizá veamos más claramente. La unión de las mujeres, en contraposición de esos enfrentamientos a los que siempre nos hemos visto conducidas. Una unión que también nace del error, como ocurre con una Rebeka que nos muestra la necesidad de trabajar continuamente en nuestro crecimiento. Lo hace cuando se disculpa ante Carla y afirma en alto lo que todos estábamos pensando: yo, tan feminista que me considero, y casi te mato por un tío. Pequeños detalles que hace años era inimaginable ver en una ficción de este corte y que reflejan el camino que está tomando actualmente la juventud y la sociedad en general. 

Élite

Esta unión también la vemos en Nadia y en Lucrecia, siendo este personaje otro de los claros ejemplos de que no tenemos que juzgar por la fachada. De que necesitamos escuchar a las personas que tenemos a nuestro alrededor, porque puede ser que aquellas que parezcan más seguras de sí mismas, más afortunadas y más engreídas estén gritando auxilio y nosotros no seamos conscientes. En ella, también está esa capacidad de cambio, la cual diría que es uno de los principales ejes en torno a los que gira todo en esta tercera temporada de ‘Élite’. 

Está bien que una serie como esta, dirigida a un publico mayoritariamente joven, mande este tipo de mensajes de manera clara. Está bien que no se juzgue el amor completamente libre, que se presente el peligro que suponen las enfermedades mentales que están atacando a las generaciones más jóvenes de nuestra sociedad, que se vea claramente que los padres y los adultos también cometen errores, muchas veces irreparables, que no haya buenos ni malos, porque en la vida tampoco los hay. Está bien que se deje un espacio tan grande a la reflexión y a la duda, que se nos invite a ponernos en la piel de los personajes como deberíamos ponernos en la piel de las personas que nos rodean y que se muestren, aunque de manera adornada y lujosa, los muchos y complejos problemas a los que se enfrentan unas generaciones que parecen tenerlo todo y que cargan con un importante peso invisible a sus espaldas. 

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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