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‘Wind River’: querrás volverla a ver

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Qué gran trabajo el de Taylor Sheridan en ‘Wind River‘. Esta película, que nunca llegó a estrenarse en los cines de nuestro país, es una auténtica sorpresa y puede convertirse en una de esas películas que se aman para siempre. ‘Wind River’ es un thriller; frío, seco, duro, directo. Violento. Te golpea como puede golpearte el frío que se siente en las montañas enterradas en veinte grados bajo cero. Invade nuestro interior como invade el mismo dolor, de forma incontrolable, casi siempre sin avisar. Pero es también una película clara, tan clara, tan blanca, como la nieve que protagoniza cada escena, de una manera o de otra, hasta convertirse en un personaje más, en una protagonista más. Pienso en ‘Wind River’ y mi mente se llena de blanco. Blanco puro, salvaje, infinito.

‘Wind River’ nos traslada directamente hasta la Reserva India de Wind River, en el Estado de Wyoming. Para quien se sienta, como yo, irremediablemente atraído por los pueblos que mantienen sus costumbres, tradiciones y formas de vida a pesar de todo, a pesar de todos, es sin duda un aliciente para animarse con ella. ‘Wind River’ no apuesta por enseñarnos esas costumbres. No las alaba, ni las ensalza, ni siquiera nos las muestra, en realidad. Tenemos algo más, tenemos la otra cara de la moneda.



Una forma de vida solitaria, condenada a moverse en las tierras de esa reserva, casi siempre tierras frías, aisladas. Tediosas para muchos de sus habitantes, que sin renunciar a quienes son sí lamentan la vida que están condenados a vivir. Es un tema recurrente, este, cuando se trata de territorios estadounidenses. Personas condenadas a vivir donde viven, sin más emoción que la emoción de despertarse cada día, que es una emoción que, en fin, perdemos con el paso del tiempo.

En esta Reserva India de Wind River tiene lugar un asesinato. Cory Lambert (Jeremy Renner) encuentra, por casualidad, el cuerpo de una joven enterrado en la nieve. Es un cazador, conoce la tierra a la perfección, sabe que algo no encaja. También conoce a la joven. Mientras trata de lidiar con sus propios fantasmas, sus propios dolores, sus propias muertes, se presta a ayudar a una joven agente del FBI que descubre el lugar inhóspito por primera vez. Jane Banner (Elizabeth Olsen) llega con una vestimenta inadecuada, sin saber a qué se enfrenta, sin conocer esa forma de vida condenada a la eternidad. Tarda en comprender que debe abrirse a otros métodos y otras maneras de proceder, pero lo hace. Aprende, crece, llora, expía sus propios dolores entre la nieve.


Wind River (2017)

‘Wind River’ no nos dice demasiado, y aun así lo entendemos todo. Entendemos las miradas de Jane, los silencios de Cory, la amabilidad que se extiende entre ellos y cada una de sus acciones. En una película envolvente, por momentos violenta, que tiene, al final, no uno sino varios fines sociales. Para la sociedad estadounidense, para todos. ‘Wind River’ es certera en este sentido, y es también muy inteligente porque nunca da lecciones pretendidas, pero las da. Explica, denuncia y defiende, y el espectador entregado, al blanco, al misterio y a la tragedia, lo entiende. Lo sufre, lo siente. Con imágenes explícitas que se cuelan en nuestros huesos helados y una consecución final de esas que te dejan algo de calidez, porque cierra el círculo vivido.

‘Wind River’ es una película bastante redonda. ¿Podría haber sido mejor? Tal vez, no lo sé. Es la que es, y es redonda. No falla, no falta nada, acierta en su planteamiento, en su desarrollo, en su final. En la profundidad emocional de unos personajes que hablan gracias, en parte, a dos grandes interpretaciones. En el motivo original, en el inicio de todo, ahí también acierta. ‘Wind River’ es un acierto. Y es una de las recomendaciones más fervientes que voy a realizar nunca. Vedla.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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