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‘Antidisturbios’ y la unión de una familia

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Antidisturbios
Foto: Movistar+

Este artículo contiene spoilers de ‘Antidisturbios’.

Cuando pasas días y noches enteros con un grupo de personas, los lazos se crean casi de manera automática. Sin que lo forcemos y sin que podamos hacer algo para evitarlo. Una acción espontánea cuyo efecto se multiplica si introducimos un factor de riesgo que conocen perfectamente los protagonistas de ‘Antidisturbios’. Los seis miembros que forman la unidad Puma 93 están acostumbrados a trabajar en equipo, a defenderse con el casco puesto y sin él y a dar la cara los unos por los otros. Como si de un ejército vikingo se tratara, cuando están en acción se protegen creando una muralla con sus escudos. Y cuando se enfrentan a otro tipo de enemigos y de problemas, repiten esta acción, aunque con escudos muy diferentes.

Aparentemente, no tienen demasiado en común, más allá de su trabajo y de la violencia que, de una o de otra forma, es parte de ellos y de su día a día. Y, sin embargo, son una piña prácticamente irrompible. En la que surgen grietas y se producen heridas, pero en la que casi todo termina sanando tarde o temprano. Como ocurre muchas veces en las familias, hay discusiones, se hacen daño, se sacan de quicio y hasta se desprecian en según qué situaciones. Pero cuando un agente externo amenaza a alguno de los suyos, la muralla invisible vuelve a aparecer y la piña se hace más fuerte que nunca. Porque, aunque cada uno con sus peculiaridades y su propio carácter, forman parte de un todo que siempre tienden a proteger.

Esto les viene dado seguramente por su propia formación. Del tiempo en diferentes academias y de las tácticas que aprenden los antidisturbios para mantenerse a salvo en situaciones complejas. Ante peligros de todo tipo y cuando son considerados el enemigo a batir. Lo vemos en las secuencias más violentas y tensas, en las que Osorio siempre apremia a sus chicos a mantenerse unidos, física y mentalmente. A seguir un mismo plan, a no desviarse del camino y a cubrir las espaldas de todo el que lo necesite. Una táctica que pronto, en cuanto la conexión humana se produce, trasladan a todos los planos de su relación, tal y como vemos en los seis episodios que componen la serie de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña.

Lo que les separa


Antidisturbios
Foto: Movistar+

Ya en el primer capítulo, vemos claramente quiénes son los personajes más serenos o, aparentemente, más centrados. Ahí está Úbeda, por ejemplo, o el propio Osorio. Es cierto que en este último apreciamos un importante componente violento, que en el caso de Úbeda vemos más adelante. Pero también reconocemos rápidamente la frialdad con la que actúa en una situación compleja, tratando de resolverla lo mejor posible y con el mínimo de incidentes. Frente a ellos, personajes como el de Rubén Revilla, al que desde un comienzo recriminan su pronto y su carácter conflictivo. O el de Alexander Parra, que se deja llevar con facilidad por la situación, tal y como comprobamos en ese episodio inicial.

La madurez de cada uno de ellos y sus experiencias vitales les separan. Pero sobre todo lo hacen sus motivaciones y sus anhelos. Osorio quiere dejar atrás el estrés, el peligro y la violencia de los antidisturbios. Úbeda está sumido en una depresión que ni siquiera es capaz de reconocer y, para él, la estabilidad es lo más importante. Diego López vive por y para conseguir un traslado que le permita llevar una vida familiar ‘normal’, ver crecer a sus hijos y querer a su mujer sin una pantalla de por medio.

Parra está ahí por la promesa de una vida mejor, que le llegó de la mano de su tío, un ejemplo a seguir que ejerce de oráculo y pilar. Bermejo huye de un pasado que no entiende que es su presente, de una oscuridad que está dentro de él y que trata de ocultar con buenos modales y seriedad. Y Rubén Revilla es simple y llanamente un apasionado de la Policía y de sus valores. Seis patas completamente diferentes, pero que sostienen una misma realidad.

Como vamos descubriendo a lo largo de la serie, también les separan sus vidas y sus caracteres. Los más sosegados ejercen casi de padres del grupo y los jóvenes viven a otro ritmo, con una intensidad que los demás dejaron atrás hace mucho tiempo. Cuando se quitan el uniforme, no tienen prácticamente nada en común. Menosprecian los hobbies y las vías de escape de los demás, les juzgan y tratan de escaquearse de unas invitaciones que entienden como compromisos que poco o nada tienen que ver con ellos. Con el casco puesto, son uno solo. Sin él, cuando salen de Moratalaz, son seis individuos en los que todos reconocen fácilmente los defectos. Y entre los que reina una desconfianza que pronto eliminan, empujados por esa técnica vikinga del muro de escudos, de la que no son capaces de desprenderse.

La unión inevitable


Antidisturbios
Foto: Movistar+

Lo señalan en un par de ocasiones, pero no habría sido necesario que lo hicieran. Estos seis antidisturbios forman una familia peculiar y algo disfuncional, pero una familia. Y, como tal, permanecen unidos por un cariño, un compromiso y una necesidad de cuidarse entre sí que reconocemos fácilmente. Lo vemos, por ejemplo, cuando Úbeda se desmorona. Hay reproches, hay decepción y desesperación y hay, incluso, un enfrentamiento. Pero nadie le da la espalda de manera definitiva, siguen considerándole un miembro fundamental de su piña, a la que ven tambalearse cuando unos radicales se cruzan en su camino. Es cierto que ninguno presta la atención necesaria para detectar su depresión y la ansiedad que se está apoderando de él, pero ¿no es esto algo más que típico en las familias?

Otro ejemplo. Rubén Revilla es el eslabón débil de la cadena. El eslabón más violento, el que puede destruir la seguridad que han construido. Todos lo saben, de ahí que su confianza en él sea menor que en otros personajes, como el de Osorio. Le advierten, le reprochan aquello que tienen que reprocharle y le apartan cuando lo consideran necesario. También en sus vidas privadas. Pero, a su vez, le protegen más que a ningún otro. Porque es el pequeño, el niño, el que peor parado puede salir de todo. Y, como ocurre en una familia, lejos de señalarle, le cubren las espaldas, le abrazan y le sostienen, aunque no consigan salvarle. Y le mantienen dentro del círculo, porque aunque haya salido de la piña uniformada, forma parte de la piña humana, de la familia creada entre porrazos y gritos.

Desde la distancia a la que nos puede empujar un alto grado de violencia como el que vemos en ‘Antidisturbios’, no es complicado reconocer comportamientos que tenemos cerca. Lazos que pueden ser tóxicos, pero que no queremos abandonar, por lo que significan para nosotros. Y por la lealtad, algo que está más que presente en los seis episodios de la serie. A los seis miembros de la unidad Puma 93 les une el trabajo y la experiencia. Pero también el cariño, la responsabilidad, el compromiso y una lealtad imposible de tumbar. Aunque haya peleas de gallos de por medio, algún secreto y muchas faltas de respeto, al final del día siempre encuentran entre sí la mano amiga que necesitan.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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