Falling (2020)
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Falling

Lo mejor
  • La propia propuesta de Mortensen: honesta, sensible, inteligente
  • La interpretación de Lance Henriksen, que encarna a un hombre violento y desagradable, al que sin embargo le concede también gestos y silencios que nos provocan compasión
  • Las réplicas interpretativas de Mortensen, tan certero como siempre, lleno de emoción
  • La gran escena que comparten, que te sacude muy fuerte incluso aunque estuvieras esperándolo
  • Las bellas imágenes, la música, los ecos del pasado... Todo acompaña
  • Los minutos finales; el final
Lo peor
  • En un par de momentos, el montaje o la propia línea narrativa puede llegar a confundirnos

Qué difícil hablar de ‘Falling‘, el primer trabajo de Viggo Mortensen detrás de las cámaras. El intérprete escribe, dirige, protagoniza y también se encarga de la banda sonora. Así desarrolla este drama familiar crudo que recorre diferentes escenarios que definieron la vida de una persona, de dos personas, de tres personas. Mortensen ha contado en más de una ocasión que ‘Falling’ nace de sus propios recuerdos, de sus propias experiencias. Y que se transformó en una especie de reconocimiento de sus propias emociones, las que llevaba consigo unidas a su familia. Hay algo muy personal en esta película, pero no es biográfica. Sí ha conseguido llevar ese plano personal a una esfera universal y construir así una historia que podemos entender todos los espectadores.

‘Falling’ es dura, pero porque contiene mucha verdad. Una verdad que hemos visto muchas veces retratada en el mundo del cine. Verdad que tiene que ver con la vejez, con el paso del tiempo y con la demencia, a la que no pone un nombre concreto en ‘Falling’. Asistimos a la caída final de su personaje protagonista, la sufrimos y la comprendemos, y con eso es suficiente para saber de qué nos está hablando. No hay cabida en todo esto para el melodrama más básico, a pesar de que podríamos haber recorrido este camino si esa hubiera sido su elección.

Pero lo que Mortensen quiere contarnos es algo mucho más descarnado, y es ahí donde encuentra su emoción. En la mirada agria del protagonista, en los ojos llorosos del propio director, también intérprete como decimos. Y en ciertos detalles que se introducen en la rutina de los personajes sin mayor peso que formar parte de ésta, y que precisamente por esto son importantes. Con un estilo propio, la película es un acercamiento a esta realidad bajo la mirada honesta, sensible, serena e inteligente de Viggo Mortensen. La que esperábamos encontrar en él.


Falling (2020)

‘Falling’ nos presenta al personaje de Willis Peterson. Le da vida un Lance Henriksen soberbio que debería estar sonando para todos los premios importantes que vienen en los próximos meses. Lamentablemente, la proyección o la ausencia de focos sobre los trabajos interpretativos de los intérpretes no siempre tienen que ver con la calidad de los mismos. Se lo pueden decir al propio Mortensen. Y lo que podemos decir aquí de Henriksen, un actor que ha participado en más de doscientas películas, es que toma el personaje y lo hace suyo. Y a pesar de que nunca llegas a sentir simpatía por él, ni siquiera ternura, introduce en sus formas violentas algunos gestos, algunas miradas, algunas pausas, que nos llevan a la compasión, a la pena. Que nos conectan con su historia, que nos estremece, nos apena, nos desagrada o nos cabrea dependiendo del momento.

Willis Peterson es un padre de familia iracundo, amargado, intolerante y severo. Fue abandonado por las mujeres de su vida pero, a pesar de todo lo anterior, mantiene relación con sus dos hijos. John (Mortensen) y Sarah Peterson (Laura Linney) siguen a su lado. De esa manera en la que a veces las personas seguimos al lado de otras personas aunque nos hagan daño. Porque seguimos queriendo, más como un reflejo de quienes somos que como una respuesta a la relación que hemos vivido.

John y Sarah permanecen al lado de Willis, tratándolo como a un padre. Lo acogen, lo ayudan y lo cuidan, y siguen como pueden sus pasos malhumorados y desagradecidos. Por esto ‘Falling’ no es una película cómoda. Porque lo que vemos es el intento incansable de John de permanecer cerca de su padre, a pesar de que sus formas nos dicen que lo quiere bien lejos. Pero es su hijo, y no lo quiere lejos, y eso también lo vemos y lo sentimos, a pesar de todo. Lo sentí particularmente, de hecho, cuando le dice lo contrario: “tienes que irte a California”.


Lance Henriksen en Falling (2)

No es cómoda, pero consigue incluso arrancar alguna carcajada, sobre todo provocada por emociones no mucho más agradables, como son la vergüenza o la incredulidad. También lo consigue cuando esperamos las reacciones de los personajes. En este sentido, Mortensen está fantástico, porque en su rostro no solo ves el desconcierto sino también esa paciencia a la que se aferra hasta el final. Quiero decir: la ves. Es uno de esos intérpretes que tiene el alma en el rostro y aquí su alma ha de ser un alma paciente. Así que es fácil sentirse cercano a todas sus emociones, las que le llevan a respirar y continuar adelante con su padre. Y al mismo tiempo desarrollas unas propias, que son mucho menos agradables, porque respondes a la historia.

Porque el personaje de Willis Peterson no es nada agradable, ni es nada fácil. Machismo, homofobia, xenogobia… Todos los males que azotaron al mundo en el siglo pasado y que tratamos de erradicar en este, todavía sin éxito, los lleva el señor Peterson adheridos a sus principios. Y no es agradable, pero sí es muy interesante analizar su rostro y esperar su siguiente comentario ofensivo, como es interesante esperar una réplica o una herida en forma de silencio. Lo que dice, además, no siempre tiene sentido, porque es presa desde hace tiempo de esa demencia, pero sí tiene siempre un sentido narrativo. Siempre significa algo, siempre representa algo, siempre quiere decirnos algo al margen de las palabras empleadas para ello. Fantástico el guion.

Así está hecha ‘Falling’, que nos habla de tantas maneras como se puede hablar en el cine. Con imágenes y sonidos que conectan con otras imágenes y sonidos del pasado. A veces con planos bellísimos, muy significativos, que nos permiten colarnos en la memoria corrupta de un Willis Peterson que, ya digo, nos despierta por todo esto al menos compasión. Sobre todo en la primera mitad de la película, tenemos flashbacks que nos explican los orígenes de esta historia, siempre desde el día a día, nunca desde el discurso. No hay aquí nada mascado para el espectador ni ningún discurso elaborado con esta intención; si queréis quedaros con uno, es el conjunto en sí.

‘Falling’, el conjunto en sí, funciona y encaja como encaja esa última palabra dicha por el hijo a su padre, pero uno tiene que estar abierto a ver una película que resulta por momentos casi anárquica, aunque en su anarquía encuentre todo su sentido y su razón de ser. Es de una honestidad inmensa y tiene la sensibilidad que esperaba, porque es la sensibilidad que siempre he visto en la mirada del actor sin límites que ahora también quiere contarnos cosas desde el otro lado de la cámara. Muy agradecida de que sea así. Larga vida.

‘Falling’ está en cines desde el pasado viernes 2 de octubre.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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