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Crítica: ‘La cinta de Álex’, sobrecogedoramente perfecta

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En ‘La cinta de Álex’ hay una historia detrás de una niña. Una historia de desamor. Un desamor hacia su propia historia. Y un enfado monumental. En mitad de todo ese fango emocional descubrimos a Alexandra. Peleada con el mundo. Enfrentándose a todo lo que se planta frente a ella. Pero, sobre todo, mostrando que no cederá sin negociar previamente. Como si todo lo que vuela a su alrededor no tuviese ni un solo estímulo. Como si todo valiese nada.

Pero, de pronto, la vida le tiene preparado un viaje que no olvidará. Una aventura que le tocará el corazón. Unos amigos que llegarán a su vida para mostrarle que aquello que cree tan relevante, no merece la pena. Que aquello que creemos imprescindible solo es un peso absurdo en nuestra espalda. Alexandra aprenderá que correr, saltar, observar, aprender, luchar, ser quien quieres o debes ser, vivir, volar, soñar, amar y respetar, está por encima de todo. Que la familia, la de verdad, es la que te estruja el corazón de amor y lo mece cuando hay días cargados de desesperanza. Que anteponer lo que te dictan como bueno y malo, es absurdo. Porque puedes llegar a perderte toda una historia.



Entenderá que prejuzgar puede destrozarnos la vida y podemos destrozar otras vidas. Que antes de hablar de alguien, debemos pararnos a escuchar qué nos tiene que contar. Ver, analizar y no sacar nunca conclusiones precipitadas.

Alexandra y su padre Álex nos llevan por un viaje de dolor pero cargado de lo más importante, el amor. Y la esperanza. Porque con estos dos últimos ingredientes podemos ser infalibles. Y soñar. Volver a construir nuestra historia y sonreír.

Con ‘La cinta de Álex’ aprendemos que un abrazo, un simple abrazo, puede cambiar nuestra vida.


Aprendiendo a quererlo me salvé a mí misma.

Alexandra

Alexandra, el aprendizaje inmenso

Hay un aprendizaje tan inmenso en ella… Comenzamos su camino sin saber muy bien lo que sucede. Creemos entender que es algún problema familiar. Alguna ausencia que no entiende. Y observamos como, ante el trabajo de su madre, se siente un segundo plano total. Pero más nos sorprendemos cuando nos cuenta que se va de viaje con un padre que no conoce. Y, ahí, prestamos atención.

Aunque nos lanzan tintes de una posible ‘niña caprichosa’, en el fondo, vemos algo más allá. Alexandra tiene alma. Tiene algo tan especial como los dibujos que siempre realiza después de cada experiencia que le llama la atención. Tiene ganas de ser. De entender qué necesita y qué no desea tener a su lado.

Y es cierto que, al principio, le pone las cosas muy complicadas a su padre. Pero hay una clave que, a veces, olvidamos, la comunicación. Porque hablar salva a Alexandra y a Alex. Salva su historia.

Rocío Yanguas, es un absoluto descubrimiento. Qué bien nos lleva por el viaje de Alexandra.



Álex, el silencio frío del dolor

Tiene tanto dolor incrustado que es complicado volver atrás. Abandonado, tirado y apaleado. Así encontramos al personaje. Alguien que nos esquiva constantemente. Que no quiere mostrarse, ni llamar la atención.

Álex tiene miedo a contar, a hablar en alto de todo lo vivido. Y lucha internamente hasta que comprende que para Alexandra es verdaderamente importante. Porque conocer la historia de cada uno es un ejercicio de serenidad. Es un punto de partida desde el cual poder comenzar de cero. Y Álex se desnuda ante su hija sin tapujos, explicándole que los prejuicios arruinaron su vida. Diez años en los que las torturas y la falta de pruebas mermaron sus esperanzas. Diez años donde entendió que da igual la verdad mientras seas el blanco perfecto.

Fernando Gil está perfecto. Nos inyecta, en pleno pulmón, el dolor de Álex.



Y una banda sonora maravillosa…

Es una auténtica maravilla. Nos muestra tan bien la historia…viajamos sin ningún tipo de tapujos con ella. La música, siempre, nos da mucho más de lo que nunca quitará. Aquí es cómplice absoluta de esta hija y de este padre. De una historia que hay que contar desde la sencillez más cálida. Y así lo hace la banda sonora. Una delicia.

La Cinta de Álex

7.5

LO MEJOR
  • Rocío Yanguas, qué gran descubrimiento.
  • Fernando Gil, está inmenso.
  • Es emocionalmente perfecta.
  • Una banda sonora que te encoge.
LO PEOR
  • Lo único a destacar es que al abrir el plano de algunas secuencias, se desenfocaba el halo de la imagen y chirría un poco.

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