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‘Dunkerque’: la guerra en un instante, y bajo la mirada de Christopher Nolan

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‘Dunkerque’ fue una sorpresa, y además fue la película con la que nos terminó de quedar claro que Christopher Nolan apuesta por los blockbusters. Desde su visión del cine, desde su manera de hacer cine, desde su sello de autor, pero sin olvidar esa primera intención. Se estrenó en el verano de 2017, después de meses de expectación en los que se habló de Tom Hardy, y se decía que su papel era grande, de Cillian Murphy, por entonces uno de los nombres más pronunciados por su conquista con ‘Peaky Blinders’, o de Harry Styles, el integrante de One Direction que daba su salto al cine. Hablamos de todos ellos. Especulamos sobre sus personajes. Los imaginamos, los quisimos adivinar, les seguimos la pista.

Se habló mucho de ‘Dunkerque’. Se publicaron muchas imágenes de su rodaje, hubo muchos focos puestos en su estreno y desde el principio se supo que no sería una simple película de guerra. De hecho, a Nolan no le gustaba demasiado hablar de ella en estos términos. Alguna vez se refirió a esta producción como algo mucho más íntimo que una película bélica. A mí, desde luego, me parece algo un tanto diferente a las películas bélicas que tenemos como referencia, pero no siento que deje de serlo. Lo que encuentro más importante está ahí… pero está a la manera de Nolan.

Supongo que es justo esto: el retrato de un conflicto armado bajo la mirada de Christopher Nolan, que tiene su mirada propia para todo. Es una producción que se aleja de todo lo que ha hecho hasta el momento, y aunque sigue jugando con el espectador empleando elementos que reconocemos en su cine, lo hace también de manera distinta. Pero no deja de ser suya. En fin: todo lo que hace, lo hace suyo.

Un resumen de ‘Dunkerque’

‘Dunkerque’ nos sitúa en 1940, en la costa norte de Francia, en plena II Guerra Mundial. Los ingleses y los franceses han sido acorralados por el ejército alemán. No pueden huir. No pueden moverse. Cada vez tienen menos espacio en su poder. Sólo pueden esperar ser rescatados a través del mar. Frente al estrecho de Calais, desde donde casi pueden ver su casa. Esperan un milagro mientras las tropas alemanas los acosan con continuos bombardeos y se aproximan cada vez más a la playa. Muchos soldados han muerto, algunos están heridos. Los alemanes derriban los pocos barcos que acuden en su rescate. Están a punto de dar por perdidos a casi 400.000 soldados.

Seguimos a estos soldados, por tierra, mar y aire. También seguimos a un par de civiles que quieren acudir en su ayuda. Lo hacemos a través de diferentes personajes que en seguida intuimos como protagonistas en una película en la que, en realidad, todos lo son. O ninguno lo es. Apenas sabemos el nombre de un par de ellos, y no sabemos nada de su pasado ni de sus deseos de futuro. Sólo quieren escapar de esa costa. No conocemos otra cosa que ese presente. Ni tampoco nos interesa otra cosa que no sea ese presente.

Esto es ‘Dunkerque’. ‘Dunkerque’ es un instante. Es una semana, un día, unas horas. No es una batalla completa, no es un conflicto bélico, no es una guerra. Es todo esto contenido en un suspiro de Nolan, en un suspiro de Hans Zimmer. Es eso retratado en una película de menos de dos horas de duración. Veníamos, con Nolan, de ‘Interstellar‘ y sus casi tres horas. En ‘Dunkerque’ no llegamos a dos.



¿Por qué funciona?

Creo que hay dos razones fundamentales por las que ‘Dunkerque’ funciona: la fuerza de las imágenes de Nolan y la fuerza de la banda sonora de Hans Zimmer. En una película en la que apenas hay diálogo, en una película en la que no conocemos más que pinceladas de los personajes, en una película en la que no nos interesamos por la profundidad de éstos, quedamos enganchados a la fuerza de lo audiovisual. Más que nunca. Nolan siempre ha sabido acertar en este punto, pero en ‘Dunkerque’ lo lleva a otro nivel.

La luz de las primeras imágenes, la luz de la playa de los primeros compases, da paso a los cielos nublados, a la brutalidad del mar y a los espacios cerrados. Apenas vemos la sangre de los soldados, pero vemos lo anterior -el miedo antes de sangrar- y también lo posterior -los cadáveres que devuelven las olas. Y se desarrolla con esa extraña pausa que parecer tener la guerra, entre el silencio, que sólo está acompañado de la sensibilidad de Hans Zimmer. Ese miedo, la desesperación o la resignación de los soldados a morir está presente en todas las escenas, y esto es lo que sentimos y lo que nos hace estar dentro.

En esa espera entra también la interpretación del reparto como una pieza imprescindible. Desde la serenidad de los pilotos, con Tom Hardy o Jack Lowden, hasta la conmoción de Cillian Murphy. En tierra, que hay espera pero dentro de la batalla, tenemos todo eso en los jóvenes soldados, representados sobre todo en el personaje de Fionn Whitehead. Tenemos la serenidad, la conmoción, la desesperación, el egoísmo y el compañerismo. Lo tenemos todo. Conseguir estas interpretaciones ajustadas era fundamental para que ‘Dunkerque’ funcionase, porque los personajes son lo de menos en un sentido individual: importan por las emociones que arrastran con ellos, no por quienes son. Y esas emociones no iban a ser reflejadas a través del guion, así que necesitaban de expresiones, gestos y respiraciones.

Estos personajes, además y como digo, no son nadie, pero son cada uno de nosotros, porque son la humanidad, son las personas. Eso es lo que importa en esta película, y no la guerra. Por eso narra una victoria y no una derrota. Y es un drama sin nombres porque podrían llevarlos todos. Empatizamos con ellos no por sus historias, sino por el momento que están viviendo; ‘Dunkerque’ es ese instante. Y ese momento es universal porque el miedo es universal aunque nunca hayamos vivido la situación que lo está provocando.

Nolan nos cuenta todo esto, volviendo al principio, sobre todo a través de las imágenes. Con ‘Dunkerque’ vuelvo a sentir, además, lo que siento con ‘Origen’: me parece que está terminando nada más empezar. No hay introducción, porque la introducción es la propia historia. La película empieza, y ya tenemos que estar dentro. No hay una previa. Los disparos están ya ahí, sin explicación, sin presentación. ‘Dunkerque’ es un clímax constante, y como las imágenes tienen tanta fuerza, como el tic-tac del reloj nos persigue y nos oprime, nos sentimos dentro de ese clímax desde el principio. Nunca es agradable, pero qué satisfactorio es.


Mark Rylance y Cillian Muprhy en Dunkirk

Lo que vemos de Christopher Nolan en ‘Dunkerque’

El dominio absoluto de lo audiovisual. Las imágenes no son tan espectaculares como lo fueron en ‘Origen’ ni tan trascendentales como lo fueron en ‘Interstellar’, pero tienen igualmente mucha fuerza. Porque sabe desde qué ángulo abordar las escenas y qué instante concreto de ese instante que es ‘Dunkerque’ debe narrarnos.

Y volvemos a encontrarnos con esa conditio sine qua non en el cine de Nolan: el tiempo a su disposición. Otra vez una historia sencilla que vuelve un poco más compleja jugando con los tiempos de narración. En ‘Dunkerque’ tenemos tres líneas temporales, y cada una de ellas abarca un espacio de tiempo único: vivimos una semana en tierra, un día en el mar y una hora en el aire. Claro que no lo sabemos hasta que la película avanza, y Nolan se decide a mostrarlo claro. Esa semana, ese día y esa hora nos parece lo mismo, porque las imágenes se mezclan y se confunden y nos creemos que todo se desarrolla de forma simultánea. Lo entendemos cuando el director quiere que lo entendamos, cuando une los escenarios, los personajes y los conflictos individuales.

Indie Wire‘, en su día, recogió una entrevista en la que Nolan lo explicaba así: “para los soldados, los eventos tuvieron lugar en diferentes temporalidades. En la tierra, algunos quedaron atrapados una semana en la playa. En el agua, los acontecimientos duraban máximo un día. Y si estabas volando hacia Dunkerque, los cazas británicos llevaban una hora de combustible”. Tiene sentido, por tanto, que ‘Dunkerque’ se narre de la manera en que se narra.

Y funciona porque Nolan sabe hacer que funcione, aunque (¿primer renuncio en este especial pre-Tenet?) puede confundirse redundando en ciertas escenas para que entendamos lo que está haciendo y cómo lo está haciendo. En mi opinión es más que perdonable, y no me ha impedido en ninguno de los visionados (van unos cuantos) disfrutar de ‘Dunkerque’. Disfruto mucho de esta película.


Tom Hardy en Dunkirk

La película diferente

Es su proyecto diferente. La diferencia en su filmografía. La película que se distancia de las demás, y que seguirá distanciada, porque parece que ‘Tenet’ va a marcar la diferencia con respecto a esta y no a todas las anteriores. Estamos acostumbrados a que Christopher Nolan cree juegos para nosotros; basándose en las posibilidades de la mente, en la magia, en el mundo de los sueños o en la ciencia.

En ‘Dunkerque’ no existe más que esa pequeña trampa con las líneas temporales. No hay grandes posibilidades, ni magia, ni sueños, ni ciencia. No hay otra cosa que un episodio histórico retratado bajo su mirada que, claro, es un mirada a la que le gusta las posibilidades, la magia, los sueños, la ciencia y jugar con todos nosotros. Por eso es una película sobre la guerra ligeramente diferente, porque no se conforma con contar ese episodio: tiene que hacerlo suyo.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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