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‘La isla’: recuerdos que permanecen y sensaciones actualizadas

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Tengo muchos recuerdos de ‘La isla’. Es una de las primeras películas que recuerdo ver; ver de verdad, quiero decir. Ver con atención, con esa atención que hace que se formen recuerdos y que perduren sensaciones. Y sí, tengo muchos. Recuerdos de tardes en el pueblo viéndola en la televisión, de conversaciones al respecto. Seguramente fue una de esas muchas películas que hizo que, en los últimos años de mi infancia y en los primeros años de mi adolescencia, me enamorase de Ewan McGregor, cuando parecía estar en todas partes (qué bien esto, a ver si volvemos a ello).

Dirigida por Michael Bay, ‘La isla’ parte de una historia de Caspian Tredwell-Owen, que se encarga del guion junto a Alex Kurtzman y Roberto Orci. Está protagonizada por, claro, Ewan McGregor, además de Scarlett Johansson y Sean Bean, dos nombres que también me gusta encontrar en los créditos de las películas. Este mes de agosto, se cumplen 15 años del estreno de ‘La isla’ en nuestro país, así que rescatar los recuerdos y actualizar las sensaciones está justificado.

¿De qué va ‘La isla’?

Se pueden hacer dos sinopsis de esta película: la sinopsis de verdad y la sinopsis de mentira. Como quiero evitar spoilers a todo aquel que no la haya visto, voy a optar por la segunda, que en realidad es el atractivo punto de partida. ‘La isla’ nos presenta un grupo de humanos que vive aislado en una especie de campo de concentración, vigilados, cuidados, protegidos. Fuera, en el mundo que conocemos, la contaminación amenaza con acabar con sus vidas. Solo existe un lugar en el planeta que está libre de ello: la isla, a la que todos los humanos aspiran, pero a la que solo unos pocos pueden optar. En realidad, los nombres de estos afortunados se eligen por sorteo, y mientras esperan el siguiente se dedican a cuidar su salud, a relacionarse (pero no mucho, con distancias de seguridad y todo eso), a trabajar para construir un futuro mejor y más seguro.

Lincoln Seis-Echo (Ewan McGregor) comienza a tener pesadillas, y también a cuestionarse todo lo que tiene alrededor. Se hace preguntas, hace preguntas, se muestra inquieto. Aun más, cuando descubre que su mejor amiga, Jordan Dos-Delta (Scarlett Johansson), es la siguiente elegida para abandonar las instalaciones. Se alegra por ella, pero en el fondo siente que algo no va bien. Y no puede estarse quieto, así que empieza la aventura.


La isla (2005)

Lo que recordaba de ‘La isla’

De ‘La isla’ recordaba fundamentalmente que era una película para pasar la tarde. Para ver en el sofá, tranquilamente, prestando atención y disfrutando de esa aventura. También recuerdo, como digo, tener conversaciones al respecto con las personas con las que he llegado a verla, porque al final esta película toma un tema delicado. Esa necesidad del ser humano de creerse Dios. De querer dominarlo todo, de querer controlarlo todo, de querer saltarse las leyes naturales para vivir mejor. En fin: todos queremos vivir mejor, pero ¿cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar? Sobre todo moralmente hablando. ¿Hasta dónde podemos llegar para vivir mejor? ¿Y hasta dónde estamos dispuestos a empujar nuestra propia naturaleza? ¿Hasta qué límite? ¿Con qué derecho podemos jugar con ella, con qué legitimidad? ¿Por qué? ¿Por qué no nos conformamos?

Supongo que todas estas preguntas no me las hacía así con 12 años, pero sí recuerdo hablar de todo esto por encima. Recuerdo comprender, aunque sea por encima, lo mal que están las cosas que están mal en esta película. No formalmente hablando, porque hasta ese punto no podía llegar. Moralmente. En ese sentido, en un sentido moral, recuerdo haber ido formando opiniones conforme pasaban los visionados. Hoy en día esas opiniones son más fuertes, más coherentes.

Hay un hueco en el corazón de todo cinéfilo reservado para esas primeras películas que nos hicieron disfrutar del cine. Lo que pienso de ‘La isla’ ahora me lo reservo para las siguientes líneas, pero puedo aseguraros que siempre disfrutaré viendo esta película. Supongo que una de las razones son esos primeros planos de Ewan McGregor sonriendo, con los que me identifico plenamente, como si hubieran sido elección propia, personal. Pero hay algo más. No solo se trata del escocés. Se trata de que ‘La isla’ me hizo disfrutar antaño, mucho. Ese es el recuerdo que tengo, y el que llevaré siempre conmigo, y el que me hace seguir disfrutándola quince años después.


Ewan McGregor y Scarlett Johansson

Lo que he visto ahora

Pero. Así debería haber terminado la anterior frase, pero no quería empañar la nostalgia. La retomo aquí: ese es el recuerdo que tengo, y el que llevaré siempre conmigo, y el que me hace seguir disfrutándola quince años después, PERO. ‘La isla’ es una buena historia, un buen concepto, que no sé si terminó en las mejores manos. La forma de entender el cine de Michael Bay, y por tanto de desarrollar películas, es muy propia y muy personal, y tiene efecto en ciertos momentos, pero en otros lo que consigue es que precisamente el efecto que debería poder provocar la película se pierda. Ni siquiera puedo tomarme en serio algunas escenas, que se pierden entre el drama excesivamente potenciado, unos cambios de plano extraño y esa necesidad de hacerlo todo lento cuando en realidad lo que necesitamos es, precisamente, golpes de efecto.

Creo que ‘La isla’ no tiene mal guion y, lo repito porque así lo siento, es una buena propuesta. Es una buena idea. Nos habla de la conciencia y de la moralidad, y de jugar a ser Dios, y de lo que nos hace humanos, y de lo que nos hace funcionar. “Los órganos no funcionan sin experiencia humana”, nos dice Sean Bean en una ocasión. Y yo me quedo pensando y pensando y pensando en esta frase, y digo: pues sí. Pues me vale. Me gusta de lo que me hablan en ‘La isla’. No me gusta tanto cómo está dirigida, ni siquiera me gusta demasiado cómo está interpretada. Y no es que McGregor y Johansson estén mal, pero les he visto mucho mejor. No sé si más guapos, más puros, más blancos. Eso pocas veces. Están guapísimos, pero están sin más. Reencontrarme con esta verdad me ha dolido un poquito. Hay veces que el pasado debe ser eso: pasado.


La isla (2005)

15 años después

Podéis estar seguros de que la próxima vez que me encuentre con ‘La isla’ en la televisión voy a verla. No se os ocurra dudarlo ni por un segundo. La veré, mil veces más. Porque ese es el poder que tienen las películas que se cuelan en nosotros durante esos primeros años cinéfilos, y porque, ¡insisto!, no me parece mala película. Es solo que no soy muy de Michael Bay. Pero soy mucho de Scarlett Johansson, soy aún más de Ewan McGregor y por encima de todo soy de las historias que alguna vez me emocionaron. Recuerdo bien las emociones que estuvieron un día con ‘La isla’, y puedo llegar a ellas sin esforzarme. ¿15 años después? ‘La isla’ sigue valiéndome.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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