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Sobre por qué ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ sigue funcionando 15 años después

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Un 7 de diciembre de 2005, tal día como hoy hace 15 años, llegaba a nuestros cines ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’. Un equipo liderado por Andrew Adamson, que dirigía y escribía su guion junto a Ann Peacock, Christopher Markus y Stephen McFeely, se atrevía con la difícil tarea de adaptar la mágica obra literaria de C.S. Lewis. William Moseley, Anna Popplewell, Skandar Keynes y Georgie Henley eran los jóvenes intérpretes escogidos para dar vida a la familia Pevensie. Estaban muy bien acompañados de otros rostros como el de Tilda Swinton, la gran bruja, o James McAvoy, el Señor Tumnus (¿podemos no olvidarnos nunca de esto?).

15 años después, exactamente 15 años después, vuelvo a esta película, disponible en Disney+. Lo hago sólo para confirmar que sigue funcionando tan bien como funcionó en su día, aunque eso no signifique la excelencia que sí han tenido otras obras de fantasía. ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ es una película correcta, fantástica para estas fechas invernales, navideñas, siempre mágica. Sigue funcionando, y seguirá funcionando, por varias razones.


Las crónicas de Narnia - El león, la bruja y el armario

Por los sueños de la infancia

No es la primera vez que me refiero al poder que tiene la infancia como elemento de conexión con una historia. Todos hemos sido niños, así que todos entendemos los sueños, los anhelos, los miedos, los deseos y las dudas de la infancia. Y si ésta está bien presentada en una obra de ficción, sea cual sea el camino que tome, es fácil que, efectivamente, conectemos con nuestra propia infancia. Sobre todo las personas más nostálgicas tenderán a perderse un poquito en ella.

Creo que esto ocurre con ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’, en tres escenarios. Para los más pequeños, en el más evidente: pueden verse, un poquito, en esta película. Pueden ver sus ganas de aventura, de magia y de vivir historias inolvidables. Y pueden creerse que es posible con mucha más facilidad que sus compañeros adultos. Ojalá nunca perdiésemos esto.

Los que hemos crecido con ella no solo podemos reconocernos en lo que antaño fuimos. También podemos ponernos nostálgicos recordando cómo nos hizo sentir esta película en su día. No recuerdo meterme en ningún armario esperando algo, pero ese invierno sí lo sentí diferente. Pisaba la nieve segoviana y mi imaginación tenía a bien llevarme hasta Narnia y creérmelo un poco. Y eso es fantástico. Lo cierto es que tengo una opinión bastante sencilla: cualquier película que te haga soñar, funciona. Esta es la razón principal por la que, creo, ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ funciona y funcionará siempre. En todas las generaciones.


Las crónicas de Narnia - El león, la bruja y el armario

Por la familia, por el valor propio y por la revolución

‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ tiene un gran componente emocional. No es únicamente un viaje mágico; sigue, como buena parte de las obras ficticias creadas en el siglo pasado, el viaje de los héroes. Superación, crecimiento personal, descubrimiento de aquello que de verdad importa. En este caso: la familia. Estos cuatro hermanos tienen un presente trágico, contextualizado en plena Segunda Guerra Mundial, pero se tienen los unos a los otros. El problema es que no son capaces de valorarlo. Discuten, se pelean, viven distanciados por sus diferentes personalidades. ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ es un viaje hacia la compañía y la aceptación de esas diferencias, personificado en cuatro niños que se necesitaban pero no encontraban el momento de decirlo.

Estos cuatro niños no solo evolucionan con respecto a las relaciones que los condicionan: también todos ellos encuentran su valor personal. Es un esquema clásico, pero bien desarrollado nunca falla. Quizá, a estas alturas, ya no brille, pero nunca falla. ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ empieza con estos cuatro protagonistas teniendo defectos, dudas, miedos o dificultades. Para cuando concluye han triunfado en la superación de todo esto. Y funciona por una razón muy sencilla: es muy sencillo de ver.

Es muy satisfactorio de ver, por otro lado, la revolución que nace, crece y triunfa. La revolución del mundo de Narnia. Se entiende que todo esto debe valorarse por completo desde los ojos del espectador al que está dirigida, pero a través de unos ojos adultos puede explicarse y desde luego también disfrutarse. A este respecto, esa revolución también sigue un esquema clásico: nos presenta un mundo bajo la dictadura de una bruja malvada, que no tiene más propósito que dominar a todos y ser malvada. Los habitantes de ese mundo se susurran maneras de liberarse de esa dictadura, pero solo cuando llega la familia protagonista, la elegida, los niños que deben superarse a sí mismos para ser reyes, es cuando puede llevarse a cabo.

Desde el punto de vista del espectador inmerso en ella por primera vez, sobre todo cuando es joven, es también sencillo unirse a esta revolución, compartirla y vivirla hasta celebrarla después. Nos gusta, a los seres humanos, de manera general, que el bien triunfe. ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ presenta una clara lucha del bien contra el mal. Todo es muy clásico, todo es muy lo de siempre, pero en esta sencillez, y en la belleza de sus imágenes, está el acierto.


Las crónicas de Narnia - El león, la bruja y el armario

Por la magia, los mitos y la aventura

Claro que nada de esto hubiera sido posible, no de esta manera, sin la magia del mundo de Narnia. Desde el origen, desde el descubrimiento: un armario, como los que todos tenemos en casa, que nos transporta a otro mundo. Las imágenes concretas que persiguen este viaje son, además, de las más logradas de la película. La calidez de los abrigos frente al frío de Narnia, siempre siguiendo los torpes pasos de los niños que están chocando contra las ramas nevadas de ese otro universo imposible. El bosque infinito, la farola curiosa, las montañas, a lo lejos. El blanco de la nieve que siempre relacionaremos con los cuentos, porque este fenómeno atmosférico sigue fascinando de tal manera que a veces nos parece irreal. Mágico. ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ está, en este sentido, muy bien pensada, y muy bien llevada a la pantalla.

Además: esos bonitos animales que hablan, que tienen nombre y personalidad, que nos hacen reír o nos sorprenden como lo hace Aslan, que es quizá el personaje más inmortal de esta saga. Qué bien recreado está. No sólo él: los castores también, y todos los demás. Conecta muy bien con el público más joven porque también desde pequeños sentimos fascinación por el mundo animal, y todavía de adultos seguimos viendo las respuestas que necesitamos en los ojillos de los perros que nos acompañan.



‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’ es una aventura, con todas las de la ley. Cuatro personas que deben desplazarse por un mundo que no conocen, superando dificultades que parecen más grandes que ellos mismos, ayudados por los diferentes personajes que se van encontrando, concluyendo en una gran batalla final. Con todo impregnado de la magia de la Bruja Blanca y de Aslán, de los mitos que dan forma y crean la historia de ese mundo que poco a poco vamos conociendo, que es blanco primero y después de todos los colores. ‘Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario’, sin ser perfecta, es una buena obra de fantasía que sigue permitiéndonos soñar, 15 años después, con otros universos en los que todo es posible.


Las crónicas de Narnia - El león, la bruja y el armario

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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