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Una de las razones por las que la trilogía de la Ciudad Blanca, escrita por Eva García Sáenz de Urturi, ha atrapado a millones de lectores, ahora también espectadores, es sin duda el escenario en que se encuadra la historia. Vitoria es capaz por sí misma de gustar al turista, pero la escritora en primer lugar y el director Daniel Calparsoro ahora han conseguido además dotar a la ciudad de una magia y un encanto especial, relacionándola siempre con el folclore local. Recorrer las calles de Vitoria desde que se publicó ‘El silencio de la ciudad blanca‘ es una experiencia diferente, y la belleza de la que hace gala la película es incontestable.

Empezando por sus catedrales. Vitoria es una de las seis ciudades españolas que cuentan con dos catedrales, diferentes entre sí. La Catedral de Santa María, conocida como la Catedral Vieja, es un templo de estilo gótico del siglo XIII que se encuentra en la parte más alta de la colina sobre la que se asentó la ciudad primitiva de Gasteiz. Sometida a una gran restauración desde finales del siglo pasado, parece presidir la ciudad con elegancia y discreción. La llamada Catedral Nueva, la Catedral de María Inmaculada, es un edificio neogótico situado frente al Parque de la Florida. Los trabajos de edificación de este templo, proyectado para suplir las insuficiencias de la Catedral Vieja, concluyeron en la segunda mitad del siglo pasado. Esta Catedral Vieja es un enclave fundamental en la historia de Vitoria y también en nuestra historia en la Ciudad Blanca, pues en sus criptas comienza todo.

Desde este origen nos trasladamos a la Plaza de la Virgen Blanca, una de las más emblemáticas de Vitoria, en las fiestas que condicionan muchos de los acontecimientos de ‘El silencio de la ciudad blanca’ y también en su día a día. Cerca de la plaza localizamos la vivienda de Unai, y en ella podríamos disfrutar de la bajada del Celedón, personaje cuya llegada, desde el cielo y con un paraguas, abre las fiestas patronales. También en la plaza se encuentra el Monumento a la Batalla de Vitoria, inaugurado en 1917, un siglo después de la batalla en cuestión. Ésta tuvo lugar el 21 de junio de 1813, y enfrentó a las tropas españolas, británicas y portuguesas, lideradas por el futuro duque de Wellington (que también cuenta con homenajes en la ciudad), con las tropas francesas. La batalla se saldó con la victoria aliada y la posterior retirada de las tropas francesas de España.

Belén Rueda y Javier Rey en una escena de 'El silencio de la ciudad blanca' (2019)

Si seguimos caminando llegaríamos al Caminante de Vitoria, una impresionante y curiosa escultura de tres metros de bronce que se encuentra en la Plaza del Arca desde 1985, y que se hace con todas las miradas de los turistas que tratan de explicarse su forma y significado. Cerca del Caminante, en la calle Eduardo Dato, encontraríamos las viviendas gemelas, una frente a otra, de nuestros gemelos, Tasio e Ignacio.

En la Casa del Cordón nos trasladamos a la Vitoria del siglo XV, donde el asesino deja los cadáveres correspondientes a la Edad Media. Es conocida de este modo por el cordón franciscano que caracteriza uno de los arcos de entrada, y cuya leyenda se nos explica en la trama de la Ciudad Blanca. También queremos destacar el Cementerio de Santa Isabel, clave en la historia del asesino para comprender sus motivaciones, y su Ángel de la Muerte, que según cuenta la leyenda señala, desde el mausoleo Zulueta, a quien está a punto de morir. Y sin dejar de recomendaros un paseo por la Muralla de Vitoria, que data de finales del siglo XI, abandonamos la ciudad y nos trasladamos a dos lugares que enriquecen aún más esta historia.

La ermita de la Purísima Concepción, conocida como la ermita de San Vicentejo. A poco más de veinte kilómetros al sur de la ciudad, aunque perteneciente a la provincia de Burgos, el origen de este templo románico, su desarrollo y la simbología que encierra, sirven a la historia como pocos otros escenarios lo hacen. Si en el cementerio de Santa Isabel comprendíamos (o, al menos, descubríamos) el porqué del asesino, la ermita de San Vicentejo es imprescindible para entender la puesta en escena a la que recurre.

Por último: Ochate, el pueblo maldito. Son muchas las historias y las leyendas que comparten este pueblo abandonado como denominador común; asolado por tres epidemias, apenas queda nada en pie. Hay visitas guiadas por sus alrededores, y tal vez seáis uno de los afortunados que avistan esas misteriosas luces en el cielo que, como sabréis, tienen una explicación en la novela.

El manejo de Eva García Sáenz de Urturi de las historias locales, su inmersión en éstas y la relación que ha establecido con los hechos que condicionan la historia es fantástica, y solo por ello merece la pena darle una oportunidad a esta trilogía que, desde el 25 de octubre, tiene su propia versión cinematográfica.

Crítica de ‘El silencio de la ciudad blanca’

Libro vs. Película: ‘El silencio de la ciudad blanca’

Judith Torquemada

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