La línea invisible

He tenido la suerte de que mi familia no ha sido tocada por ETA. Vivo y he vivido toda mi vida en Madrid y todo mi contacto con la banda terrorista se ha producido a través de la televisión y de la mirada de la niña que era cuando contemplaba su horror en los telediarios. Recuerdo que en un periodo concreto de tiempo hasta me acostumbré a despertarme con la noticia de un nuevo atentado y con imágenes de coches calcinados que no terminaba de entender. Sabía que eso era la muerte, pero a tan corta edad el cerebro ni siquiera es capaz de procesar ese concepto. Por eso, me considero una afortunada. Y soy consciente de que no conozco la realidad de lo ocurrido de la misma manera que lo hacen las víctimas, directas o indirectas, de las acciones de la banda. Supongo que, antes de hablar de ‘La línea invisible’ y en vista de la polémica que ya se ha creado, es importante aclararlo. 

Pero me encanta escuchar y conocer las historias que componen la historia. Viajar al interior de las personas y acercarme a sus vivencias y a sus sentimientos a través de sus testimonios. Creo que esta fue una de las razones que me empujó a estudiar Periodismo y que hace que ame mi profesión. El hecho de que el trabajo de otros compañeros me permita conocer de primera mano lo que ocurre en los rincones del mundo que las grandes potencias no quieren que veamos, conocer la realidad de millones de personas acalladas durante años, décadas e incluso siglos y abrir los ojos cuando se empeñan en cerrármelos, me resulta casi mágico. Por eso, también me apasionan las películas y las series históricas, porque ponen aún más alma a las realidades lejanas, siempre que se realicen con rigor y respeto

Estas son dos cualidades que, sin duda, encuentro en ‘La línea invisible’, de principio a fin. No esperaba menos de Mariano Barroso, cuya mirada sensible y honesta siempre me ha cautivado. En la serie, su mirada lo baña todo y aporta una humanidad que no encontramos en los libros de texto. Esa es una de las grandes virtudes de lo nuevo de Movistar+, pero no es ni mucho menos la única. A nivel técnico, me atrevo a afirmar que no falla nada. Aún me sorprende encontrarme con una calidad tan apabullante en nuestra ficción televisiva, lo cual confirma el enorme salto que hemos dado en los últimos años. Pero no quiero detenerme en esto ahora, prefiero ir al alma

'La línea invisible'

Creo que es básico destacar el respeto con el que director, guionistas y actores se han acercado a un tema tan sensible como lo es la banda terrorista ETA. Al contrario de lo que quieren creer muchos, en la serie no hay ningún tipo de blanqueo de imagen de los terroristas, sino un relato veraz de lo que ocurrió, en el que se cuenta con todos los puntos de vista, que se abordan desde el lado más humano de los mismos. Ahí radica, para mí, su principal virtud. Esa capacidad de mostrarnos una realidad de manera poliédrica, con todas las caras posibles y todas las miradas posibles. También la de un Melitón Manzanas que no sólo es el torturador franquista al que despreciar, sino también un padre modélico que adoraba a su hija y que era dulce con ella, divertido, como cualquier otro padre. Y la de un José Pardines Arcay inocente, que soñaba con regresar a su Galicia natal y que estaba perdidamente enamorado de su novia, con la que construía poco a poco un futuro. Y sí, también encontramos la visión de Txabi Etxebarrieta, las vivencias que le llevaron a querer formar parte de ETA y lo que le empujó a matar por primera vez. 

Entiendo que a veces, mirar al pasado, es enormemente doloroso. Pero siempre he creído que la mejor manera de no repetir nuestra historia y de sanar las heridas es conocer este pasado y hablar de ello, no tener miedo de lo que nos tuvo presos durante tanto tiempo. Lo que se hace en ‘La línea invisible’ es regresar a los orígenes y plasmar nuestra propia historia, sin ningún tipo de inclinación hacia uno u otro lado, sin ningún tipo de juicio. Es el espectador el que, con su visión crítica, tiene que saber comprender y analizar lo que está viendo. No hay ningún tipo de intención de aleccionar, algo que, por otro lado, sería ridículo a estas alturas, con este y cualquier otro tema. De lo contrario, se estaría considerando que el espectador no tiene el intelecto suficiente como para detectar una propaganda. Y se estaría manchando el arte y la cultura. 

Dicen que el ser humano tiende a creer antes un rumor que afianza sus creencias que una verdad que las destruye. Porque la verdad, cuando no nos reafirma, es incómoda y para muchos indeseada. No tenemos que irnos a algo tan complejo como el terrorismo, la historia o la muerte. Podemos encontrar ejemplos de esto en nuestro día a día. Cuando nos cortamos el pelo y no nos gusta el resultado final, haremos más caso a una persona que nos confirma nuestro pensamiento que a diez que aseguran que nos queda bien. Y si nos ocurre con algo tan banal como un corte de pelo, el efecto con nuestras creencias y opiniones más afianzadas se multiplica por diez o por cien. Da mucho que pensar… 

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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