Patria | Foto: David Herranz
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Se me hace un mundo empezar a escribir cualquier texto sobre cualquier capítulo de ‘Patria‘, pero me sucede que siempre que empiezo después no puedo parar. Supongo que se debe un poco a la propia estructura de la ficción, que salta entre escenas y tiempos movida por hilos temáticos o emocionales de los que me cuesta también empezar a tirar. Porque esta serie es un todo, y cuesta despiezar ese todo cuando todo tiene la misma relevancia, el mismo significado, el mismo resultado. En este sexto episodio he visto todo esto: soledad, cobardía, valentía, hipocresía, presión, alienación. Y estos escenarios de existencia se retroalimentan, se justifican, se condicionan. ¿Por dónde empezar? Creo que, en este caso, y después de pensarlo mucho, por la soledad.

Porque no sé si hay en nuestra televisión unos personajes que se sientan más solos que los personajes de ‘Patria’. Sale decir que sobre todo en lo que respecta a la familia del Txato (José Ramón Soroiz), porque siempre nos sentiremos más cerca de las víctimas, pero lo cierto es que hay soledad en todas partes. Me quedo con ellos, porque siempre hay que empezar por ellos. Por Bittori (Elena Irureta), que pone distancia tanto con Xabier (Iñigo Aranbarri) como con Nerea (Susana Abaitua). Especialmente con esta última, por todos los sentimientos adicionales que hay entre ellas. Bittori siente que hay cosas que tiene que hacer por ella misma, y no cuenta con sus hijos. Pero es que también siente que hay cosas que sus hijos no entienden, y que no están haciendo bien, y eso la aísla de ellos.

Algo muy diferente sucede con Xabier, que dentro de su necesidad de estar constantemente al lado de su madre, hay una soledad auto-impuesta de no compartir su pena, su tristeza, su rabia, con nadie, mucho menos con ella. Xabier quiere vivir triste y solo, porque considera que así debe ser después de la tragedia. Nerea quiere tener una vida después de la tragedia, y este deseo choca con la ausencia de deseos por parte de su madre y de su hermano, lo que le aleja de ambos. Se siente incomprendida, se siente víctima de una injusticia por parte de su propia familia, que parece exigirla infelicidad tras la tragedia.

A veces nos parece que están enfadados los unos con los otros por el modo de vida escogido; impuesto, pero a partir de la tragedia escogido. Yo creo que se sienten tristes, que no saben bien como vivir y que no saben cómo gestionar la tristeza del otro, y optan por la soledad como escudo y como escenario cómodo. Por eso en este capítulo tenemos varias escenas en las que todos se quedan con una palabra ardiendo en la garganta, porque quieren decir algo, porque se quieren y en el fondo comprenden por lo que está pasando el otro, pero no saben qué decir porque todo es insuficiente y porque al mismo tiempo no quieren decir nada, porque están dolidos por sentirse tan solos. Supongo que a veces en la realidad de una víctima, con un dolor tan grande, no cabe otra cosa que la soledad. Nadie va a entenderlos.

Eso mismo dice Miren (Ane Gabarain) en este episodio, a Joxian (Mikel Laskurain): qué sabe él del dolor de una madre, nada. Qué sabe ella del dolor de un padre, le contesta Joxian. Nada tampoco. Porque el dolor es personal, y cuando el dolor es muy grande terminamos por convertirnos en personas solitarias para así no tener que sufrir además la incomprensión del otro. En el caso de estos dos, los padres de Joxe Mari (Jon Olivares), esta conversación tan recurrente vuelve a darse porque Miren ha cambiado de opinión: quiere que la policía encuentre a Joxe Mari, y así evitar un desenlace peor. Es el mismo amor de madre que la caracteriza desde siempre, pero encontrando nuevos escenarios a los que temer.


Foto: David Herranz

Jokin (Lander Otaola) ha sido encontrado muerto, ese es el nuevo escenario que teme Miren, que al sentirlo cerca lo ve por primera vez como una posibilidad real. Ya no importa la lucha por el pueblo vasco: importa más que su hijo esté a salvo. Porque a Miren le importa su hijo y nada más. Arantxa (Loreto Mauleón), tan inteligente como siempre, lo ve con claridad: su madre defiende a Joxe Mari, nada más que eso, y para ello se ha aprendido todas las pancartas de memoria, porque es la manera que ha encontrado de defenderlo y protegerlo en la distancia. Gorka (Eneko Sagardoy), en esta conversación, apunta también hacia su padre, que calla y nada más.

Lo cierto es que en este sexto episodio de ‘Patria’ Joxian también toma una decisión y llora, no solo calla. Acompaña a Bittori a la tumba del Txato, y allí se derrumba, aunque sin palabras. Lo hace mentalmente, como esos saludos mentales que reservaba para su mejor amigo, con el que parece que callará hasta el final. Lo retiró la palabra en su día, por miedo, y ahora no las encuentra, pero al menos se permite llorar por él. En soledad.


Foto: David Herranz

Hay dos escenarios contrapuestos en este episodio de ‘Patria’ que sacuden con fuerza. En primer lugar: la diferencia entre un entierro a una víctima de ETA y un entierro a un miembro de ETA. A Jokin lo despiden en su pueblo entre cánticos y gritos, al Txato lo despidieron en silencio, casi escondidos, con lamentos mentales algunos. Y es Josetxo (Santi Ugalde), el propio padre de Jokin, el que encuentra las palabras por muchos: país de mentirosos y cobardes.

En segundo lugar: cómo Miren exige a Joxian que visite a su amigo, Josetxo, que en realidad no es su amigo, para ofrecerle apoyo y consuelo. Recordamos bien cómo Miren obligó a Joxian a alejarse de su verdadero amigo, el Txato, cuando necesitaba apoyo y consuelo. No hay otra verdad en Miren que el amor por su hijo.

Curiosamente, la que puede ser la escena más significativa de este episodio de ‘Patria’ llega tras esta exigencia de Miren. Joxian acude a ver a Josetxo, para levantarle el ánimo pero sin saber qué decir, porque ya sabemos que Joxian es de pocas palabras. No hace falta que diga nada, en cualquier caso, porque es Josetxo el que habla y el que señala a ese país de mentirosos y callados, que se aprovechan del suicidio de su hijo, Jokin, para apuntarse un tanto. Ni unos ni otros dicen más verdad que la suya, y es cuando pierde a su hijo cuando comprende lo que es esa lucha: pérdidas humanas. Sin más. Jokin se mató a sí mismo. Sin más.


Foto: David Herranz

Más soledad, en todos ellos. En todos los personajes de ‘Patria’. Josetxo se sentirá solo el resto de su vida, porque no hay nadie con quien pueda hablar de ello, porque no puede hablar de ello. Porque hay que callar, salvo cuando te ordenan gritar. Joxian nunca dejará de sentirse solo, porque tampoco puede hablar con nadie. Miren y el amor por Joxe Mari, y nada más, nadie lo entiende.

Joxe Mari también está solo, y sus compañeros de lucha, porque viven en la más absoluta clandestinidad, en la que ni siquiera pueden ponerse enfermos. Claro que no nos importa tanto, porque siguen asesinando a personas; en este capítulo, a un padre que acaba de despedirse de su hija. Vemos en su mirada y en la de su compañero que no les gustaría llevarse a esa niña por delante, pero no vemos qué hubiera sucedido si se hubiera dado la situación. Miren lo tiene claro, a pesar de todo: su hijo no es un asesino. Miren vive de su amor, y nadie lo entiende, así que está sola.

Y el episodio acaba como a ella le gustaría: con Joxe Maria detenido. El séptimo episodio de ‘Patria’ podrá verse el próximo domingo 1 de noviembre en HBO.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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