Bajo el silencio
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'Bajo el silencio'

Lo Mejor
  • La premisa, el supuesto intento de reflejar la realidad de la sociedad vasca actual
Lo Peor
  • La posición del periodista
  • Constante juicios de valor que impiden que nos lleguen testimonios sinceros
  • Falta la mitad de la imagen, la mitad de la sociedad

En ‘Bajo el silencio’, Iñaki Arteta busca retratar la huella que ha dejado ETA en Euskadi. Y hacerlo desde la mirada de quien no ha visto ni vivido el conflicto en primera persona. El periodista Felipe Larach es el encargado de viajar al norte y de entrevistarse con simpatizantes, antiguos miembros de la banda, habitantes de los pueblos más golpeados y víctimas. Aunque estas últimas son, sorprendentemente, las menos. Con este acercamiento que, en teoría, parte del desconocimiento, se pretende construir una imagen completa de la situación actual en la sociedad vasca. Pero se falla estrepitosamente en el intento.

La premisa de la que, de nuevo en teoría, parte es más que acertada. De hecho, busca una visión que no estamos acostumbrados a ver. ¿Cómo convive ahora mismo la sociedad de Euskadi? ¿Qué huellas quedan de la banda entre sus gentes y en sus calles? ¿Qué relaciones hay entre los vecinos, cómo se trata el tema si es que se trata? ¿Sigue estando presente la sombra de ETA o ha sido desterrada al olvido? Estas preguntas, que sí trata de contestar el documental, están bien planteadas de inicio. Pero están muy mal ejecutadas por un Felipe Larach que no mantiene esa posición de periodista que llega a Euskadi para contrastar e informarse desde el desconocimiento. Por el contrario, casi desde el inicio, nos topamos con sus juicios de valor, que no hacen otra cosa que sacar a los entrevistados y, por tanto, trabajar en contra del propio documental.

Tal y como se enseña en las universidades, y como más tarde aprendemos los periodistas a base de experiencia, lo ideal en una entrevista es que entrevistado y entrevistador se encuentren al mismo nivel. Sí, también cuando el entrevistado es un antiguo miembro de una banda terrorista, un colaborador o un simpatizante. Porque en una entrevista se pretende generar la confianza suficiente como para que el entrevistado se abra, sea sincero y cuente la verdad que estamos buscando. Una confianza que solo se puede lograr desde esa posición compartida, y que de ninguna manera surge si las preguntas llegan acompañadas de juicios de valor y sonrisas sarcásticas.

En las entrevistas que componen ‘Bajo el silencio’, no sólo falla la posición superior en la que se coloca Felipe Larach. También lo hacen, en muchas ocasiones, las propias preguntas. En ellas, se aprecia un buen análisis, pero el periodista erra a la hora de realizarlas. Pues las enfoca en todo momento a una respuesta concreta, que viene incluida en la propia pregunta, repleta de juicios de valor. Trata de encaminar al entrevistado a la respuesta exacta que busca, cohibiéndole de nuevo y generando en realidad respuestas ambiguas o directamente inexistentes.

Falla en su concepción


Bajo el silencio

Repito: la premisa, si se hubiera seguido, sería buena. Buscar esa imagen real de la sociedad vasca actual. El problema está en que no se sigue en ningún momento. No apreciamos pluralidad en los diferentes testimonios, que, salvo la mínima presencia de tres víctimas, parecen estar cortados todos por el mismo patrón. No hay diversidad en las voces. Por el contrario, se centran en reflejar la opinión de una parte concreta de la sociedad, a través de entrevistas mal conducidas y repletas, de nuevo, de juicios de valor. Así, la premisa queda sumergida por todo lo demás. Y acaba olvidada.

Pero también creo que se falla en la concepción del propio documental. Aunque la idea del periodista ajeno que viaja al lugar de la noticia para conocerla de primera mano y analizarla con acierto, funciona, el periodista nunca debería ser el protagonista. Sin embargo, en ‘Bajo el silencio’ vemos desde el principio cómo Felipe Larach es el absoluto protagonista del documental. Con constantes planos que recogen sus reacciones, muchas veces de orgullo absoluto, y situándole casi siempre en el centro de la imagen. Tal es su protagonismo que, por momentos, cuesta centrarse en los testimonios que nos están llegando. No sólo cuando entrevista desde el juicio previo y desde una posición hostil, también cuando habla con las víctimas. Y esto también trabaja en contra del documental.

Termino el visionado con la sensación de no haber aprendido nada y de haber visto tan solo una parte de la imagen total que se me prometía. También con la seguridad de que más allá de mostrar una realidad, han tratado de sesgarla y entregarnos un mensaje muy concreto. No hay una reflexión, no está presente ese supuesto análisis. Lo que encuentro en ‘Bajo el silencio’ es una serie de testimonios, a veces forzados, que buscan reforzar la idea preconcebida de la que en realidad parte todo. Y que no reflejan la realidad de una sociedad que no puede quedar reducida al odio que se recoge en el documental.

‘Bajo el silencio’ se estrena en Cines Embajadores este viernes 13 de noviembre.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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2 Comments

  1. Efectivamente. El periodista les pone un micrófono y una cámara para que los que hicieron del terror su modus vivendi puedan explicar por qué lo hicieron. Pues muy mal, porque lo suyo hubiese sido acercarse a Matthausen con amor y comprensión y con la voluntad de entender las ignotas y seguro que encomiables razones que llevaron a los perpetradores de la Shoah a ejecutarla.

  2. El documental me pareció vergonzoso. El narcisismo y parcialidad de quien lo conduce, de un ofensivo antiperiodismo difícil de soportar. Muy grave si tenemos en cuenta lo delicado del tema que se trae entre manos.

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