¡Qué complicado es hacer una buena serie! Y más aún basar tu trama principal en la pareja protagonista. Bueno, basar siempre es fácil. Ahora, que funcione, ya es otra cosa. Y durante años hemos visto que no siempre es sencillo. Que pocas veces se acierta. ‘Castle’ dio en el clavo.

Stana Katic y Nathan Fillion convirtieron un proyecto, que podría haber pasado desapercibido, en una historia de las eternas. De esas que pasen los años que pasen, siempre permanecerán en el recuerdo. Esas series que puedes ver una y mil veces y encontrar, siempre, nuevas aristas. Nuevos indicios. Miradas furtivas que antes no habías percibido o detalles que habías obviado sin quererlo. De esas historias que duelen, aunque vayas por la décima vez que ves la misma escena. De las que te arrebatan el aliento aun sabiendo lo que va a ocurrir posteriormente.

‘Castle’ traía una historia que ya veníamos conociendo con ‘Bones’. Pero no tuvo nada que ver. Porque la química de sus protagonistas traspasó todos los límites. He de reconocer que cuando vi un solo capítulo de la serie, sin ser el primero de la primera temporada, quise seguir viendo lo que ocurría por ellos. Por lo que transmitían juntos. Esa fuerza, ese amor y esa lucha interna. Por hablar tanto con las miradas que quemaba. Por querer por los ojos. Sin pronunciar una sola palabra. Y por la lealtad de él hacia ella. Esa lealtad que muy pocas veces se ve en otras historias. Ese estar aun sabiendo que estás perdiendo la batalla.

‘Castle’ supo caminar atada a la física y a la química que desprendía la interacción entre ambos protagonistas. Supo mantener la tensión hasta el momento indicado y consiguió recrearla de forma inmejorable. Sin desvalorar el resto de personajes que sumaban a la trama los condimentos necesarios para que todo fluyese como un reloj.



Kate Beckett fue la lucha constante

Nunca un personaje estuvo mejor construido. Con sus luces y sus sombras. Con sus errores y sus aciertos. Kate apareció ante nosotros como una persona fiel a su faceta profesional, sin espacio para nada más. Y con un peso enorme a sus espaldas. Con una deuda pendiente que no le dejaba respirar lo suficiente. Alguien con una base ética muy marcada.

De pronto, su vida, da un giro de 180º. Cuando Richard Castle aparece. Le remueve cada uno de los cimientos y empieza a cuestionarse todo. Hasta lo que creía inalterable. Y aquello que parecía improbable se convierte en probable.

Kate Beckett luchó en cada capítulo para encontrar la serenidad que le permitiese volver a sonreír en libertad.



Richard Castle fue la lealtad

Nunca un personaje fue más leal que Richard Castle con Kate Beckett. Desde ese primer encuentro, hasta el último instante en pantalla. Permaneció inalterable a su lado. A pesar de los muchos golpes incluidos. Pero comprendió mejor que nadie quién era Kate, que era incapaz de dar y que el tiempo era el mejor aliado.

Muchas veces fue el oxígeno y el ánimo. Las decisiones precipitadas y el sin sentido. Pero sin perder de vista que lo único fundamental era ella. Su compromiso silencioso hacia ella.

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